Merentiel, hecho y derecho para los clásicos en Boca
El máximo goleador del Xeneize en 2026 suele sacar la bestia que lleva dentro en los partidos pesados. El último sábado amargó a San Lorenzo y semanas atrás volvió a marcarle a la Academia en el Cilindro.

El máximo goleador del Xeneize en 2026 suele sacar la bestia que lleva dentro en los partidos pesados. El último sábado amargó a San Lorenzo y semanas atrás volvió a marcarle a la Academia en el Cilindro.
Miguel Merentiel es de esos futbolistas que parecen haber nacido para jugar los clásicos en Boca. Una noche cualquiera puede atolondrarse en la definición y dilapidar chances inmejorables, esos goles que son más fáciles hacerlos que errarlos, pero cuanto más pesado se pone el partido, más se agranda: con un derechazo de sobrepique, una asistencia que no estaba en su libreto o una estampida que rompe cualquier esquema.
El apodo de Bestia le queda a medida, para bien y para mal. Uruguayo obstinado y laborioso, siempre con la cancha de frente y el arco reflejado en la retina, tarde o temprano termina saliéndose con la suya. El último sábado, sin ir más lejos, sentenció el 2-0 frente a San Lorenzo en medio de la tempestad en el Nuevo Gasómetro. Ya una vieja costumbre suya: fue su cuarto festejo en siete encuentros, una cuenta que se eleva aún más si se suman los dos que le había anotado al Ciclón con Defensa y Justicia.
En zona de pescador, apenas tuvo que empujar el centro rastrero e incisivo de Lautaro Blanco. Una sociedad aceitada y una fórmula que se repite con mayor frecuencia. Así se redimió del mano a mano clarísimo que desaprovechó en el primer tiempo por querer picársela a José Devecchi. "Mis compañeros me putearon todos", soltó, entre risas, en El Canal de Boca.
Merentiel ya venía de racha desde el clásico del mes pasado contra Racing, otro grande al que tiene alquilado desde mucho antes de llegar al Xeneize y con el que volverá a cruzarse este domingo en el Gigante de Arroyito, por los cuartos de final de la Copa Argentina.
Aquella noche bajo la luna de Avellaneda terminó 1-1 por su rodeo y posterior remate que hizo recordar al alemán Mesut Özil: un tiro seco, de pique al suelo, para que la pelota se eleve unos centímetros y pase por arriba de la humanidad de Facundo Cambeses.
"En el entrenamiento la hago siempre. Nunca me había animado a hacerla en un partido. Y la metí para dentro", le dijo a Marcos Giles. Fue su tercer gol a la Academia, dos en el Cilindro, en 11 partidos. Y acaso ahí esté una de las claves para entender al delantero que tiene Boca: cuando el escenario exige algo más, Merentiel suele sacar pecho.
Duro como un roble e incómodo de marcar, sus mejores funciones las reservó para River. Por más que haya nacido hace 30 años en Paysandú, del otro lado del charco, Merentiel demostró ser un bostero más desde que firmó su primer contrato en 2023. Ante el rival de toda la vida no alcanza con correr, chocar y meter pierna fuerte. Los Superclásicos se ganan con carácter y goles. Y él hizo cuatro en siete partidos.
El único que aún se le resiste es Independiente, con cuatro presentaciones y la pólvora mojada, pero su historial frente a los clubes grandes es de temer, sobre todo para Racing, su próximo rival en el mata-mata de Rosario: jugó 29 clásicos y convirtió 11 goles. Para tomar dimensión, marcó la misma cantidad que Diego Armando Maradona, uno menos que Carlos Tevez y solamente dos menos que Juan Román Riquelme, ídolo y presidente del club.
La salida de Edinson Cavani, la lesión lumbar de Adam Bareiro y la falta de rodaje de Milton Giménez obligaron a Rodolfo Arruabarrena a buscar un N°9 de renombre en el mercado. En agosto llegó Enner Valencia, histórico de la selección ecuatoriana, para pelearle el puesto. Pero pasan las fechas y el centro del ataque sigue teniendo tonada charrúa.
Durante un largo tiempo, en las mesas de los bares futboleros y en los debates más encendidos de las redes sociales se instaló una discusión: si Merentiel debía jugar más abierto, más cerca de una banda, lejos de ese molde clásico del referente de área. Él nunca tuvo dudas, ni siquiera cuando el grito se le venía negando. "Siempre jugué de 9 yo. Estos dicen que no juego de 9. Toda mi carrera jugué de 9. Dicen boludeces", contestó en zona mixta.
La respuesta más contundente la dio dentro de la cancha. El Vasco lo mantuvo firme en los últimos metros y lo rodeó de jugadores que se cansaron de buscarlo y encontrarlo de cara al gol. Las irrupciones, primero de Tomás Aranda y poco después de Leonel Flores, además de las proyecciones de Leandro Lozano y el mismísimo Blanco, y las estocadas de Leandro Paredes, terminaron de potenciar a un Merentiel que hoy es, sin discusión, el N°9 titular y el máximo artillero de Boca en el año.
Lleva 12 goles en este 2026 y a lo largo de su ciclo ya acumula 62, una cifra que lo ubica como el cuarto extranjero más goleador de toda la historia del club. En la tabla general, liderada en soledad por Martín Palermo, aparece 24°. Se lo recuerdan seguido y él siempre responde lo mismo: "No sigo mucho las estadísticas, pero marcar es muy importante para mí y para el equipo. Tengo que seguir así". Quizás sea esa la mejor definición de Merentiel: no parece jugar para aparecer en los libros pero, cada vez que Boca afronta un partido importante, termina dejando una marca.
