Sobrevivió a varias crisis económicas, vio pasar futuros Pumas y se renueva: el Veco Villegas va por su 39ª edición
Tucumán Rugby recibirá del 21 al 23 de noviembre a representantes de siete regiones del país. Con una nueva cancha sintética en construcción, transmisión propia y casi cuatro décadas de historia, el tradicional torneo M-19 ya empieza a mirar hacia su edición número 40.

Resumen para apurados
Pablo Acuña podría sentarse durante horas a enumerar nombres. Algunos llegaron al Veco Villegas siendo apenas juveniles y años después vistieron la camiseta de Los Pumitas o Los Pumas. Otros quedaron asociados a una final, un try o una patada. Cambiaron los jugadores, los entrenadores, las reglas y hasta la manera de entender el rugby. Hay algo, sin embargo, que continúa sucediendo cada noviembre: los chicos quieren llegar a Tucumán. Ese quizás sea el mayor triunfo de un torneo que entre el 21 y el 23 de noviembre disputará su 39ª edición.
Tucumán Rugby volverá a reunir en Yerba Buena a algunos de los mejores M-19 del país. Será otro capítulo de una historia iniciada en 1987 como Torneo Nacional de Clubes Campeones y que un año después adoptó el nombre de Carlos Alfredo "Veco" Villegas.
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Acuña estuvo allí desde el comienzo. Fue uno de sus creadores y, casi cuatro décadas después, encuentra una explicación para semejante supervivencia. "Hay un mérito enorme de la dirigencia de Tucumán Rugby, que siempre priorizó y apostó a la continuidad. Ahí está el gran mérito: no haber aflojado nunca", sostiene.
Y hubo momentos en los que aflojar hubiese sido lo más sencillo. La hiperinflación de finales de los '80 puso a prueba una estructura que debía recibir, alojar y alimentar a delegaciones provenientes, en algunos casos, de más de 1.000 kilómetros. Hubo incluso una edición que debió reducirse a solamente seis participantes.
"Era imposible sostener a ocho equipos de afuera. Incluso hubo momentos donde participaron solamente seis clubes. También para los clubes era muy difícil solventar lo que significaba venir", recuerda Luis Orsi, manager general del certamen. El torneo sobrevivió. Y aquella obstinación terminó construyendo prestigio.
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Durante años, los participantes fueron elegidos mediante invitaciones, contemplando campeonatos y jerarquía deportiva. El sistema también generaba imprevistos: algún club podía desistir sobre la fecha por cuestiones económicas y obligar a encontrar rápidamente un reemplazante.
En 2018 se produjo uno de los grandes cambios. La UAR incorporó oficialmente al Veco a su estructura y el formato comenzó a responder al mapa regional del rugby argentino. Actualmente están representadas siete de las ocho regiones: Noroeste, Nordeste, Litoral, Centro, Oeste, Pampeana y Buenos Aires. La única ausente es la Patagónica, que formó parte en 2018, pero posteriormente dejó de participar debido, principalmente, a las enormes distancias que debía recorrer para llegar a Tucumán.
Así, ganar un campeonato regional tiene también otro premio: conseguir el derecho de jugar el Veco. "Cuando los equipos empiezan a acercarse al título ya saben que pueden venir a jugar el Veco y comienzan a tomar sus previsiones", explica Orsi.
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También existe otra manera de recorrer las 38 ediciones anteriores: seguir los apellidos. "Si revisás todos los torneos, siempre hay jugadores de Los Pumitas y de Los Pumas. La gran mayoría pasa por acá", asegura Acuña.
Décadas atrás, Yerba Buena funcionaba incluso como territorio de detección. Entrenadores llegaban para observar quién podía aparecer entre los mejores juveniles del país. Hoy, con las academias y los sistemas de seguimiento, muchos talentos ya están identificados desde los 16 o 17 años. El Veco dejó de ser necesariamente el lugar para descubrirlos. Pero continúa siendo el lugar donde se encuentran.
El campeonato también fue cambiando junto con el deporte. En sus primeras ediciones se jugaba viernes, sábado y domingo, con planteles que rondaban los 22 jugadores. El mayor cuidado de la integridad física obligó con los años a ampliar las listas, incorporar períodos de recuperación y adaptar los reglamentos.
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Hasta el arbitraje dejó historias. Acuña conserva una de 1987. El neozelandés Keith Lawrence, que había llegado a la Argentina para dirigir el primer test entre Los Pumas y Australia, terminó arbitrando un partido entre Tucumán Rugby y Estudiantes durante aquella edición inaugural.
Según Acuña, Lawrence sancionó a un pilar de Tucumán Rugby por levantar a su rival mientras avanzaba en el scrum. La decisión provocó desconcierto: en aquellos tiempos, la acción podía interpretarse como una demostración de superioridad. El neozelandés la consideró peligrosa y cobró penal. El rugby estaba cambiando. El Veco cambiaría con él.
39 ediciones después, esa evolución también podrá observarse alrededor de la cancha. Tucumán Rugby trabaja en la construcción de una nueva cancha sintética, cuya finalización está proyectada para mediados de octubre. La obra contempla no sólo la superficie, sino también el cerramiento perimetral, el sistema de riego, las cañerías y la colocación de los postes.
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El proyecto debía estar terminado en septiembre, pero alrededor de 40 días de lluvia complicaron los movimientos de suelo y retrasaron los trabajos. Ahora, la expectativa es llegar a noviembre con el nuevo escenario disponible para el torneo. A la vez, el club trabaja para presentar su cancha principal en óptimas condiciones.
El Veco mantendrá el formato y el reglamento utilizados durante las últimas tres ediciones y los partidos podrán seguirse mediante la transmisión del canal de YouTube Tucumán Rugby TV.
Incluso el modelo empieza a replicarse. Este año, Salta organizará el Nacional de Clubes M-17, un torneo inspirado en el formato y el reglamento del Veco. Desde Tucumán Rugby aportaron su experiencia y conocimientos para colaborar con su puesta en marcha.
Después llegará el número redondo. En 2027 serán 40 ediciones y dentro del club ya imaginan una celebración especial. Orsi, sin embargo, prefiere esperar. "Primero queremos que este sea el mejor Veco Villegas. Después nos enfocaremos automáticamente en los 40 años y tiraremos la casa por la ventana", anticipa.
Será después. Antes habrá otra generación llegando a Yerba Buena con la misma ilusión que tuvieron las 38 anteriores. Chicos que probablemente sepan poco de aquella hiperinflación, de las primeras invitaciones o del árbitro neozelandés que sorprendió a todos en 1987. No necesitan saberlo para entender qué significa llegar. 39 ediciones después, todavía quieren jugar el Veco.


