Recuerdan necesidad de priorizar la prevención sísmica
Por la actividad advierten sobre vulnerabilidad edilicia, urgencia de organizar, educar y simulacros.

La reciente seguidilla de eventos telúricos que comenzó con la tragedia en Venezuela, se desplazó hacia el sur, afectando hace unos días la zona de Calama al Norte de Chile y el viernes a Catua, en la Puna jujeña generó inquietud. Por ello un especialista analizó en perspectiva los riesgos reales y diferenció la dinámica sísmica de las falencias en materia de infraestructura y prevención.
El geólogo Waldo Chayle, exdirector del Instituto de Geología y Minería de la Universidad Nacional de Jujuy, analizó el comportamiento de las placas tectónicas en la región e hizo hincapié en que la verdadera preocupación debe centrarse en el nivel de preparación urbana e institucional frente a un eventual desastre. Desvinculó el fenómeno del Norte de Sudamérica con la actividad sísmica del Sudoeste continental. "El tema de Venezuela es totalmente aparte porque lo que pasó ahí no tiene que ver con las placas que están en el Pacífico, sino más bien en el Atlántico, porque ahí hay una placa que se llama del Caribe. Después lo otro, Perú, Chile, es como normal porque las placas no se detienen, todo el tiempo se están moviendo", explicó el geólogo.
Chayle precisó que el movimiento de estas estructuras es continuo e ininterrumpido ya que las placas se deslizan en forma constante y sin fricciones severas. El peligro real surge cuando las estructuras colisionan o se traban, acumulando una energía inconmensurable que se libera de forma repentina, y esa descarga abrupta es la que genera los terremotos de gran magnitud.
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En cuanto a la coincidencia temporal entre los movimientos tectónicos registrados en Chile y los detectados en territorio argentino, el geólogo descartó de manera categórica que exista un vínculo de causa y efecto directo entre el evento de Calama y el de Catua. De hecho, recordó que en julio de 2024 se registró un fuerte sismo de magnitud 7,4 al sudoeste de San Pedro de Atacama, en la zona fronteriza, y sin embargo no produjo réplicas ni desplazamientos de consideración del lado argentino.
Explicó que la Puna es una región en constante movimiento tectónico donde diariamente se registran eventos a diferentes profundidades. El sismo de magnitud 4,3 detectado cerca de Catua, cerca de Cauchari, se sitúa dentro de los parámetros habituales para el área.
Enfatizó en que salvo por el Lineamiento Olacapato Toro, una megafractura transversal que se extiende desde Salta, cruza el límite sur de Jujuy por San Antonio de los Cobres y llega hasta Chile, no existen en el territorio jujeño estructuras geológicas de envergadura identificadas que conecten directamente ambos lados de la cordillera Más allá del comportamiento geológico, la consulta inevitable es si la provincia de Jujuy se encuentra preparada para afrontar un sismo de intensidad superior.
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Al respecto, Chayle fue tajante al considerar que la prevención actual resulta insuficiente. "Desde mi punto de vista no. En Jujuy hasta ahora las magnitudes de los sismos no han sido como para que sean catastróficos, pero no hay que olvidarse que en el 2011 en El Fuerte hubo un sismo de 6,5. ¿Qué pasaría si un sismo de esos ocurre aquí en la ciudad?", dijo. Chayle advirtió sobre la vulnerabilidad del parque edilicio histórico y público en la capital jujeña ya que estructuras como el hospital "Pablo Soria" o el edificio de Tribunales presentan limitaciones arquitectónicas severas que dificultaría una evacuación masiva y ordenada en caso de emergencia.
Planteó que la falta de vías de circulación amplias en edificios de alto tránsito representa un riesgo directo para la integridad física de las personas. Para revertir esta situación, el geólogo consideró que es clave la creación de un comité permanente de prevención sísmica que trabaje de manera articulada con los centros vecinales que permitiría agilizar la respuesta ya que podrían brindar la información de primera mano sobre las necesidades reales para evitar improvisaciones a la hora de recibir ayuda humanitaria y de insumos críticos en una emergencia.
En este sentido, también consideró importante retomar los simulacros de evacuación en escuelas, oficinas públicas y espacios comunitarios, para educar a la ciudadanía, algo que aseguró no se ve en los últimos años. "Si un sismo es violento, hay mucha población y no hay buenas construcciones, siempre van a existir incendios, inundaciones y explosiones de todo tipo. Todo eso también tiene que estar previsto. Si no tenemos organizado, todo sobre la marcha no funciona", sostuvo Chayle. Se refirió así a la previsibilidad y la rigurosidad en las normas de construcción, asumiendo que la gestión de un desastre natural no se puede improvisar sobre la marcha.
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El mapa de peligrosidad
Por otro lado, el geólogo Waldo Chayle explicó el mapa de riesgo y así entender cómo estamos parados, para lo cual explicó que hay que mirar los datos del Instituto Nacional de Prevención Sísmica que elaboró una zonificación técnica que divide al territorio argentino en cinco franjas numéricas que van desde el nivel cero, asignado a las regiones con actividad prácticamente nula, hasta el nivel cuatro, correspondiente a las áreas de peligrosidad muy elevada. La provincia de Jujuy se ubica en una posición crítica al quedar comprendida entre las zonas de sismicidad moderada y elevada.
La zona tres, que es la de riesgo alto, incluye todo el sur de la Cordillera Oriental y las Sierras Subandinas. Ahí entran San Salvador y los departamentos de Palpalá, El Carmen, San Antonio, Tilcara, Tumbaya, Ledesma, San Pedro, Santa Bárbara, Valle Grande y el sur de Humahuaca. El resto de la provincia y toda la Puna están en la zona dos, de categoría de riesgo moderado. En la zona tres los sismos se sienten más porque se producen bastante cerca de la superficie, a no más de 45 kilómetros de profundidad, y la mayoría ocurre entre los 20 y los 25 kilómetros.
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El especialista sostuvo que el problema grave es que tenemos varias cosas que aumentan el riesgo. Hay barrios enteros construidos sobre terrenos de relleno con materiales flojos que bajan de los cerros, lo que hace que el suelo sea muy inestable cuando la tierra tiembla. También hay muchas viviendas precarias tanto en el campo como en las ciudades y una cantidad de fracturas en la tierra que van de Norte a Sur que todavía no se estudiaron bien para saber si están activas o no.
Sostuvo que el elemento más determinante en la ecuación del riesgo es la distribución demográfica provincial, por lo que lo más delicado de todo es la cantidad de gente expuesta. Sucede que más del 90% de la población de Jujuy reside precisamente en la franja catalogada con sismicidad elevada, es decir que vive justamente en la zona tres, la de mayor peligro. Eso nos convierte en una de las provincias más vulnerables de la Argentina ante un terremoto, solo por detrás de San Juan y Mendoza.
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