Uruguay al borde del abismo
Lo que ilusionó como una combinación perfecta con Bielsa nunca terminó de sostenerse. Hoy está mirando el precipicio y le queda una chance compleja: ganarle a España para sobrevivir en el Mundial.

Lo que ilusionó como una combinación perfecta con Bielsa nunca terminó de sostenerse. Hoy está mirando el precipicio y le queda una chance compleja: ganarle a España para sobrevivir en el Mundial.
Sería un fracaso importante para Uruguay en general y para Marcelo Bielsa en particular quedarse afuera en la fase de grupos. En una zona que, si bien tenía a España, no parecía tan compleja.
Uruguay viene dando tumbos y no termina de caer del todo, pero nunca pudo sostenerse de manera firme. Y lo más paradójico de todo es que cuando llegó Bielsa había muchas opiniones -especialmente de uruguayos- que hablaban a priori de una buena combinación. Realmente parecía eso: la historia de Uruguay, sus raíces, su identidad, combinada con lo que le podía aportar Bielsa, con lo que el técnico rosarino ya había aportado en otro tipo de equipos, como la selección de Chile, el Athletic de Bilbao o el Leeds. Esa mentalidad de ir por todo que tal vez Uruguay en ese momento necesitaba recuperar. La Celeste también estaba en plena renovación de jugadores encabezada por Valverde, Bentancur, más un buen momento de De La Cruz, y esos eran los pilares que sostenían la teoría del match perfecto.
Al principio se vio algo de eso, aquella doble fecha de eliminatorias donde jugó con Brasil y Argentina y sacó buenos resultados. Y si bien Bielsa era mirado de reojo por algunos cuando llegó, a partir de esos partidos, de esa primera impresión que mostró un cambio real del equipo, empezó a enamorar a los uruguayos. Sin embargo, no duró mucho y lamentablemente esa construcción incipiente se fue desmoronando. El equipo empezó a perder fútbol y empezaron los problemas, se sumaron chispazos internos, una Copa América compleja en lo previo y cuestionamientos desde adentro y desde afuera porque no llegaban los resultados.
Fue un camino a los tropezones porque nunca hacía pie del todo. Cuando se caía, de pronto se recuperaba y se mantenía, pero nunca terminaban de curarse las heridas. Así llegó al Mundial y, si uno repasa lo que fueron estos últimos tiempos, tampoco es una sorpresa lo que está sucediendo. La Copa del Mundo era un mojón para sanar totalmente, para reivindicarse, o para terminar de caer.
Hasta ahora, la sensación es que está más al borde del precipicio mirando al vacío que a la tierra firme porque esa combinación que podía ser perfecta terminó en nada. Ni Uruguay ha recuperado sus raíces, su identidad histórica, ni se ve un equipo de Bielsa. Al final se quedó en un gris, en un intermedio que no le sirve para nada. En esa media agua, el fútbol le pega cachetazos y no le da un segundo de respiro.
Le queda una ficha más, sólo una para sacar lo mejor de un equipo de Bielsa o lo mejor de la historia del fútbol uruguayo: ganarle a España y pasar a la próxima fase. Pero la realidad es que en este momento camina al borde del abismo.


