Rosario, la ciudad de la que Messi nunca se va
Aunque el astro ya volvió a Miami tras despedir a su padre, recorrimos parte del "Circuito Messi", que muestra cómo su localidad natal lo tiene presente en cada esquina: desde un carnet firmado por Jorge Messi en el museo, hasta cientos de murales, banderas y un santuario en la…

Cuando uno llega a Rosario no tarda en entender que está, casi con seguridad, en la ciudad más futbolera del país. Cada pocas cuadras aparecen pintadas y grafitis con los colores de Central, de Newell's, y hasta alguno de Central Córdoba. Pero en estos días, entre esos colores de siempre, hay un nombre que se repite por todos lados: Messi, en grafittis, en murales, en remeras colgadas en los negocios.
Lionel Messi pasó los últimos días en la ciudad para despedir a su padre, Jorge, y el martes emprendió el regreso a Miami. Pero alcanza con caminar unas cuadras para ver que aunque el 10 ya no esté, sigue estando
El Ente Turístico Rosario armó, hace un tiempo, el "Circuito Messi": un recorrido con varias paradas por los lugares de la ciudad ligados a la infancia y la carrera del capitán de la Selección.
También te puede interesar: Messi explicó cómo jugó la final del Mundial 2026: "Intenté ir contra mi físico, pero no pude"
La primera parada es el Museo del Deporte Santafesino, un edificio futurista de tres pisos en medio del Parque Héroes de Malvinas. Adentro, con tecnología de punta, hay trece salas dedicadas a distintas disciplinas que repasan la historia de los deportistas nacidos en la provincia: Carlos Monzón, Carlos Reutemann, Luciana Aymar, Guillermo Coria, entre muchos más. Pero la estrella máxima siempre es Messi, y el espacio destinado a él está al final del camino, como si quisieran guardar lo mejor para el cierre.
Y ahí, entre camisetas, revistas, pantallas y tecnología, la joya más brillante no es la más moderna: es una cartulina amarilla, la ficha de afiliación N.º 99231 de la Asociación Rosarina de Fútbol. Es el carnet infantil de Newell's Old Boys, fechado el 30 de marzo de 1994, firmado por el propio Jorge Messi cuando la "Pulga" tenía seis años y era realmente una pulga.
A unas seis cuadras del museo, el mapa oficial del circuito marca la Parada 3: el barrio La Bajada. La calma residencial de la calle Estado de Israel se corta solo por los colores en las paredes. Los murales inundan el paisaje, desde el clásico grito de gol con la camiseta argentina hasta un desafiante "¿Qué mirá, bobo?" pintado sobre la fachada de un club de barrio.
También te puede interesar: Antonela Roccuzzo despidió a Jorge Messi con un sentido mensaje en las redes sociales
Pero el centro real de todo esto está en el número 525. La casa de la infancia de "Leo" no necesitó abrir sus puertas para que se note lo que siente la zona: la reja gris del frente se convirtió en un altar, con banderas argentinas, camisetas de la Selección, carteles y pañuelos que cubren los barrotes de punta a punta.


A la siesta, el barrio tiene su propio ritmo tranquilo, casi como la personalidad del mejor de la historia. A la vuelta funciona la Escuela de Educación Secundaria Orientada N.° 436 "Juan Mantovani", y algunos estudiantes cruzan cerca de la casa, miran hacia allí y comentan algo. Enfrente, un grupo de obreros que trabaja arreglando la calle hace una pausa para comprar fiambre y gaseosa en el almacén de la esquina; alguno saca el celular y le hace una foto rápida a la reja antes de volver a la obra. Un poco más allá, un equipo de periodistas brasileños graba un informe con la casa de fondo.
Los mensajes escritos a mano en la tela hablan solos. "Fuerza Leo", "Gracias por ser el papá del mejor del mundo", "T.Q.M. Tus vecinos". La gente pasa, afloja el paso, saca una foto con el celular y sigue camino. Es el afecto de un barrio que vio al diez gambetear en la vereda y hoy lo sigue disfrutando.
También te puede interesar: El mensaje de Lionel Messi a la gente tras la muerte de su padre
El recorrido sigue hacia el centro. Frente al río Paraná, el Monumento a Mundialistas tiene una pelota gigante rodeada de placas en el piso con los nombres de los futbolistas nacidos en la provincia que disputaron mundiales, en el que el apellido del mejor de la historia aparece cinco veces (todavía no se agregó la placa de 2026). Unas cuadras más allá, un mural de 69 metros de altura trepa un edificio céntrico con la imagen del capitán, mano en el pecho, mirando al horizonte.
El circuito termina, sin proponérselo, donde esta noche vuelve a rodar la pelota. En el Parque Independencia, a pocas cuadras de la escuela infantil Malvinas -donde Leo deslumbraba a los siete años-, el estadio Coloso Marcelo Bielsa abre sus puertas para un nuevo partido.
Con su nombre pintado en la tribuna que ocupa la hinchada de Atlético, Rosario demuestra que no necesita tener a Messi cerca para sentirlo presente. Su avión despegó hace apenas unas horas, pero en cada mural, cada bandera y cada esquina, la ciudad sigue siendo suya.

