Un River a todo o nada
El equipo de Ponzio sumó su tercer triunfo seguido y empezó a ganar terreno en el Clausura y la tabla anual con una doble cara: en ofensiva recuperó las semillas históricas del adn del club mientras en defensa continúa sin ser fiable.

El equipo de Ponzio sumó su tercer triunfo seguido y empezó a ganar terreno en el Clausura y la tabla anual con una doble cara: en ofensiva recuperó las semillas históricas del adn del club mientras en defensa continúa sin ser fiable.
Como si tuviera dos caras, el River de Leonardo Ponzio le devolvió a la hinchada en las tres fechas que lleva su interinato una versión lujosa y ofensiva como hacía tiempo no se veía en Núñez, aunque a la vez continúa siendo un equipo muy poco fiable cuando lo atacan.
En esa dualidad, River afrontará lo que resta del año -un 2026 hasta ahora con evidente balance negativo- a todo o nada, a matar con su ataque voraz o a morir con su defensa sin firmeza, aunque con una ventaja notable respecto del ciclo de Eduardo Coudet. Ponzio y su sentido común le devolvieron tres factores clave a River: la esperanza, el juego y, por ahora, los resultados.
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A los 10 excelentes minutos que había mostrado en el segundo tiempo contra Independiente Rivadavia, River le sumó en Tucumán un primer tiempo que incluso mejoró aquel avance. Aun con el contexto favorable tras la expulsión temprana de Franco Nicola, el equipo de Ponzio jugó con la ambición y la jerarquía de los equipos que respetan el adn del club. Thiago Almada, Ángel Correa y Tobías Andrada tienen todo para honrar la camiseta: necesitan tiempo y títulos.
Incluso en ventaja, River siguió buscando el gol y generando juego. Para encontrar versiones similares hay que retroceder mucho tiempo, hasta el primer semestre de 2023, en los meses iniciales de Martín Demichelis. Ponzio ya parece haber encontrado lo más difícil, el equipo titular, eso que nunca tuvieron Coudet ni Marcelo Gallardo en su segundo ciclo: salvo lesión, ante Huracán el próximo sábado debería repetir el equipo por cuarta vez consecutiva.
Si el ciclo de Coudet quedará en el recuerdo también por la acumulación de defensores en escenarios insólitos -por ejemplo en Río Cuarto-, River se sintió local en Tucumán y sumó cuatro y hasta cinco jugadores en el área rival durante el primer tiempo. Al equipo de Ponzio, sin embargo, le faltó instinto asesino, querer liquidar el partido. ¿Sobró la situación?
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Un primer tiempo que pudo haber terminado 3-0 se fue con el resultado abierto. Al fútbol se juega con pases, circuito colectivo y desequilibrio individual pero se gana con goles y, a medida que Gonzalo Montiel y Marcos Acuña dejaron de proyectarse y luego salió Andrada, River entró a un terreno peligroso. Como había pasado contra Banfield e Independiente Rivadavia, al rival le bastaron un par de ataques para convertirle. El palo se lo negó primero a Alexis Canelo y de inmediato Clever Ferreira le ganó a la pasividad de la defensa para llegar al 1-1. Cualquier viento cerca del área de River se parece a un huracán.
El empate habría sido un castigo enorme para River, en parte injusto por el gran primer tiempo pero también merecido por no haber cerrado el partido, hasta que entre Juan Cruz Meza, Lucas Beltrán y Almada inventaron el gol más gritado en los últimos meses, un 2-1 que vale por otro triunfo y dos puntos decisivos para la tabla anual, un escenario donde River ya no puede perder más terreno. Demasiada ventaja dio tras su horrible inicio de semestre.
Recién van tres fechas y el fútbol no tiene garantías pero Ponzio parece haber sembrado las semillas de un River que, después de mucho tiempo, dan ganas de mirar. Ya no se trata solo de seguir al equipo por fidelidad, por ser hincha, sino porque hay -o eso parece-garantía de fútbol.


