"San Cayetano nos enseña que el trabajo debe dignificar la vida"
Blas Maran, párroco de la iglesia invitó a la comunidad a renovar su fe y a recuperar valores como sociedad.

Las fiestas patronales de San Cayetano convocan hoy a la comunidad de Palpalá en una de las expresiones de fe más significativas de la ciudad. En el día dedicado a su santo patrono, miles de fieles participan de las celebraciones para agradecer, pedir por sus familias y renovar la esperanza.
En ese marco, el párroco Blas Maran sostuvo que la figura de San Cayetano trasciende la tradicional petición por el pan y el trabajo para convertirse en un llamado a defender la dignidad de la persona, fortalecer la solidaridad y construir una sociedad más justa.
Renovar la fe
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La parroquia San Cayetano vive hoy la jornada central de sus fiestas patronales, luego de un tiempo de preparación espiritual que incluyó la visita de la imagen del santo a distintos barrios de Palpalá y el rezo de la novena.
Para el padre Maran, ese camino previo permitió que numerosas familias compartieran un momento de oración y encuentro con Dios, fortaleciendo el sentido comunitario que caracteriza a esta celebración.
"La preparación también forma parte de la fiesta porque ayuda a disponer el corazón para vivir plenamente este tiempo de gracia", expresa el sacerdote, al destacar que la fe se construye día a día y encuentra en estas celebraciones un momento especial para renovar el compromiso cristiano.
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Mucho más que pedir pan y trabajo
Aunque San Cayetano es reconocido como el patrono del pan y del trabajo, el párroco considero que su mensaje posee una profundidad mucho mayor.
"San Cayetano nos enseña que el trabajo debe dignificar la vida de cada persona", afirma al explicar que el empleo no representa únicamente una forma de obtener el sustento diario, sino una herramienta que permite desarrollar plenamente a la persona y fortalecer a las familias.
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"Cuando hablamos de pan y trabajo hablamos de la dignidad de la persona. No se trata solamente de conseguir un empleo, sino de construir una vida digna, una sociedad justa y una solidaridad que alcance a todos".
Para Maran, esa mirada responde a la propia naturaleza del ser humano, que necesita no solo satisfacer sus necesidades materiales, sino también desarrollarse en un ámbito donde prevalezcan el respeto, la justicia y el compromiso con el prójimo.
La espiritualidad como motor de vida
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Durante la entrevista, el sacerdote explica que la espiritualidad no puede reducirse únicamente a una práctica religiosa o a la veneración de una imagen.
Proyecto solidario
"La espiritualidad es dejar que el Espíritu de Dios conduzca nuestro corazón", señaló.
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A partir de esa experiencia, comentó que nacen valores como la solidaridad, la responsabilidad, el servicio y la esperanza, que luego se traducen en acciones concretas dentro de la familia, el trabajo y la comunidad.
"No somos solamente seres es‑ pirituales; también somos personas que trabajan, que sostienen a sus familias y que buscan salir adelante cada día. Dios obra en todas esas dimensiones de la vida", expreso.
Desde esa perspectiva, afirma que la fe no aleja a las personas de la realidad, sino que las impulsa a enfrentarla con mayor fortaleza y compromiso.


Un mensaje dirigido para toda la sociedad
En un contexto atravesado por dificultades económicas y sociales, Maran considero que el mensaje de San Cayetano mantiene plena actualidad porque invita a recuperar valores que contribuyen a fortalecer el tejido social.
A su entender, la verdadera renovación espiritual comienza cuando las personas descubren que la fe debe reflejarse en el modo de vivir, de trabajar y de relacionarse con los demás.
"La renovación espiritual no pasa solamente por una manifestación externa. Se trata de abrir el corazón para que Dios transforme nuestra manera de vivir", afirmo.
Para el sacerdote, ese cambio interior impulsa a construir comunidades más unidas, donde la solidaridad, el esfuerzo cotidiano y el compromiso con el otro se conviertan en pilares para afrontar las dificultades.
Finalmente, el párroco invito a los fieles de Palpalá y de toda la provincia a vivir las fiestas patronales como un tiempo de encuentro con Dios y con los demás.
"Dios también obra en las cosas sencillas y humildes. Cuando des‑ cubrimos eso, aprendemos a valorar la vida, a servir al prójimo y a encontrar la verdadera alegría en aquello que hacemos cada día", finalizo.
"Juventud y vocación", el eje del año pastoral
El Año de la Juventud y las Vocaciones es el eje pastoral que impulsa la Diócesis de Jujuy durante este año, con el propósito de poner en el centro a las nuevas generaciones y acompañarlas en el descubrimiento de su misión dentro de la Iglesia y la sociedad.
"Todos somos iglesia, todos somos misión"
El lema diocesano para este año 2026 es "Todos somos Iglesia, todos somos misión", la consigna expresa que todos forman parte del mismo cuerpo eclesial, que cada persona tiene una vocación y una misión para vivir y compartir, y que nadie queda fuera del amor de Dios ni del compromiso misionero.
Hablar de vocación no significa pensar únicamente en el sacerdocio o la vida religiosa, sino comprender que cada persona está llamada a servir a los demás desde la familia, el estudio, el trabajo o cualquier ámbito de la vida cotidiana.
Los jóvenes tienen un papel fundamental en este camino pastoral por su capacidad de aportar nuevas miradas, entusiasmo y compromiso.
La Iglesia busca generar espacios donde los jóvenes puedan expresar sus inquietudes y fortalecer una formación que les permitan crecer en la fe y asumir un rol activo de compromiso dentro de sus comunidades.
El desafío es que cada joven descubra que también forma parte de la misión de la Iglesia y que su presencia resulta indispensable para seguir construyendo comunidades vivas, comprometidas y abiertas al servicio de los demás.
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