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Un River que perdió el alma

Los hinchas apuntaron a la Comisión Directiva y pidieron el regreso de Ramón Díaz, distanciado con la dirigencia, en la crisis más grave que el oficialismo sufre desde que asumió en 2013.

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Un River que perdió el alma
Un River que perdió el alma

Los hinchas apuntaron a la Comisión Directiva y pidieron el regreso de Ramón Díaz, distanciado con la dirigencia, en la crisis más grave que el oficialismo sufre desde que asumió en 2013.

En algún momento, no queda claro cuándo ni cómo -tal vez desde que Marcelo Gallardo se volvió terrenal en 2022, a lo mejor desde que se pelearon el técnico Martín Demichelis y el ídolo Enzo Pérez en 2023, o posiblemente desde que empezaron los cortocircuitos internos en la dirigencia a mediados de 2024-, River perdió algo que no tiene nombre pero que es lo que define a los clubes. Algunos le dirán alma, otros lo llamarán espíritu y otros lo sintetizarán en identidad, pero este River perdió todo eso, llame como se llame.

Sigue siendo, pese a todo, un club sólido en su economía, ejemplar en una Argentina en eterna crisis y siempre con obras para estrenar, pero por dentro algo parece haberse roto. Sin fútbol no hay paraíso. Tampoco lo hay sin liderazgos claros en las áreas madre. Es un River que corre peligro de astillarse.

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Nada lo define mejor que la segregación de su plantel, dividido entre los supervivientes y los del container. Nadie exige o vislumbra a los jugadores desplazados como titulares o posibles salvadores pero la decisión del presidente, Stéfano Di Carlo, generó un problema interno que se agrava cada vez más, alimentado por las cataratas de derrotas de un equipo que juega como si ya hubiera perdido antes de salir a la cancha. Si Boca tuvo su cabaret o su YPF, River pasó a tener su container, una palabra que hiere a un club que siempre hizo de su imagen un culto.

Los insultos a la Comisión Directiva y los hinchas arremolinados alrededor del hall hablan del agotamiento, la agonía o el hartazgo de un modelo en el que la atención dirigencial se desvió en tantos focos que el fútbol dejó de ser lo sagrado, lo más importante, el comienzo y el final de las decisiones cruciales y acertadas. Ejemplos hay varios, como la ambigüedad del estadio más grande de América Latina con un campo de juego muy poco presentable.

El césped ya había estado dañado en el semestre pasado por la sucesión de recitales pero volvió a ocurrir contra Barracas Central tras el reciente receso, aunque esta vez vaya a saberse por qué: el club informa y comunica menos de lo deseado por sus socios, como también ocurrió con la nunca explicada incorporación de Pablo Longoria. El silencio se repitió anoche con el mutismo impuesto a los jugadores y el técnico luego del partido.

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De aquel "River vuelve a ser River" que proclamaba con orgullo Rodolfo D'Onofrio en 2014, un lema que definía el regreso a un club que con Gallardo al frente generaba un pellizco de emoción e identidad con su gente en cada partido, ya queda cada vez menos. El oficialismo -del que también formó parte Jorge Brito- afronta su crisis más profunda desde que asumió a finales de 2013.

Se habló mucho del post Gallardismo pero poco del post D'onofrismo. Los gritos en el hall para el pedido del regreso de Ramón Díaz, que dejó el club en 2014 distanciado con esta dirigencia, grafican una herida para un ciclo dorado en sus primeros seis años y mustio futbolísticamente en los últimos seis, solo al amparo de las obras institucionales y de la eterna presencia de la hinchada más convocante del mundo.

Los resultados exponen una crisis que excede lo deportivo: último sin puntos ni goles, River perdió su quinto partido consecutivo ante equipos argentinos por primera vez en el profesionalismo. A su vez, no sumaba tres derrotas en el inicio de un torneo desde el Clausura 94, aunque nunca lo había hecho sin convertir ni un gol. No revierte una derrota parcial desde noviembre de 2024.

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Fue sintomático que los hinchas no hayan apuntado en los cantos contra el técnico, Eduardo Coudet. Aún habiendo cometido infinidad de errores que seguramente le costarán el puesto, el Chacho parece un personaje secundario en esta historia. Coudet lleva 22 partidos y, víctima del desfile de técnicos y jugadores en el que se está convirtiendo River, nadie puede aventurar cuántos más le quedan.

Salvo una súbita recuperación, Coudet corre el riesgo de convertirse en el entrenador del ciclo más corto de las últimas décadas de River si no supera los 26 de Leonardo Astrada en su segundo ciclo, en 2010, y de José Manuel Pistola Vázquez, en 1982 -a 27 llegaron Carlos Babington en 1995 y Juan José López en 2011-. El técnico que dirigió menos encuentros en los últimos 50 años fue Vladislao Cap, que falleció víctima de un cáncer de pulmón tras haber dirigido su décimo encuentro, también en 1982.

Coudet perdió autoridad tras la decisión de Di Carlo de enviar a 15 jugadores al predio Cantilo: ¿con qué legitimidad se tomarán los jugadores a un técnico que dejó de ser el principal responsable futbolístico del club? Más preguntas: ¿Qué tipo de autocrítica tiene, si es que la tiene, Enzo Francescoli, de quien ya es difícil recordar un acierto futbolístico en los últimos años? Por cierto, ¿alguna vez quedará en claro el rol de Leonardo Ponzio?

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Hoy en River, que parece haber tomado decisiones algorítmicas a partir de las reacciones de los enojos de los hinchas en las redes sociales, empiezan a entrar todas las críticas: Pity Martínez habla tras convertir un gol en Tigre y Gallardo y Juanfer Quintero suben una foto feliz a Instagram a contramano de la tristeza que corroe a los hinchas. Son nombres pesados: los tres mayores héroes de Madrid.

En las malas todo sale peor, se lesionan los refuerzos de jerarquía como Ángel Correa y River pierde aunque no lo merezca, como ante Central, partido en el que al menos se vio una tibia mejoría: el arquero rival atajó un par de pelotas a diferencia de lo que había ocurrido ante Aldosivi, Barracas y Gimnasia.

Sin embargo, tras una pretemporada con 15 jugadores de campo, el plantel no termina de rearmarse, por más que se suman nombres como Tobías Andrada y en el horizonte se menciona a Thiago Almada. Contra Central, River tuvo cuatro suplentes menos, otro ejemplo de un equipo que pierde antes de salir a la cancha.

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