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Una periodista se infiltró en el metro de Londres y reveló situaciones de acoso: "Escalofriante"

Durante dos meses, recorrió siete líneas del subte londinense con cámara oculta y registró acoso, amenazas y agresiones a mujeres.

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Una periodista se infiltró en el metro de Londres y reveló situaciones de acoso: "Escalofriante"
Una periodista se infiltró en el metro de Londres y reveló situaciones de acoso: "Escalofriante"

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Durante dos meses, recorrió siete líneas del subte londinense con cámara oculta y registró acoso, amenazas y agresiones a mujeres.

Una periodista se infiltró en el metro de Londres y reveló situaciones de acoso.

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Unaperiodista del Reino Unido realizó una investigación encubierta en el metro de Londres durante dos meses con el objetivo de registrar el acoso sexual que padecen las mujeres en el sistema de transporte público. Sin embargo, los resultados superaron sus expectativas.

En solo cuatro recorridos, tanto diurnos como nocturnos, fue víctima de aproximadamente ocho episodios de acoso verbal y sufrió además una agresión física en una ocasión. La reportera Mimi Yates, del Daily Mail, se desplazó en distintos horarios por siete líneas del metro de Londres —Victoria, Piccadilly, District, Circle, Central, Jubilee y el DLR (Docklands Light Railway)— utilizando una cámara oculta y micrófonos para registrar la investigación. Durante todo el trabajo fue acompañada por un productor que la seguía a cierta distancia como medida de resguardo y seguridad.

La investigación se enmarcó dentro de la serie Underground UK del medio. Para llevarla a cabo, Yates utilizó vestimenta amplia —una camisa de cuadros abrochada, pantalones holgados y una campera de jean— con el objetivo de disimular los cables del sistema de grabación oculto. "No me estaba ofreciendo como cebo", dejó asentado en su artículo publicado en el Daily Mail.

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La primera salida de la investigación se inició el 25 de abril a la 1:30 de la madrugada en la estación de Holborn. Apenas quince minutos después, en un tren de la línea District con rumbo este, un grupo de hombres jóvenes comenzó a observarla de manera insistente.

Cuando la periodista descendió en Dagenham East, esos mismos individuos también bajaron. Luego caminaron delante de ella a paso lento, volteándose varias veces como si verificaran que aún los seguía. Finalmente, se alejaron cuando Yates se dio la vuelta y regresó al andén.

Unas horas más tarde, mientras viajaba por la línea Piccadilly, un hombre de edad intermedia la siguió durante aproximadamente 40 minutos, manteniendo la mirada fija en ella todo el tiempo. Cuando el vagón quedó casi desocupado, se levantó del asiento que tenía enfrente y se ubicó a su lado.

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Ante esa situación, Yates descendió antes de llegar a su estación prevista, pero el individuo volvió a seguirla al tomar el siguiente tren de la línea Jubilee con destino a Stratford, donde intentó nuevamente iniciar conversación. Finalmente, la periodista logró perderlo entre los andenes y las escaleras mecánicas de la estación de North Greenwich.

A los 30 minutos, ya en el andén de Green Park, otro hombre la llamó desde el banco donde aguardaba la llegada del tren. Iba bien vestido, con gafas modernas y una chaqueta tipo Barbour, y le dijo: "La belleza necesita asiento. Ven, siéntate". Yates decidió sentarse, pero dejando dos lugares de distancia.

El hombre comentó que tenía una hija de edad similar a la de ella. Luego comenzó a preguntarle dónde vivía, y ante su silencio pasó a un tono intimidante: "Voy a encontrar el pub o el restaurante de al lado de tu casa. Voy a ir a buscarte y te voy a encontrar".

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Insistió reiteradamente en que le diera su número de teléfono. Yates le respondió que no unas 20 veces, según contó ella misma. Cuando llegó el tren, el hombre la siguió y subió al mismo vagón. Eran cerca de las 3 de la madrugada y el coche iba lleno, pero eso no lo detuvo.

"Tienes que darme tu número, tienes que hacerlo. Te lo estoy pidiendo. Tienes que quedar conmigo", le insistió, según publicó el Daily Mail. Acto seguido, extendió el brazo y le tocó levemente el muslo. Una pareja que presenció la escena no intervino en ningún momento.

Ya en su casa, alrededor de las 5 de la madrugada, Yates registró su reacción en el celular. "Mi corazón todavía late muy rápido. Simplemente no esperaba que fuera tan malo", expresó. Antes de levantarse para alejarse del hombre de las gafas, ya había otro grupo de varones alrededor suyo. Uno de ellos, de contextura grande, se acercó tanto que ella llegó a percibir el olor del pub del que venía, mientras le repetía su pedido de número hasta en nueve ocasiones. "¿De qué tenés miedo?", le preguntó.

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En un instante, el hombre señaló a una joven que dormía recostada e inconsciente contra la pared del vagón. "Mírate a ella", le dijo. Yates pensó en qué podría sucederle a esa chica si no hubiera nadie cerca.

"Con cada incidente sentí que la carga recaía sobre mí: mantenerme tranquila, ser lo bastante educada para no escalar la situación, lo bastante firme para no alentarla y lo bastante alerta para saber si necesitaba ayuda", escribió Yates en el Daily Mail.

El informe periodístico se publica en un escenario que la Asamblea de Londres describió en marzo de este año como "niveles inaceptables" de violencia contra mujeres y niñas dentro del transporte público de la capital.

Durante 2025, la red de Transport for London (TfL) registró 4.593 casos de delitos sexuales contra mujeres y niñas, aunque solo el 3% terminó en imputaciones formales o citaciones ante la justicia. Además, en el 58% de los expedientes no se logró identificar a ningún sospechoso, a pesar de la amplia red de cámaras de vigilancia y los datos de validación de viajes disponibles.

Dos hechos recientes permiten observar este mismo patrón de conducta. En mayo, Salman Yousaf, de 46 años, recibió una condena a prisión tras ser hallado culpable de ocho agresiones sexuales y un delito contra el pudor en el servicio Night Tube. Sus víctimas eran mujeres que se habían quedado dormidas en los trenes de las líneas Central y Jubilee, y la policía recién logró relacionarlo con estos ataques cuando ya se encontraba detenido por otra causa.

Por otra parte, en marzo, Craig Anderson, de 38 años, fue sentenciado a prisión luego de haber agredido sexualmente a cuatro mujeres y hostigado a otra dentro de la red ferroviaria. Desde la fiscalía lo describieron como alguien que "no aceptaba un no por respuesta".

El Daily Mail también relata el caso de Esme Rice, de 31 años, quien denunció haber sido víctima de una agresión sexual el 6 de junio en la línea Elizabeth, cuando dos hombres le impidieron la salida y la tocaron de formainapropiada al descender del tren. "No mostraron remordimiento", declaró Rice al medio. "Estaban satisfechos consigo mismos por haberme agredido sexualmente".

Al arribar a la estación de Stratford, la mujer se acercó a un trabajador del lugar para pedir ayuda. En ese momento no había presencia policial en el sitio. Le recomendaron enviar un mensaje al British Transport Police (BTP) al número 61016. La respuesta llegó recién 13 horas después. "Me quedé despierta horas esperando esa llamada. Me acaban de agredir sexualmente. ¿Cómo es posible que no me respondan?", expresó al Daily Mail.

No era la primera ocasión en que Rice atravesaba una situación de este tipo. En 2024, un hombre se masturbó sobre ella en la línea Jubilee durante la hora pico. La mujer reaccionó gritando dentro del vagón, aunque ningún pasajero intervino para asistirla.

La investigación terminó cerrándose dos semanas más tarde por no haberse logrado una identificación concluyente, a pesar de que la policía disponía de grabaciones de cámaras de seguridad y de fotografías que la propia víctima había conseguido tomar del agresor.

Desde aquel episodio, Rice intenta evitar el metro siempre que le es posible y, cuando lo utiliza, observa con atención los rostros de los demás pasajeros durante el trayecto. "Las mujeres hemos sido sistemáticamente abandonadas... siento que no tengo voz ante las autoridades", expresó.

La investigación del Daily Mail también apunta a las debilidades del sistema de videovigilancia. Al momento en que Yates reportó la agresión física que había sufrido, un agente le explicó que el circuito cerrado de esa línea "en realidad no tiene cámaras en los vagones".

Una investigación reciente de la BBC reveló que, en más de 250 de 560 casos en los que la policía pidió acceder a grabaciones, no fue posible obtenerlas porque las imágenes no existían, presentaban fallas técnicas, resultaban inutilizables o ya habían sido sobrescritas.

Actualmente, no hay una obligación legal que exija que los trenes de pasajeros dispongan de cámaras en funcionamiento, lo que implica que posibles pruebas pueden perderse antes de que las autoridades lleguen a solicitarlas.

Por su parte, Transport for London (TfL) admite que tres líneas clave no cuentan con cámaras dentro de los vagones, ya que se trata de formaciones antiguas que no pueden incorporar los sistemas necesarios para una eventual utilización en procesos judiciales.

Susan Leadbetter, especialista en diseño de sistemas de transporte de la consultora de ingeniería WSP, dedica desde hace años su trabajo a investigar cómo lograr entornos de transporte público más seguros para las mujeres.

En declaraciones al Daily Mail, señaló que el 20% de las mujeres que padecieron algún tipo de agresión o acoso en el transporte afirmó que no volvería a denunciar estos hechos debido a la manera en que fueron tratadas sus denuncias. "Las mujeres me contaban cómo las habían manoseado, eyaculado encima en el metro, seguido hasta casa, mirado fijamente. Era desgarrador", aseguró.

Leadbetter advierte que la propia arquitectura del metro de Londres incrementa la percepción de vulnerabilidad: vagones y estaciones cerradas, escasa presencia de personal y una señal de comunicación deficiente en varias líneas.

"Si algo ocurre, hay cierta incertidumbre sobre cómo denunciarlo", explicó. Además, alertó sobre un patrón recurrente: "Estos incidentes comienzan en un nivel bajo y evolucionan hacia casos más graves porque los agresores se salen con la suya en esas instancias menores de acoso y violencia".

Camille Brown, una joven londinense de 22 años recién graduada, ha promovido una iniciativa para implementar vagones exclusivos para mujeres en el metro. Su propuesta cuenta con el aval de una encuesta de YouGov realizada el año pasado, que reflejó un amplio respaldo de la población a este tipo de medidas.

La idea, basada en sistemas ya existentes en ciudades como Tokio, Mumbai y Ciudad de México, plantea la incorporación de un vagón específico ubicado en el extremo del tren más próximo a la cabina del conductor. "Recuerdo a chicas que llegaban al colegio llorando por incidentes en el metro. Ocurría desde los 11 o 12 años", relató Brown al Daily Mail.

Por su parte, Leadbetter sostiene que deben priorizarse medidas de aplicación inmediata, como mayor presencia de personal, cámaras en funcionamiento, señal de comunicación estable y mejor iluminación en las estaciones. Como ejemplo, mencionó la línea Elizabeth: "Los andenes son muy anchos, la iluminación es muy buena y no te sientes apretada ni constreñida".

El 9 de junio, el British Transport Police (BTP) logró la primera condena en Inglaterra y Gales bajo la nueva normativa sobre acoso por motivos de sexo en el ámbito del transporte ferroviario.

David Stroud, de 44 años, admitió su culpabilidad tras haber sujetado del cabello a una joven e intentar besarla dentro de un tren de cercanías, minimizando luego el hecho al calificarlo como "una broma". La justicia lo sentenció a una orden comunitaria de 12 meses y a realizar 150 horas de trabajo no remunerado.

Para Rice, la situación no alcanza a ser suficiente. Cuando Yates le contó en detalle lo que había atravesado durante su investigación y le consultó si aquello podía considerarse acoso sexual, Rice fue contundente en su respuesta: "He tenido gente que me dice 'solo te agarró el trasero, no es una violación'. No importa, Mimi. El contacto no deseado, las interacciones no deseadas... un no es un no. Así de simple".

Un vocero de Transport for London (TfL) afirmó al Daily Mail que los comportamientos registrados por Yates son "indignantes y totalmente inaceptables", y aseguró que trabajan en conjunto con la policía para convertir la red en "un lugar hostil para los agresores".

Por otro lado, el British Transport Police (BTP) informó que la línea 61016 recibe más de 250.000 mensajes al año, y destacó que la confianza de los pasajeros para denunciar delitos subreportados, como los de índole sexual, "sigue en aumento".

Tras la agresión denunciada por Yates, las autoridades informaron que el 29 de junio se tomó conocimiento de una denuncia por abuso sexual ocurrida dos meses antes, durante la madrugada del 26 de abril. Según el comunicado, el caso fue gestionado por un agente de policía en Londres, quien se comunicó telefónicamente con la víctima en un plazo inferior a los 90 minutos.

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