Nadie es campeón antes de jugar, España
No pudo contra el debutante Cabo Verde, la primera gran sorpresa del Mundial. Y se quejaron de que el rival se había metido atrás. ¿Qué querían?

No pudo contra el debutante Cabo Verde, la primera gran sorpresa del Mundial. Y se quejaron de que el rival se había metido atrás. ¿Qué querían?
En la amplísima variedad de nuestro idioma, la palabra sorpresa significa "estado de asombro o desorientación ante un evento inesperado, extraño o novedoso". Las cámaras de televisión mostraban al público que colmó el estadio en Atlanta, luego del festejado empate que consiguió Cabo Verde -debutante absoluto- ante España, el campeón de Europa y uno de los mayores candidatos a ganar la Copa del Mundo.
El primer tiempo no demoró nada en ser como todos lo imaginábamos: dominio y posesión de pelota española, toqueteo preciso, filtraciones por los costados y centros que buscaban una cabeza o un botín que hiciera el gol. El complemento repitió al primero, pero entró Yamal, en los últimos 25 minutos. Fue a la derecha, su lugar preferido para arrancar, pero la doble marca lo maniató y no pudo. Como no pudo Oyarzábal con Borges-Pico, la sólida dupla central y el resto de los jugadores. El partido se fue entre el esfuerzo ineficaz español y el entusiasmo de los caboverdianos, apoyados finalmente por la gente y tan sorprendidos como el resto del mundo.
Las palabras de Rodri, el crack del mediocampo inteligente, sobre que Cabo Verde se refugió muy atrás sonaron antiguas. ¿Qué pretendían? País debutante que hizo uno de los batacazos de las eliminatorias al dejar atrás a Camerún. País debutante con el respaldo de un libreto muy bien estudiado, que les permitió evitar los tiros de media distancia, ganar casi siempre de cabeza y habiendo cometido una sola infracción en los cien minutos de partido.
Es la sorpresa número 1 de 2026. Se puede comparar con el empate 1-1 que obtuvo Bulgaria jugando contra el campeón Italia en México 86 o el triunfo de Senegal ante Francia en 2002, con gol de Diop. Un poco más tenues pueden ser el insólito partido que Islandia le igualó a la Argentina de Sampaoli en Moscú 2018, con un penal pateado por Messi y atajado por Halldorsson. Islandia tenía 250 mil habitantes y se estrenaba esa tarde. Fue el único punto que sacó.
La Argentina ya había decepcionado cuando llegó a Italia en 1990 con el título bajo el brazo, pero cayó en el debut ante Camerún por 1-0, en Milán. Los africanos -que ya habían jugado dos mundiales- fueron bruscos y recibieron dos expulsiones, pero ni eso evitó que se quedaran con la victoria.
Ese año, el equipo de Bilardo sufrió para pasar de ronda. Venció a la Unión Soviética por 2-0 y empató 1-1 con Rumania, clasificándose entre los mejores terceros. Después, las manos de Goycochea y el gol de Caniggia a Brasil lo depositaron en la final frente a Alemania, que fue derrota.
El empate fortalece obviamente a Cabo Verde y deja a España con la necesidad de ganar los dos partidos restantes para clasificarse y hasta ganar el grupo, de acuerdo a cómo finalicen los otros partidos. Un intríngulis se abre en una zona en la que todo parecía definido antes de jugarse el primer partido. Como el fútbol lo ha generado tantas veces, partidos son partidos y nadie es campeón en las vísperas.

