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"Me fui a Japón para mi maestría y mi doctorado"

El ingeniero encontró en la IA una forma de estudiar el cerebro. Fue por una beca y se estableció en el país.

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“Me fui a Japón para mi maestría y mi doctorado”
“Me fui a Japón para mi maestría y mi doctorado”

Carlos Enrique Gutiérrez nació y creció en el barrio San Pedrito de San Salvador de Jujuy. Estudió en la Escuela Normal y luego en la EET N° 1, donde se recibió de técnico mecánico. Más tarde llegó a la Universidad Nacional de Jujuy para estudiar Ingeniería Informática. Lo que comenzó como una formación universitaria terminó llevándolo a Japón, donde construyó una carrera como investigador y hoy participa de un ambicioso proyecto para desarrollar un modelo digital del cerebro humano.

Su historia tiene algo de viaje inesperado. Gutiérrez no se fue de Jujuy con la idea de instalarse definitivamente al otro lado del mundo. Primero apareció una oportunidad para continuar sus estudios y detrás de ella, llegaron otras. Una beca del Ministerio de Educación de Japón, gestionada a través de la embajada japonesa en Argentina, le permitió realizar una maestría y posteriormente un doctorado en una universidad de Okinawa.

"Me fui a Japón para mi maestría y para mi doctorado. Los dos los hice allá", recordó ya que la primera partida fue en 2007 y el doctorado comenzó en 2011. En total, calcula que pasó alrededor de una década dedicado a su formación en Japón y lleva 16 años allá.

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La elección de la universidad tampoco fue una decisión que tomó solo sino que fue a través del sistema de becas, las autoridades japonesas seleccionaron la institución de acuerdo con su perfil académico. A él le preguntaron si estaba dispuesto a ir y dijo que sí.

Okinawa se convirtió durante años en su lugar de estudio, investigación y trabajo ya que allí realizó sus posgrados y luego continuó vinculado a la investigación en otras instituciones. En ese recorrido se especializó en inteligencia artificial (IA) y a partir de allí, ingresó en un campo que combina informática, matemática y biología, la neurociencia computacional.

Su trabajo consiste, en términos sencillos, en utilizar datos obtenidos mediante experimentos sobre el cerebro para construir modelos matemáticos y computacionales. Las neuronas y sus conexiones pueden representarse mediante ecuaciones y con ellas, generar simulaciones que permitan estudiar el funcionamiento cerebral. "Lo que yo hago son modelos del cerebro. Esa es mi especialización", explicó.

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Su formación en IA resultó clave para dar ese salto ya que el conocimiento adquirido en redes neuronales le permitió acercarse a la complejidad de las redes biológicas. A partir de imágenes, escaneos y otros datos obtenidos por investigadores experimentales, su trabajo busca reproducir mediante computadoras determinadas estructuras y funciones del cerebro.

Desarrolló buena parte de su carrera en el Okinawa Institute of Science and Technology, un centro de investigación que reúne distintas áreas científicas, entre ellas neurociencias, genética y ciencia de materiales. Allí encontró el ambiente, los equipos y los recursos que le permitieron avanzar en proyectos que entiende que en Jujuy hubiera resultado más difícil.

A su llegada el idioma fue frustrante porque fue a Japón con un nivel básico de inglés. Para poder desenvolverse en el ámbito académico comenzó a estudiar por su cuenta, durante las noches porque necesitaba aprender para explicar sus investigaciones y poder transmitir sus propias ideas.

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Hubo un momento que terminó funcionando como impulso, tenía una idea que quería compartir con otros investigadores, pero no podía explicarla. La frustración se convirtió en motivación. "Digo, no puede ser, tengo que ser capaz de explicarle en oraciones simples lo que estoy pensando", recordó. Con el tiempo, el idioma dejó de ser una barrera. Aprendió japonés y puede realizar presentaciones y discutir cuestiones vinculadas a su especialidad.

Su carrera científica lo llevó a participar de un proyecto de enorme dimensión, Brain Minds, una iniciativa financiada por el Gobierno de Japón que busca desarrollar una plataforma para construir un modelo digital del cerebro humano.

La idea es utilizar ese cerebro digital para realizar simulaciones y estudiar enfermedades como la demencia, el Parkinson y la esquizofrenia. A través de modelos computacionales y simulaciones realizadas en supercomputadoras, los investigadores buscan comprender mejor determinados procesos y aportar elementos que en el futuro, puedan contribuir a encontrar tratamientos.

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La investigación requiere una capacidad de procesamiento enorme por lo que el equipo desarrolla los modelos y luego realiza simulaciones de gran escala en supercomputadoras japonesas. El proceso puede hacerse de manera remota, se preparan las herramientas, se envían las simulaciones y posteriormente se analizan los datos.

Para Gutiérrez, ese trabajo representa también una evolución de una investigación que comenzó años atrás y que ahora tiene la posibilidad de convertirse en una plataforma de alcance mucho mayor.

El investigador jujeño pudo conocer las diferencias culturales entre Argentina y Japón. Después de tantos años viviendo en el país asiático, consideró que los argentinos y latinoamericanos también tienen capacidades que pueden convertirse en fortalezas cuando deben desenvolverse en ambientes altamente competitivos.

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La creatividad, la capacidad para buscar alternativas y una forma más espontánea de relacionarse pueden convertirse en ventajas. Explicó que en Japón existen numerosas formalidades en la comunicación, mientras que los extranjeros pueden actuar muchas veces como puentes hacia otras culturas.

Esa experiencia es también la que ahora quiso transmitir a los estudiantes de Jujuy en una charla que brindó en la Facultad de Ingeniería. Su intención no fue presentar su recorrido como una fórmula única de éxito, sino contar cómo fue encontrando oportunidades y qué hizo para aprovecharlas.

Uno de sus principales mensajes fue la perseverancia, y explicó que una carrera científica no alcanza necesariamente con saber más pero también influyen el momento, las oportunidades, la capacidad para relacionarse y sobre todo, la constancia.

"Tenés que ser constante, perseverante y vas a perder mucho, pero en algún momento se te va a dar", sostuvo aunque reconoció que los profesores le sembraron la inquietud.

Su propia trayectoria parece confirmar esa idea ya que la beca no llegó como resultado de un plan perfecto, sino que hubo oportunidades, decisiones y también muchos intentos.

Gutiérrez contó que, cuando comenzó a buscar becas y posibilidades de formación, enviaba numerosos correos electrónicos a empresas, asociaciones y organizaciones, y de decenas de mensajes que envió, apenas recibían respuesta de unos pocos. Con el tiempo comprendió que también debía cambiar la manera de presentarse, en lugar de limitarse a pedir una oportunidad, empezó a explicar qué podía aportar, qué conocimientos tenía y qué estaba dispuesto a hacer. "No es seguir, pedir, pedir, pedir, es ofrecer", dijo y recordó que esa experiencia se convirtió en otra de las enseñanzas que pretende dejar a los jóvenes, animarse a buscar, preguntar, insistir y al mismo tiempo, mostrar qué puede aportar uno.

Hoy ya establecido desde Japón, mira aquel recorrido con otra perspectiva. El chico de San Pedrito que comenzó estudiando en la Escuela Normal, pasó por la escuela técnica y luego llegó a la universidad terminó trabajando en uno de los campos científicos más sofisticados.

Si bien no se fue pensando que iba a quedarse, surgió una oportunidad y luego otra. "Me fue llevando todo esa vorágine", dice al recordar el camino que comenzó con una beca y terminó convirtiéndose en una vida entera al otro lado del mundo.

"Armé mi familia allá", respondió y es que en Japón también tiene su esposa que es china y sus tres hijas que nacieron en Japón, dos en Okinawa y una en Saitama, cerca de Tokio. Entre ellos conviven distintos idiomas y culturas. Gutiérrez reconoció que, después de tantos años, ya está establecido en ese país.

A pesar de la distancia, su vínculo con Jujuy permanece. Su madre y sus hermanos continúan en la provincia y él recordó con gratitud la formación recibida en la universidad pública. También reivindicó aquellos primeros años de estudio, desde la escuela hasta la carrera universitaria, como parte de un camino que lo llevó a Japón.

La matemática aprendida durante su formación técnica en la EET N° 1 contó, incluso le sirvió para enfrentar el primer año de Ingeniería Informática, en las materias que entonces le parecían más difíciles.

Su historia, sin embargo, no la contó como una excepción imposible de repetir. Al contrario, insistió en que las distancias, el lugar de origen o la falta de certezas no deberían convertirse en barreras definitivas para quienes quieren estudiar o construir una carrera.

En su visita a Jujuy, explicó que el potencial está en los jóvenes y que hacen falta oportunidades y herramientas para que puedan desarrollarlo. Y quizás esa sea la parte más jujeña de su historia, haber llegado muy lejos sin dejar de recordar desde dónde comenzó.

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#politica#2026#fui#japon#para#maestria#doctorado#jujuy
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