Macron desplegó el oro, los espejos y la historia de Versalles para cortejar a Trump
El presidente francés invitó a Trump a una cena con toda la pompa en el célebre palacio real para cimentar la relación bilateral, como hizo con otras personalidades; allí firmó el acuerdo con Irán
El presidente francés invitó a Trump a una cena con toda la pompa en el célebre palacio real para cimentar la relación bilateral, como hizo con otras personalidades; allí firmó el acuerdo con Irán
VERSALLES.– ¿Qué mejor que Versalles para deslumbrar a Donald Trump? Emmanuel Macron, satisfecho con su cumbre del G7, lo recibió el miércoles para una cena en el palacio, un fastuoso cierre de oro para un viaje en el que el presidente estadounidense se mostró particularmente complaciente.
Trump explicó el atractivo en una sola frase: "Versalles no es oro artificial; Versalles es lo auténtico". Para Emmanuel Macron, ese era precisamente el punto. Las cosas le salieron tan bien al presidente francés que bajo los techos del palacio Trump firmó el acuerdo con Irán.
Trump partió de Evian a primera hora de la tarde y fue recibido calurosamente a la entrada de Versalles, a la luz del atardecer, por Macron y su esposa Brigitte, a quien besó en la mejilla.
El Palacio de Versalles, cerca de París, fue elegido para esta cena que celebra los 250 años de la independencia estadounidense. El Elíseo destaca que se trata de un "lugar emblemático de la amistad" franco-estadounidense, ya que allí se firmó un tratado en 1783.
Pero el palacio del Rey Sol también es "algo impresionante", admitió Trump, cuya pasión por el oro no necesita explicación.
El presidente francés abrió de par en par el palacio de Luis XIV a su par estadounidense este miércoles por la noche para una recepción privada, un espectáculo y una cena con motivo del 250º cumpleaños de la unión norteamericana.
En un momento turbulento para la alianza transatlántica, ayudó a Macron a mantener abierto un canal personal mientras ambos gestionban sus diferencias sobre Irán, Ucrania y los aranceles.
El presidente francés evitó así que Trump se marche antes de tiempo de una cumbre del G7, como hizo el año pasado en Canadá. "Soy fan de los lugares bonitos", dijo Trump a los periodistas, y precisó que pensaba irse más temprano hasta que "un hombre muy agradable" lo invitó a cenar.
Para que pudiera apreciarlo en toda su magnitud, Emmanuel Macron le organizó una visita privada, que incluyó la Galería de los Espejos, una muestra dedicada a la guerra de independencia de Estados Unidos y un concierto en la capilla real.
El recorrido fue interrumpido por una conversación telefónica de ambos presidentes con su homólogo ucraniano, Volodimir Zelensky, por iniciativa de Macron, según el Elíseo. Zelensky dijo haber hablado con ellos sobre las discusiones de la cumbre del G7.
Macron y Trump cenaron luego en la suntuosa Galería Baja. El menú incluyó un aperitivo a base de cerdo negro de Bigorre, un plato de espárragos blancos y aves, una bandeja de quesos (franceses) y pastel de chocolate.
Unas treinta personas disfrutaron de este banquete, entre ellas representantes de los gobiernos estadounidense y francés, así como del sector empresarial, entre quienes se encontraban los grandes ejecutivos Bernard Arnault (LVMH), Patrick Pouyanné (TotalEnergies) y Rodolphe Saadé (CMA CGM).
Tres horas después de su llegada, Trump fue acompañado al vehículo que lo llevaría al aeropuerto alrededor de la 1 del jueves (hora local) por el matrimonio Macron, de quienes se despidió antes de partir.
La bienvenida también cumplió un propósito práctico. En una entrevista a principios de semana con la cadena francesa TF1, Macron afirmó que Trump "necesita quedarse hasta el final" para ayudar a completar los acuerdos de la cumbre.
Quizá sea la mayor demostración de poder blando al alcance de un presidente francés: Versalles, la Galería de los Espejos, los jardines del Rey Sol y varios siglos de grandeza nacional cuidadosamente pulida.
"Versalles es una herramienta diplomática y un instrumento de influencia", manifestó Macron este miércoles, al comparar la diplomacia con el fútbol. "Ya sea que juegue en casa o fuera, mi objetivo es hacer goles. Y cuando recibo a otros equipos, intento darles una buena bienvenida".
Francia tiene poca influencia económica o militar sobre Washington, así que la pompa es una de sus pocas palancas, incluso cuando su uso en otros lugares ha arrojado resultados dispares.
Macron y Trump han chocado a menudo por cuestiones de política. Su relación ha perdurado en parte porque Macron entiende el poder de la atención personal, los escenarios dramáticos y una invitación en el momento oportuno.
Su primer encuentro en 2017 produjo un apretón de manos tenso que se convirtió al instante en un símbolo de su relación competitiva. Meses después llegó una cena dentro de la Torre Eiffel y un lugar de honor en el desfile del Día de la Bastilla en Francia.
Versalles ahora intensifica esos esfuerzos, al permitir que un presidente francés envuelva un encuentro político moderno en la escala y la autoridad de la historia nacional. "Es una demostración de poder blando basada en edificios duros", observó Denis Lacorne, profesor de estudios estadounidenses en la universidad Sciences Po.
Macron ya ha utilizado el palacio anteriormente: allí recibió presidente ruso Vladimir Putin en 2017 y más tarde agasajó al rey británico Carlos III y a la reina Camilla con una cena de Estado.
Versalles ha sido un escenario predilecto para que los líderes franceses honren a invitados extranjeros durante más de tres siglos, indicó el palacio a The Associated Press. Sigue siendo "un lugar al servicio de la diplomacia francesa".
Con Trump, el escenario tuvo una resonancia adicional. El exdesarrollador inmobiliario considera la arquitectura como una declaración de estatus, éxito y poder. Ha buscado erigir un legado en piedra, con planes para un nuevo salón de baile en la Casa Blanca y un arco triunfal de 76 metros que se asemeja al Arco de Triunfo de París.
Los medios franceses informaron que la velada incluyó una visita a la Galería de los Espejos y un espectáculo con fuegos artificiales y fuentes de agua.
La Galería de los Espejos fue en su día una proeza tecnológica: 357 espejos colocados en 17 arcos a lo largo de una galería de 73 metros, que demostraban que los fabricantes franceses podían rivalizar con los célebres vidrieros de Venecia.
También se construyeron para multiplicar la imagen del rey. Cada entrada real rebotaba en el vidrio, y un invitado moderno recibe el mismo trato. "Quien entre allí se ve reflejado muchísimas veces, de un espejo a otro", señaló Lacorne. Para un presidente que ha pasado su segundo mandato decorando con adornos dorados el Despacho Oval, el atractivo es evidente, añadió.
Trump llega, en cierto sentido, a un edificio que ha citado durante años: ha dicho que modeló el salón de baile de Mar-a-Lago a partir de Versalles.
Trump recuerda el espectáculo y a menudo se lo lleva a casa. En el desfile del Día de la Bastilla de 2017 hubo tanques, caballos y bandas de música en los Campos Elíseos, mientras aviones de combate dejaban estelas de humo rojo, blanco y azul al surcar el cielo.
Trump lo calificó como "uno de los mejores desfiles que he visto en mi vida". "Vamos a intentar superarlo",dijo ya de vuelta en Washington,donde empezó a presionar para organizar un desfile militar. En 2025, finalmente presidió un gran desfile por el aniversario del Ejército a través de la capital.
China empleó una diplomacia deslumbrante cuando recibió a Trump para una "visita de Estado plus" en 2017, que incluyó un inusual recorrido por su Ciudad Prohibida, una experiencia que antes estaba reservada para los emperadores.
Reino Unido ofreció su propia versión el septiembre pasado, al recibir la segunda visita de Estado de Trump con tropas montadas, una procesión en carruaje y un banquete en el Castillo de Windsor.
El brillo es la parte fácil. La pompa diplomática ha halagado claramente a Trump, quien calificó el banquete de Windsor como uno de los mayores honores de su vida. Pero parece haber arrancado pocas concesiones. El "bromance" entre Macron y Trump se ha endurecido hasta convertirse en algo más áspero y más transaccional.
Trump ha amenazado con aranceles de hasta el 100% al vino francés y al champán en medio de una disputa comercial más amplia. Francia se opuso a la guerra contra Irán, incluso mientras Macron presionaba a Washington para que siguiera respaldando a Ucrania.
En Francia, la cena suscitó críticas. "Debemos aprender de una vez por todas a vivir sin Trump", indicó Jean-Luc Mélenchon, el veterano líder de la extrema izquierda.
"No nos avergoncemos de lo que somos. Versalles es un instrumento diplomático y un instrumento de poder", afirmó Macron.
Versalles le da a Macron algunas ventajas, según los expertos: siglos de historia diplomática, un escenario hecho a la medida de Trump por la ceremonia y un palacio ya familiar para los cientos de miles de estadounidenses que lo visitan cada año.
La historia aconseja cautela. Ronald Reagan cenó bajo esos mismos espejos al margen del G7 de 1982, y los desacuerdos centrales sobrevivieron al esplendor.
Agencias AP y AFP


