Tierras coloradas y viñedos centenarios: el pueblo argentino que puede ser el mejor del mundo, según la ONU
Villa Sanagasta es uno de los pueblos escogidos por la Secretaría de Turismo para representar a la Argentina en el Best Tourism Villages.

Resumen para apurados
Entre tierras coloradas, subidas y bajadas del relieve montañoso, fósiles de animales prehistóricos y mercados artesanales se encuentra Villa Sanagasta, uno de los ocho pueblos elegidos por la Secretaría de Turismo para representar a la Argentina en el concurso de Best Tourism Villages de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Este punto de la Costa Riojana concentra la historia geológica y la mezcla con sus tradiciones, su mística popular y sus sabores locales, consolidándose como un destino digno de visitar.
La villa se ubica a 30 kilómetros al noroeste de la capital de La Rioja, muy cerca del Valle de Huaco y de fácil acceso por la Ruta Provincial 75. Las quintas de frutas se extienden a lo largo de la localidad, al igual que huertas y fincas que conviven con las antiguas moliendas y cosechas de los primeros habitantes de la región. Un pueblo con historia guardada entre las montañas de rojo carmín y púrpura, rodeadas de árboles verdes, cielos despejados y mucha tradición.
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La localidad de la Costa Riojana es un lugar de postales impactantes que se reparten a lo largo del Valle. En Sanagasta se encuentra uno de los puntos geológicos más importantes del país y un tesoro para la paleontología. Aquí es posible sumergirse en la historia de los dinosaurios en el Parque homónimo, el cual se presenta como una ventana única en el mundo hacia el distante pasado de estas tierras.
De acuerdo con el portal oficial de turismo Sanagasta, en el año 2001, los investigadores Mario A. Hünicken, R.R. Leguizamón y Adan Tauber, en una expedición a Pampa de la Virgen (norte de Villa Sanagasta), encontraron una serie de nidadas y abundantes cáscaras fosilizadas de huevos de Dinosaurios (del grupo de los titanosauridos). Así se configuró este parque reconocido a nivel nacional y regional por su valor científico. Allí deslumbra el valle rojo, una configuración de altiplano extensa de colores que parece sacada de otros tiempos.
En Sanagasta es también viable adentrarse entre la mística y los relatos de la Cueva de las Brujas, una entrada a los pliegues de las sierras del noroeste argentino donde se pueden escuchar los murmullos de la Salamanca, una cueva de sombras, música prohibida y pactos profanos. El municipio fue afortunado (o no) en contar con uno de estos lugares de misterio y leyenda, donde lo esotérico vibra bajo la roca.
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La Salamanca de Sanagasta guarda un magnetismo propio: la roca, el viento y el eco envuelven al visitante en un relato vivo, único, que mezcla temor y fascinación. Quienes se acercan afirman que en noches de luna llena, el lugar resuena con más fuerza y energía propia. El silencio se vuelve denso, la piel se eriza y cada sombra parece tener voz. Una experiencia que no tiene explicación: se siente.
Entre las calles del pueblo, custodiadas por el murmullo del viento, se erige el templo en honor a la Virgen India, uno de los edificios más antiguos y sagrados de la zona. Este rincón invita a los viajeros a descubrir las curiosidades de una comunidad profundamente conectada con sus raíces y su historia.
Para quienes buscan llevarse un recuerdo tangible de esta tierra, el Mercado Artesanal es una parada obligatoria. Emplazado en una antigua casa colonial donada con fines culturales, este espacio ofrece un viaje directo a los saberes de la provincia: desde tejidos 100% artesanales en algodón, lana y cuero del local Kira, hasta cestería, cerámicas y una enorme variedad de comestibles y conservas que reflejan la calidez del norte argentino.
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La gastronomía sanagasteña merece un capítulo aparte. Los mediodías y las noches huelen a pan casero recién horneado, empanadas riojanas con su jugo característico, locro, humitas y el infaltable cabrito a la llama. Para el postre, la producción local se luce con nueces, aceitunas y dulces artesanales de higo y cuaresmillo. Un clásico para los encuentros es el Rincón del Mate, sobre la avenida principal, que recibe a los visitantes "como a un amigo", ofreciendo tortas fritas y mates a la sombra natural de sus árboles.
La experiencia en Villa Sanagasta se completa con los vinos. Gracias al bus turístico local, los viajeros pueden realizar recorridos guiados por las bodegas y viñedos del valle, un circuito que combina la tradición productiva con paisajes imponentes, ideales para disfrutar cerca del Dique de Los Sauces.
Un emblema de esta historia es Finca Lomas Blancas, donde la tradición y la innovación de cinco generaciones se encuentran desde 1856. Allí se invita a descubrir la bebida nacional en todas sus dimensiones a través de catas, visitas guiadas al Museo del vino y la vid, o relajarse en su spa después de un almuerzo en su restaurante. Unos kilómetros más adelante, en pleno Huaco, Finca Vista Larga invita a caminar entre viñedos, olivares y nogales, abriendo las puertas de su establecimiento y su fábrica de aceite para entender el proceso artesanal que hace únicos a sus productos.
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El pueblo cuenta con hosterías, cabañas, campings y casas de campo, muchas de ellas construidas con materiales tradicionales como adobe y piedra, garantizando una desconexión total.


