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"Trabajamos para ver el sol y la montaña": Carcelino, el vino que transforma vidas en una prisión de Mendoza

El proyecto de reinserción laboral ya produjo sus primeras 2.000 botellas. Los internos aprenden todo el ciclo de la vid antes de recuperar la libertad.

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"Trabajamos para ver el sol y la montaña": Carcelino, el vino que transforma vidas en una prisión de Mendoza
"Trabajamos para ver el sol y la montaña": Carcelino, el vino que transforma vidas en una prisión de Mendoza

En el Complejo Penitenciario Federal Número 6, en Cacheuta, Mendoza, había nueve hectáreas abandonadas. Alguna vez alguien plantó espalderos en ese desierto de piedra, pero el proyecto fracasó. El agua, escasa en esa zona, fue el verdugo. Sin embargo, esas mismas tierras son hoy el escenario de una de las experiencias de reinserción laboral más innovadoras del país: los internos próximos a recuperar la libertad cultivan uvas que luego se transforman en Carcelino, el vino que nació en la prisión.

Sebastián Bonfanti, quien maneja la bodega que lleva su mismo apellido, recibió la propuesta de un jefe de la Penitenciaría Federal que lo escuchaba sorprendido hablar de vino, de viñedos y de la vida durante una visita a la empresa que se encuentra en la industria desde hace más de 110 años, cuando don Roberto Bonfanti llegó desde Italia. "Me dijo: 'Mirá, te invito a la cárcel para que veas esto; queremos hacer un taller de viticultura'", recuerda el ingeniero agrónomo en su visita a Tucumán. Pese a las sensaciones ambivalentes, aceptó el desafío. En 2019 arrancó una prueba: 200 plantas, cursos de poda, riego y cosecha, con la reinserción laboral como único objetivo.

Ese ensayo se convirtió en una rutina transformadora. Los internos del penal que participan deben haber cumplido etapas internas de educación y salud, y son calificados para acceder al viñedo, ubicado fuera del perímetro de máxima seguridad. "El crecimiento fue sorprendente. Fui viendo cómo cambia la conducta en la persona. Se van contagiando entre ellos porque para participar tienen que haber cumplido etapas internas", comenta Bonfanti.

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La bodega aporta los conocimientos técnicos, las plantas y la inversión para sostener el viñedo y elaborar el blend en sus instalaciones de Perdriel; la penitenciaría, por su parte, cede el terreno, garantiza el acceso al agua y organiza la participación de los internos. Los participantes reciben formación durante todo el ciclo de la vid: aprenden a podar, atar, regar, mantener el suelo, cuidar las plantas y cosechar. Así, cuando recuperan la libertad, conocen las tareas esenciales que demanda una finca.

El convenio también establece que el 15% de las botellas producidas se entrega al Ente de Cooperación Técnica y Financiera del Servicio Penitenciario Federal (Encope), que las comercializa bajo su propia marca, a la que llaman Aires de Libertad.

"El vino solo es el comunicador de esto", dice Bonfanti. El impacto real, aclara, va mucho más allá de las botellas. Un interno le dijo algo que nunca olvidó: "Ingeniero, lo único que le agradezco es que cuando salgo a trabajar al viñedo puedo ver el sol y la montaña". Esa frase, recuerda Sebastián, le cambió la perspectiva. "Uno como técnico uno está focalizado en la uva, en el vino, y el mérito está en otro lado. Cuando estoy con ellos hablamos mucho más de psicología que de la planta. Me ayudan a aprender cosas de la vida que uno las tiene normalizadas y ellos las han perdido", reflexiona.

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Hasta llegar a las primeras 2.000 botellas de este 80% de Malbec, un 10% de Cabernet Franc y un 10% de Cabernet Sauvignon, el camino tuvo sus sobresaltos. El más anecdótico ocurrió en plena cosecha, cuando una tropilla de vacas, cerdos y otros animales sueltos irrumpió en el predio carcelario y devoró buena parte de las uvas.

A ese contratiempo se sumó la paciencia que exige la vid. "En Mendoza, recién después de cuatro años, como todo ciclo fenológico, la planta no me da fruta. Hemos sacado el primer 2024 ahora", cuenta el ingeniero.

El proyecto tuvo tanto éxito que ya se replicó en Salta, en el Complejo Federal Número 3, en Güemes, donde plantaron 200 plantas con variedades adaptadas al clima norteño. La próxima escala podría ser Neuquén. "La reinserción laboral es lo más difícil. Desgraciadamente los sueldos no son los mejores. Las bodegas y los viñedos pagan un sueldo muy bajo, entonces es el último clic que nos está faltando para reinsertar al preso completamente", opinó.

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Detrás de este vino lujanino hay una bodega con más de un siglo de historia. El viñedo de Bonfanti viene del bisabuelo de Sebastián, plantado en 1915. "Siempre fuimos productores primarios. Éramos el clásico viñatero que hace uva y la vende a grandes empresas", señala con el inconfundible acento cuyano.

En 2004, con la tercera generación de Roberto y su esposa Estela, y la incorporación de Sebastián y de su hermano Alejandro, contador, decidieron dar el salto y transformar la uva en vino.

"Es una bodega súper boutique y chiquita ubicada a 930 metros sobre el nivel del mar, con un viñedo centenario que es nuestro mayor patrimonio. La planta vieja te crece menos, la fruta es más chica y tenemos menos agua; entonces toda la concentración de color, sabor y aroma es más fácil después expresarla. Salen un vino fantástico", explica y menciona que también producen un aceite de oliva extra virgen.

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En tiempos de profunda crisis para la industria vitivinícola, la empresa encontró en el enoturismo a su mejor aliado. Ubicados a 25 kilómetros de la capital mendocina y casi sobre la Ruta 40, reciben visitas a la bodega y cuentan con un restaurante que abre desde las 9 de la mañana con desayuno hasta las 7, almuerzos de pasos durante el mediodía y tardes con pícnics como gran atractivo.

El enoturismo les permitió fortalecer la marca y conocer nuevos compradores. "Es la herramienta más linda que tenemos las bodegas chicas para llegar directo botella-consumidor. De esta manera vendemos el 70% de nuestra producción", remarca Sebastián, y agrega algunos detalles que son claves para mantenerse entre los más recomendados de Mendoza para visitar: "El servicio tiene que ser impecable. El turista viene a ver quién sos. ¿Y quién es Bonfanti? La empresa familiar, el viñedo viejo, y después todos seres humanos que hacemos un producto que nos dignifica".

"Toda la inversión grande de bodega, que es maquinaria francesa y alemana, la conseguimso a través del enoturismo. Las 130 barricas de roble francés también se generaron gracias a los mismos ingresos. No hemos necesitado grandes financiaciones externas para expandirnos", añade.

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Justamente el Ente Tucumán Turismo invitó a Sebastián para que compartiera su experiencia en un taller en Colalao del Valle para los bodegueros tucumanos. Ana Cristina Nores, referente de la Ruta del Vino, fue clara sobre el propósito: "La idea es compartir la experiencia de una familia productora que logró integrar vitivinicultura, patrimonio familiar, gastronomía y hospitalidad en una propuesta con identidad propia". Y sumó: "Su participación contribuirá a brindar herramientas para que nuestros emprendimientos puedan reconocer, organizar y comunicar sus propios atributos diferenciales, agregando valor a la producción y fortaleciendo la experiencia ofrecida a los visitantes".

Tucumán cuenta hoy con 11 bodegas que ofrecen servicios enoturísticos en el Valle Calchaquí. La mayoría son emprendimientos familiares dedicados a varietales como Malbec, Torrontés, Tannat, Syrah y Criolla Chica. La oferta incluye degustaciones, catas, maridajes y visitas guiadas, además de propuestas de alojamiento y gastronomía. Sin embargo, la mayoría de estas iniciativas está en pleno proceso de expansión y, muchas veces, resulta difícil compatibilizar las tareas del viñedo con la atención a los turistas.

Bonfanti reconoce que el inicio es complicado. El viniturismo empezó en Cuyo hace no más de dos décadas y costó mucho posicionarse. La gente llegaba buscando nieve. En la actualidad, la bodega cuenta con 25 empleados y puede mantenerse de pie en tiempos difíciles. "El enoturismo nos permite que vivamos de esto", concluye el integrante de una tercera generación de una familia dedicada al vino.

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