Ola de calor en Europa: un estudio reveló que rompió todos los pronósticos científicos de hace 50 años
El grupo científico World Weather Attribution reveló que los pronósticos iniciados en 1976 fueron superados exponencialmente en 2026.

Los esquemas de lo posible quedaron obsoletos tras la última ola de calor que azotó a numerosos países de Europa durante la pasada semana de junio y que aún continúa causando estragos. Cuando en 1976 se establecieron los primeros récords climáticos del continente, era impensado que los termómetros podrían alcanzar tales marcas.
En tan solo una semana, el fenómeno meteorológico europeo rompió picos mensuales e históricos en numerosos países. En Francia, la temperatura media nacional llegó a 30 °C el 24 de junio, lo que se convirtió en el día más caluroso jamás observado en el país, mientras que en la localidad de Pulluau los termómetros alcanzaron 43,8 °C. Alemania, Austria, Hungría, Polonia, República Checa, Reino Unido, Países Bajos, Dinamarca y Suiza también batieron registros nacionales o locales de temperatura durante junio.
Las marcas históricas tienen un punto de inflexión, el año 1976, donde se registró la ola de calor más agobiante de aquel siglo. Pero desde ese momento, Europa se calentó en un promedio alrededor de dos grados centígrados. Actualmente el Viejo Continente es el que más rápido se calienta del planeta. De acuerdo con los investigadores de World Weather Attribution, para ese año, las marcas que se habían registrado en esa época eran imposibles de superar.
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Los científicos analizan registros meteorológicos y de pronóstico basados en observaciones, comparando cómo estos fenómenos cambiaron desde períodos más fríos del pasado hasta el clima actual, que es aproximadamente 1,4 °C más cálido que en la época preindustrial. Los estudios de atribución del grupo de investigación mencionado cuantifican el efecto del calentamiento global antropogénico en fenómenos meteorológicos extremos como olas de calor y huracanes.
De acuerdo con la investigadora Friederike Otto, cabeza visible del World Weather Attribution (WWA), el grupo científico que se encarga de decir cuánto influyó el cambio climático en un evento extremo, tanto las temperaturas máximas diurnas como las nocturnas habrían sido virtualmente imposibles en esta época del año en 1976, hace apenas 50 años.


Una ola de calor similar que hubiera ocurrido en aquel clima histórico habría sido 3,5 °C más fresca durante el día. En la actualidad, debido al cambio climático, las sofocantes temperaturas nocturnas son unas 100 veces más probables de lo que eran hace tan solo 23 años, durante la letal ola de calor europea de 2003. Los picos térmicos diurnos, por su parte, son unas diez veces más probables. Además, se descartó que la variabilidad natural, como la fase de El Niño, haya tenido algún papel en el motor de este calor.
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Como ocurre en todo episodio de altas temperaturas en la actualidad, el cambio climático es la fuerza motriz detrás de la severidad de este evento extremo. De hecho, un 45% de las 854 ciudades analizadas en 30 países europeos batieron, o se espera que batan, sus niveles máximos históricos de estrés térmico.
Las condiciones de calor y humedad excesivos pueden ser mortales ya que alteran la termorregulación humana, el proceso fisiológico que mantiene una temperatura corporal interna constante (idealmente entre 36,5 °C y 37,5 °C) independientemente de las condiciones externas. En otras palabras, cuando la temperatura de bulbo húmedo supera los 35 °C —el límite superior teórico de adaptabilidad humana, donde el 100 % de humedad se combina con un ambiente sofocante— el sudor deja de evaporarse. Una vez superado este umbral crítico, el organismo pierde su principal mecanismo de enfriamiento, lo que provoca un sobrecalentamiento rápido y potencialmente mortal.
Un estudio de octubre de 2023 advirtió que las altas temperaturas y la humedad alcanzarán niveles letales durante horas, días e incluso semanas en algunas partes del mundo para finales de siglo, lo que hará imposible permanecer al aire libre.


