No te pueden hacer dos goles de lateral
Boca jugó media hora muy buena en Rosario pero se durmió, repitió errores insólitos y zafó por los pibes, en especial Flores. Pero con esto no alcanza y si no se refuerza va a sufrir.

No podemos ser tan boludos. No se dice desde acá, donde infinitamente a lo largo de los últimos diez años hemos hablado del verdor de los distintos planteles de Boca: lo dice Riquelme cuando reflexiona ante las cámaras que "no te pueden hacer un gol de lateral". Fue el viernes al mediodía, luego de un jueves de sufrimiento en el que se logró la clasificación por penales luego de un 0-1 por gol de lateral de O'Higgins. Dos días y pico después, el que lo dice es el Vasco Arruabarrena en la conferencia de prensa post 2-2 con Newell's: "No podemos tener esos errores tontos". El técnico de Boca es un tipo educado, evitó decir "boludos". Acá, entre nosotros, podemos hablar sin eufemismos porque a Boca le hicieron otro gol de lateral. Así que a esta altura podríamos decirle al afilado Román que sus declaraciones quedaron desactualizadas: "No te pueden hacer dos goles de lateral".
Con todo lo que ha avanzado la medicina en enfermedades graves, pero graves en serio, mortales, aún no se ha creado nada en contra de la boludez. Habría que ver si los científicos creen que es una condición irreparable o simplemente, por alguna razón, la boludez sirve para que los que no la padecen saquen alguna ganancia de ello.
Boca había jugado media hora -la inicial del partido- muy buena de fútbol. De lo mejor de los últimos años. Picantísimo Flores por derecha, Paredes y Ascacíbar metidos en campo rival, Aranda gambeteando, Dylan Gorosito subiendo más por derecha que Blanco por izquierda. En ese rato se vieron triangulaciones precisas, protagonismo, buena movilidad, fútbol veloz y por momentos lujoso, desbordes y centros. El gol se hizo esperar demasiado y, a falta de un 9, lo convirtió el Ruso, que tiene mucha más alma de 9 que Merentiel. El uruguayo había estrellado un cabezazo en el travesaño por no darle de pique al suelo y un par más que definió anchas, y quedó flotando la sensación de que el 1-0 era corto por lo que había hecho el equipo y por lo que todavía no había hecho.
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Todo lo bueno del primer tiempo se cayó a pedazos en el segundo, primero con el equipo dormido a la hora del empate de lateral y luego en otra jugada en la que Cóccaro duerme a Di Lollo y Ascacíbar juntos, Paredes se resbala y Regiardo clava en un ángulo. Todo eso, más un desborde y centro atrás de Mazzanti y un zurdazo de Guch que pedía ángulo le llevó a Newell's -un equipo que pelea el descenso- menos de un cuarto de hora. El Boca bueno le había dejado paso al Boca malo y lo que era 1-0 con buen fútbol se transformó en 1-2 por falta de actitud, de presencia, de inteligencia.
Y si Boca salió del trance, lo empató y casi lo gana fue casi exclusivamente por sus chicos. Flores metió otro desborde, Aranda un pase sin mirar y entró Velasco para definirlo. Lo del 10 no es una novedad, por algo le dieron ese número, por algo fue a la gira de la Selección antes del Mundial, por algo lo siguen los grandes de Europa. Lo de Flores es una aparición extraordinaria, explosiva, de un pibe que no le tiene miedo a nada y no parece conocer límites; que juega por las dos bandas, encara, pasa y tira esos centros mortales que desesperan a los defensores. Con un 9 en serio, Boca se haría un festival. Pero... Siempre hay un pero.
El pero es que Boca no tiene 9. Milton Giménez está fuera de forma (y tampoco es solución cuando está al 100%), Bareiro no se repone de la lesión y Merentiel no se siente cómodo en el área sino llegando. Eso está bárbaro para un equipo que juega de contra, no para uno con obligaciones de atacar, mucho menos en un esquema como el que propone el Vasco, con dos wings que alimenten a una bestia carnívora.
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Boca no puede darse el lujo de perderse tantos goles porque es frágil atrás, tiene mandíbula floja, un arquero con manos de manteca que no asoma como solución a los problemas preexistentes y un técnico con vocación ofensiva y tendencia al desequilibrio. Si encima Paredes, el distinto absolluto que tiene este plantel, no está en una buena tarde, el pronóstico es de sufrimiento.
Un punto de seis posibles, clasificación casi milagrosa contra un equipo menor, seguidilla complicada por delante con Estudiantes, Vélez y otra serie eliminatoria en el horizonte. Esa es la realidad de Boca. Di Lollo mejoró un poco lo de Figal aunque era imposible empeorarlo. Villa todavía no debutó más allá del centro del gol: se lo ve lento en el uno contra uno, sin hacer valer su velocidad ni su desequilibrio. Mientras no lleguen al menos un 2 y un 9, esto es lo que hay y los resultados son imprevisibles. Boca no da seguridades y ni siquiera aprende de los errores cometidos. Así, todos lo sabemos, va a ser muy difícil. Decí que está River, que si no...


