Las distintas caras que mostró el ataque argentino
El regreso al gol de Julián, el festejo de Lautaro y una menor dependencia de Messi que en los primeros partidos. También hay apuntes negativos como el tramo en el que el equipo se retrasó y aisló a los de arriba.

El regreso al golde Julián, el festejo de Lautaro y una menor dependencia de Messi que en los primeros partidos. También hay apuntes negativos como el tramo en el que el equipo se retrasó y aisló a los de arriba.
El partido de Argentina en ataque se divide en tres partes. Un buen arranque, con Mac Allister participativo en esa fase a través de un remate y dos cabezazos, el segundo para el gol. A partir de ahí, en una segunda instancia, Argentina se retrasó mucho en campo, apostó demasiado a la segunda pelota y Suiza tuvo el control del partido. Hasta que llegó el gol del empate y luego la expulsión, dos puntos de quiebre para marcar una tercera versión ofensiva.
La menos efectiva de estas tres facetas fue la que tuvo el equipo luego del 1-0. Se caracterizó mucho por disputar la segunda pelota y no por un juego fluido. Es cierto que ya a Julián Álvarez se lo veía mejorado, presionando la salida del rival, peleando todas las pelotas y robando varias, pero el equipo después del gol se recostó demasiado en la ventaja conseguida y durante una buena parte del partido no logró herir a Suiza.
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El mediocampo no lograba hacerse de la pelota: Paredes fue el único que mantuvo el nivel pero ni Enzo ni De Paul estaba bien y Mac Allister era la única de las segundas guitarras de ese medio que acompañaba en función de ataque. Por supuesto, después de la expulsión que sufrió Suiza, el partido cambió y lo que hay que destacar es que Argentina hizo cuatro cambios ofensivos. O sea: sobre seis variantes, en cuatro de ellas Scaloni puso un jugador más ofensivo del que salía. Nico González por Tagliafico, Lautaro por De Paul, Almada por Enzo Fernández y el Flaco López por Paredes fueron esas cuatro modificaciones.
Está claro que el 11 contra 10 invitaba a buscar el partido y fue lo que hizo Argentina, pese a que el Mundial ya ha demostrado que en una jugada, en una contra, se puede perder un partido. No hay mejor demostración que lo que ocurrió contra Egipto, cuando el equipo se repuso a tiempo.
Algunos apuntes positivos:
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el golazo de Julián Álvarez, un regreso esperadísimo en un partido determinante.Lautaro entró y pudo meter su gol para liquidar el partido (y no fue de penal). los remates repartidos, a diferencia de lo que había sucedido en los primeros partidos, cuando Messi monopolizaba los goles y era por lejos el que más remataba al arco.
En aquellas primeras presentaciones, 13 de los 22 disparos habían sido del capitán, con apenas una participación de Lautaro Martínez y dos de Julián. La diferencia con lo que ocurrió en esta oportunidad es inmensa: Messi, 4; Mac Allister, 4; Álvarez, 3; Almada, 3; Lautaro, 2; Lisandro, 2; Nico González, 2; Molina y Cuti, 1.
Un movimiento interesante que pudo apreciarse, pese a que no se trata de la primera opción del técnico, es que al retrasarse Messi en el campo a una posición sobre la derecha, Julián pudo jugar de mediapunta y Lautaro ir más al área. Es una gran noticia para un equipo que recibió una nueva señal de alerta. En el Mundial los obstáculos se hacen cada vez son mayores y ahora se viene Inglaterra, que es otro tipo de equipo.

