Un científico tucumano se suma al plan nacional para proteger a una especie en peligro
Ramiro Ovejero Aguilar, investigador del Conicet, integra los talleres que definirán prioridades, amenazas y acciones para conservar esta especie andina amenazada.

Resumen para apurados
Todos tenemos en la billetera, en algún bolsillo o alguna vez recibimos de vuelto el billete violeta de $100 con una taruca. El ciervo andino fue elegido para representar al Noroeste en la serie de animales autóctonos que comenzó a circular en 2018, pero hoy esa especie está en peligro de extinción y todavía sobrevive en zonas de alta montaña, entre ellas sectores de nuestra provincia.
Ahora, uno de los investigadores que trabaja para entender cómo conservarla es tucumano. Ramiro Ovejero Aguilar, científico del Instituto de Biodiversidad Neotropical (IBN), una unidad del Conicet y la UNT, participa de la elaboración del Plan Estratégico Nacional de Conservación de la Taruca, junto con especialistas, organismos públicos y representantes de distintas provincias del Noroeste.
La taruca (Hippocamelus antisensis) es un ciervo adaptado a ambientes montañosos de los Andes. En el país se encuentra principalmente en Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán y La Rioja.
En territorio tucumano, una de sus áreas de presencia es el Parque Nacional Aconquija. En 1996 fue declarada Monumento Natural Nacional, una de las máximas categorías de protección para una especie en Argentina.
Sus poblaciones son pequeñas y están distribuidas en sectores que muchas veces quedan aislados entre sí.
Las presiones que afectan a la especie son la transformación y fragmentación del hábitat, distintas actividades humanas, incendios, caza y la presencia de animales domésticos en las zonas donde vive.
Ese aislamiento puede convertirse en otro problema: si los grupos quedan separados, se reducen sus posibilidades de desplazarse, reproducirse y mantener poblaciones viables a largo plazo.
El proceso para elaborar la estrategia nacional comenzó con talleres en los que participaron especialistas y representantes de las provincias donde habita la taruca.
La discusión no pasa solamente por contar cuántos quedan. También busca responder preguntas más concretas: dónde están las poblaciones, qué amenazas pesan más en cada zona y qué acciones deberían priorizarse para conservarlas.
La participación tucumana también permite incorporar información sobre los ambientes del Aconquija y articularla con lo que ocurre en el resto del NOA.
Ovejero Aguilar lleva más de dos décadas trabajando en ecología de fauna silvestre y grandes mamíferos. Entre sus líneas de investigación aparecen el movimiento animal, la fragmentación del paisaje, el cambio climático y la convivencia entre biodiversidad y actividades humanas.
Ese conocimiento resulta especialmente útil para una especie como la taruca. Para conservarla no alcanza con identificar dónde aparece: también hay que comprender por dónde se desplaza, qué lugares necesita y qué barreras pueden interrumpir esos movimientos.


