Manuel Belgrano y los sectores populares
Dra. María Mercedes Tenti, Academia Nacional de la Historia.

Dra. María Mercedes Tenti, Academia Nacional de la Historia.
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Manuel Belgrano y los sectores populares Manuel Belgrano y los sectores populares
Este trabajo se propone indagar en los escritos de Belgrano su pensamiento con relación a los sectores populares. Imbuido de las ideas propias de la monarquía ilustrada y la fisiocracia, advirtió la importancia de incluir a estos grupos, en cualquier tipo de proyecto político valedero. Un amplio margen de actores sociales emerge como sujetos de derecho, aplicando concepciones propias de la ilustración que no sólo se circunscribían a la élite criolla peninsular, sino que también abarcaban a sectores subalternos.
Para analizar el rol que desempeñaban en el pensamiento belgraniano estos sectores, se examinaron las Memorias del Consulado, su Autobiografía, correspondencia y documentos que permiten conjeturar cómo pudo visualizar la importancia que tenían, tanto para el virreinato decadente como para la nación emergente, lograr el empoderamiento de quienes eran considerados individuos marginales, que no tenían acceso a la educación ni a una vida más digna pero que, sin embargo, integraban la mayor parte de la población de entonces.
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Se eligió la categoría analítica de sectores populares ya que se entiende que, por entonces, no podría aplicarse la categoría de clase social para el Río de la Plata, por no constituir un grupo homogéneo ni integrado, además de no contar con los elementos propios asignados a una clase social, según autores clásicos como Marx, Weber, Giddens o Thompson , por citar los más estudiados. Para el Río de la Plata, Di Meglio utiliza la categoría clases populares, incluyendo a los no blancos, en inferioridad jurídica, pobres, sin ocupaciones definidas, ocupados predominantemente en actividades manuales, analfabetos, esclavos, indígenas, etc.
La visión de Belgrano hacia los sectores populares como funcionario del Consulado
Creado el Consulado de Buenos Aires en 1794, Belgrano como secretario, comenzó a escribir las memorias anuales que sintetizan gran parte del pensamiento traído desde Europa. En 1797 escribía un verdadero principio sociológico, al considerar que la mayor riqueza de un país es su población, por ello, a los sectores más humildes debía proporcionarse los elementos para que pudiesen salir de la pobreza y del analfabetismo. Educar a los campesinos en las tareas necesarias para el cultivo les permitiría salir de la ignorancia , al igual que la protección jurídica a trabajadores y pobres, a través de un cuerpo judicial «…que dispense toda la protección posible a las gentes infelices» .
Manifestaba cómo había visto con dolor muchos hombres ociosos cubiertos de miseria y desnudez, sin un oficio útil. Por ello afirmaba: «Estos miserables ranchos, donde ve uno la multitud de criaturas que llegan a la edad de pubertad sin haber ejercido otra cosa que la ociosidad, deban ser atendidos hasta el último punto» . La solución a esta problemática era crear fuentes de trabajo para los sectores populares –hombres y mujeres- y propiciar su educación para capacitarlos en nuevos quehaceres útiles a la sociedad que les permitieran vivir dignamente, a la vez que fomentar la industria del país y las manufacturas locales.
Meses antes de producida la Revolución de Mayo, desde la dirección del periódico Correo de Comercio se puede también vislumbrar su doctrina y pensamiento, preocupado por la miseria e infelicidad de los labradores. Una de sus causas más importantes, a su juicio, era la falta de propiedad de las tierras que trabajaban de manera primitiva, por ello sostenía: «Remediemos en tiempo la falta de propiedad, convencidos de lo perjudicial que no es: es preciso atender a los progresos de la patria, y esos no los obtendremos sin que nuestros labradores sean propietarios: esto interesa a la Nación, al Gobierno, y aún a los particulares…» En consecuencia, Belgrano defendía la idea que la tierra debía ser para quien la trabaje y se oponía a la acaparación ambiciosa de campos en grandes proporciones (latifundios), que ocupaban sólo una parte de los terrenos y excluían a los antiguos poseedores, a los que debía darse las tierras, no en arrendamientos sino en enfiteusis .
Concomitantemente, Belgrano abogaba por la defensa del derecho de trabajar, «…unido a la propia conservación y subsistencia» , de lo contrario se condenaba a los 'infelices' a la ociosidad, al abandono y a una vida miserable. La visión de la vida desdichada que llevaban los sectores subalternos lo conducía a impulsar en su Memoria de 1796, el establecimiento de escuelas gratuitas «…donde pudiesen los infelices mandar a sus hijos sin tener que pagar cosa alguna por su instrucción; allí se les podría dictar buenas máximas e inspirarles amor al trabajo, pues en un pueblo donde no reine este, decae el comercio y toma su lugar la miseria» . Como se ve, su pensamiento giraba en torno a sacar a estos sectores carenciados de la miseria y la ignorancia, a la vez que inculcarles amor al trabajo.
Los pueblos de indios de las Misiones
Una vez producida la Revolución de Mayo, Manuel Belgrano emprendió la expedición al Paraguay, encomendado por la Junta Provisional Gubernativa en lograr la adhesión del gobierno paraguayo al proceso revolucionario. A pesar de la propuesta de un armisticio, de Belgrano a ese gobierno, se enfrentaron primero en Campichuelo, donde obtuvo una pequeña victoria, pero luego fue derrotado en Paraguarí y Tacuarí.
A fines de 1810, instalado su campamento en esta última localidad, pudo advertir Belgrano de las condiciones en que se encontraban los nativos de los denominados Pueblos de las Misiones, por ello, elevó a la Junta un petitorio con un reglamento de organización de dichos pueblos, diseñado para garantizar la libertad, propiedad y seguridad de las poblaciones originarias. En este documento se destaca el reconocimiento de los indígenas como hombres libres e iguales ante la ley. Consideraba que debía entregarse a los guaraníes sus propias parcelas, eximirlos del pago de tributos por diez años y permitirles elegir sus propias autoridades. Cada pueblo debía tener sus escuelas y se debía conservar y enseñar la lengua nativa junto al español.
Educación para niños y niñas pobres
En la memoria del Consulado de 1896 se puede sintetizar el pensamiento belgraniano sobre la educación de niñas y niños pobres:
"¿Y de qué modo (…) corregir la ignorancia? Estableciendo una escuela de agricultura, donde a los jóvenes labradores se les hiciesen conocer los principios generales de la vegetación y desenvoltura de las plantas; donde se les enseñase a distinguir cada especie de tierra por sus producciones naturales y el cultivo conveniente a cada una; los diferentes arados que hay y las razones de preferencia de alguno según la calidad del terreno; los abonos (…) el cuidado que se debe poner en las tierras sembradas, el modo de hacer y recoger una cosecha (…) Premiando a cuántos en sus exámenes diesen pruebas de sus adelantamientos, franqueándoles instrumentos para el cultivo y animándolos por cuantos medios fuesen posibles, haciéndoles los adelantamientos primitivos para que comprasen un terreno proporcionado en que pudiesen establecer su granja y la semillas que necesitasen para su siembra (…)
(…) Igualmente se deben poner escuelas gratuitas para las niñas donde se les enseñase la doctrina cristiana a leer, escribir, coser, bordar, etc. y principalmente inspirarles el amor al trabajo para separarlas de la ociosidad tan perjudicial o más en las mujeres que en los hombres, entonces las jóvenes aplicadas usando de sus habilidades en sus casas, o puestas a servir no vagarían ociosas, ayudarían a sus padres (…) Criadas en esta forma serían madres de una familia útil y aplicada; ocupadas en trabajo que les sería lucroso tendrían retiro, rubor y honestidad (…)
(…) No me olvido lo útil que sería el establecimiento de escuelas de hilazas de lana para igualmente desterrar la ociosidad y remediar la indigencia de la juventud de ambos sexos (…) Con él se daría ocupación a las gentes pobres, y especialmente a los niños, y aún a aquellas que no pudiesen abandonar sus casas se les podrían franquear la lana y utensilios para su hilado (…)"
Este fragmento es una de las piezas fundamentales del pensamiento de Manuel Belgrano durante su etapa como Secretario del Consulado. En él se condensa su proyecto económico, social y educativo para el Virreinato del Río de la Plata, ya que le preocupaba la profesionalización del agro y una especie de reforma agraria de la época, influido por la fisiocracia. De su plan no estaban ausentes las mujeres, a quienes había que enseñarles a leer, escribir, coser y bordar con el fin de que pudiesen buscar un oficio rentable. Tanto para unos como para otras el trabajo era fundamental para combatir la 'ociosidad', desterrando la mentalidad colonial de que la pobreza estaba asociada a la vagancia.
Conclusiones
A partir del análisis documental realizado, se puede concluir que el pensamiento de Manuel Belgrano respecto a los sectores populares estuvo signado por una profunda matriz ilustrada y fisiócrata, que superó los límites de las élites criollas de la época. A través del examen de sus Memorias del Consulado, escritos periodísticos y el Reglamento para las Misiones, queda demostrado que Belgrano no consideraba a los sectores subalternos como sujetos pasivos o marginales, sino como actores fundamentales para la viabilidad de cualquier proyecto político y económico, ya sea bajo el reformismo borbónico o en los albores de la nación emergente.
Asimismo, la utilización de la categoría analítica de "sectores populares" (en sintonía con autores como Di Meglio) resulta plenamente operativa para el período estudiado. Al no existir una estructura de clases sociales homogénea en el Río de la Plata, el concepto engloba con precisión a esa diversidad de indígenas, campesinos y desposeídos a quienes Belgrano buscó dignificar. En definitiva, sus propuestas de acceso a la propiedad de la tierra a través de la enfiteusis, la educación pública y gratuita para ambos sexos y el reconocimiento de la igualdad jurídica de los pueblos originarios, sitúan a Belgrano como un pionero del reformismo social en la región, cuya visión de inclusión y dignidad sentó las bases conceptuales de la ciudadanía moderna.
Para Belgrano, el progreso económico del Virreinato era indisoluble de la elevación social de sus habitantes. Poseía una visión de vanguardia, para fines del siglo XVIII, al incorporar activamente a las mujeres en su proyecto de desarrollo. Al proponer su educación y formación en oficios rentables rompió con el molde colonial de la marginalidad femenina, otorgándoles un rol clave en la economía doméstica y en la formación de las futuras generaciones. También introdujo un quiebre fundamental respecto a la mentalidad de su época: dejó de entender la pobreza como un defecto moral o un sinónimo de "vagancia", para pasar a interpretarla como una consecuencia estructural de la falta de educación y oportunidades.
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
Di Meglio, Gabriel (2012): Historia de las clases populares en la Argentina desde 1516 hasta 1880; Buenos Aires, Sudamericana.
Dib, Matías (2019): Ideario de Belgrano; Buenos Aires, Instituto Nacional Belgraniano.
Documentos para la Historia del General Manuel Belgrano (1998): Tomo 3, Vol. 1, 1792-181; Instituto Nacional Belgraniano, Buenos Aires.
Moya, Armengol (1956): Belgrano; Archivo Histórico, Biblioteca y Museo de la Provincia del Chaco, Resistencia.


