París quiere lo que Argentina tiene
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La Argentina Week realizada en París entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre dejó anuncios de inversiones, reuniones empresariales, presentaciones provinciales y una fotografía política junto a Emmanuel Macron. Pero detrás de ese despliegue aparece una pregunta previa: ¿por qué París?
La elección no resulta obvia. Si Argentina buscaba presentar sus oportunidades ante Europa, Alemania también ofrecía argumentos difíciles de ignorar. Es la mayor economía de la Unión Europea: en 2025 representó el 23,8% del PIB comunitario, frente al 15,8% de Francia. Berlín fue además uno de los impulsores del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, mientras París mantuvo fuertes objeciones y en enero de este año anunció que votaría contra su firma por el impacto que podía tener sobre sectores sensibles de la agricultura francesa. Desde el 1 de mayo, sin embargo, el acuerdo comercial interino UE-Mercosur se aplica provisionalmente.
París ofrecía ventajas concretas: es sede de la Ocde, la Agencia Internacional de Energía y la Cámara de Comercio Internacional, ámbitos donde Argentina presentó sectores estratégicos de su economía y buscó vincularse con empresarios europeos. Fue, además, la primera Argentina Week realizada en Europa después de la edición de Nueva York. La elección tuvo un contraste evidente: la presentación se hizo en la capital del país europeo que más objeciones planteó al acuerdo UE-Mercosur.
Tampoco se trató de desembarcar en un país ajeno a los intereses argentinos. La relación entre Francia y Argentina excede largamente una misión comercial. Según el Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores francés, existen unas 250 filiales francesas instaladas en nuestro país, responsables de aproximadamente 53.000 empleos, y Francia acumula 7.300 millones de inversión directa, que la ubican como séptimo inversor extranjero. Argentina, a su vez, es su cuarto socio comercial en América Latina. Las compañías francesas participan desde hace décadas en actividades industriales, productivas, comerciales y de servicios.
A esa trama económica se suma una relación cultural y científica construida durante décadas. Argentina cuenta con una red de 50 Alianzas Francesas, más de 700 acuerdos universitarios y más de cien proyectos bilaterales de investigación. Francia considera a nuestro país su principal socio científico por cantidad de proyectos conjuntos. París, por lo tanto, no fue una elección extravagante. La cuestión es qué nueva dimensión busca adquirir una relación histórica cuando determinados recursos argentinos ganan importancia en la estrategia económica europea.
El propio gobierno francés identifica sectores vinculados a los minerales críticos, la energía y la industria nuclear entre los campos con mayor potencial de cooperación. En junio, los cancilleres de ambos países volvieron a mencionar estas áreas dentro de una agenda asociada a la autonomía estratégica, mientras Francia calculaba que sus empresas habían realizado más de 2.600 millones en nuevas inversiones en Argentina desde 2024. La relación, entonces, no puede analizarse solamente desde la necesidad argentina de atraer capital. Francia también busca fortalecer proveedores y cadenas de suministro en un escenario internacional cada vez más competitivo.
La Argentina Week se produjo, sin embargo, en un momento complejo para el país anfitrión. Mientras la delegación argentina buscaba inversores, Francia atravesaba protestas estudiantiles, huelgas y una fuerte discusión presupuestaria. Eso obliga a preguntarse si era el momento de mayor visibilidad posible para una operación internacional de promoción argentina. No porque París careciera de valor, sino porque la atención política y periodística francesa estaba concentrada en problemas internos. La visita tuvo cobertura: Le Monde publicó una nota sobre Milei y la búsqueda de inversiones; TF1 explicó los objetivos de la Argentina Week, y Le Parisien abordó directamente el interés francés por los recursos argentinos. Pero una cosa es aparecer en medios relevantes y otra conseguir que una Argentina Week se convierta en tema central para la sociedad francesa.
Esa diferencia ayuda también a responder qué representa Argentina para Francia. No somos el centro de su agenda internacional, pero sí un socio relevante en áreas concretas donde existen intereses económicos y estratégicos convergentes. Esa importancia puede ser considerable sin traducirse necesariamente en una presencia equivalente dentro de la opinión pública francesa.
El balance de la misión requiere la misma prudencia. El Gobierno difundió una cifra cercana a los US$27.000 millones en proyectos y anuncios, pero ese agregado reúne iniciativas con distintos grados de madurez, origen y ejecución. Entre ellas aparecen planes de Total Energies, Pluspetrol, Glencore y una eventual ampliación de Eramet en Salta. No todo ese capital nació en París, no todo proviene de empresas francesas y no todo representa desembolsos inmediatos. En el caso de Eramet, el propio Gobierno nacional aclaró que la inversión adicional en Centenario-Ratones (proyecto de extracción y producción de litio ubicado en el salar homónimo en la puna salteña) es potencial y está sujeta a una decisión final de inversión.
Algo similar ocurre cuando se observa la actividad de los gobernadores. Trece mandatarios y la vicegobernadora de Córdoba integraron la delegación, y el propio Gobierno informó que Milei les agradeció el apoyo al rumbo económico. En paralelo, hubo reuniones en las que se discutieron temas domésticos. El Gobierno de Salta informó que durante una reunión encabezada por Diego Santilli se abordaron el Presupuesto 2027, la reforma política y la relación entre Nación y provincias. La fotografía de París tuvo, por lo tanto, una dimensión económica y otra política.
Queda entonces otra pregunta: ¿qué hicieron las provincias en París? Tampoco corresponde reducir el viaje a una excursión institucional. Hubo actividades concretas, aunque los resultados fueron desiguales y deben medirse provincia por provincia. Neuquén, por ejemplo, expuso formalmente su estrategia gasífera ante empresarios europeos. Jujuy informó reuniones con compañías internacionales y presentó su potencial productivo, turístico y minero, aunque sus comunicados públicos no detallaron hasta ahora nombres, montos ni acuerdos concretos derivados de esos encuentros.
Salta presenta un caso diferente: Gustavo Sáenz se reunió en París con directivos de Rio Tinto para analizar el proyecto Rincón, que prevé US$2.700 millones y una capacidad futura de 50.000 toneladas anuales de carbonato de litio. Pero esa inversión no nació en la Argentina Week: el proyecto ya había sido aprobado en el RIGI y estaba siendo desarrollado desde antes. París sirvió para darle visibilidad y continuidad, no para originarlo.
La Argentina Week confirmó que ciertos activos argentinos están adquiriendo otro peso en la competencia económica internacional. Estados Unidos, Europa y China buscan asegurar posiciones en cadenas productivas, tecnológicas y de abastecimiento cada vez más sensibles. Argentina vuelve a encontrarse con una oportunidad conocida: disponer de bienes y capacidades que otros consideran estratégicos.
París puede abrir puertas, pero el resultado se mide por cuánto capital efectivamente llega, qué proyectos se ejecutan, cuánto empleo generan, qué proveedores argentinos incorporan, qué tecnología transfieren y cuánto valor permanece en las provincias donde se localizan las inversiones.
Francia sabe qué busca en Argentina. Argentina todavía tiene que definir cuánto quiere obtener a cambio.
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