Y aquí estamos de nuevo, cuatro años después
Cuando el clima mundialista parecía ausente, bastó un partido del campeón para demostrar que la pasión estaba esperando el momento indicado para volver.

Cuando el clima mundialista parecía ausente, bastó un partido del campeón para demostrar que la pasión estaba esperando el momento indicado para volver.
Y aquí estamos de nuevo, cuatro años después. Parecía que no había clima mundialista, que la Copa pasaba sin pena ni gloria, sin la algarabía de otras ediciones. Pero en la noche del martes, en Kansas, volvió a sonar el himno argentino ante miles de almas, 25 jugadores y un extraterrestre, y ese clima incomparable que muchos creíamos ausente, resurgió.
El anterior no parece tan lejano. Todavía se siente como si hubiese sido ayer cuando fuimos todos Montiel, y anoche fuimos todos Leo. Tres veces Leo. Pasaron cuatro años —tres y medio en realidad, pero no estamos para tecnicismos— y siempre, durante la cita máxima, aparece el mismo ejercicio: recordar dónde estábamos y cómo vivimos el Mundial anterior, mirar el presente y descubrir cómo estamos y cómo lo vivimos ahora, y soñar cómo nos gustaría vivir el próximo.
Hay quienes dicen que el Mundial detiene el tiempo. Otros sostienen que la vida es "eso" que pasa entre un Mundial y otro. Puede sonar exagerado, pero alcanza con mirar atrás para entender que en cuatro años, la vida puede cambiar mucho.
Para algunos será, simplemente, "el de después de Qatar". Para los más chicos será el primero, ese que más adelante recordarán como "el mejor de todos" por culpa de la nostalgia. Para otros será el primero en el lugar que siempre soñaron, el primero lejos de sus viejos, o el último antes de ser padres, de estar casados, o de convertirse en abuelos. Puede ser, para algunos, el último Mundial antes de recibirse, el primero con estabilidad, independizados, o el que te agarra en una etapa de transición.
En definitiva, el Mundial es un momento que aparece cada cuatro años, y por eso, hay que vivirlo como se debe. Desde Cabo Verde y Curazao hasta Alemania, Brasil o Argentina, cada uno jugando su propia Copa, con sus propias ilusiones y objetivos, pero siendo parte de una fiesta única. La última de Leo, de Cristiano, Modric o Neymar, pero también la primera de Lamine, Nico Paz, Haaland y otros tantos.
La última de Leo, no debería pasar de largo. Como para otra generación lo fue Estados Unidos 94, la última de Diego, arrebatada, injusta. Una vez más aparece Norteamérica para presenciar el último baile de nuestro 10, otra de las tantas y predestinadas "coincidencias".
Y es como si hubiese sido ayer cuando tuvo que salir contra Colombia, y parecía que lloraba de la bronca por entender que su físico le estaba marcando un límite. Y sin embargo, ni siquiera tenemos la certeza de que sea el final. Qatar también iba a ser el último y aquí estamos de nuevo, cuatro años después. Sea o no, hay que vivirlo como se debe: disfrutando.


