La persecución por la perfección está matando al fútbol
El VAR, asociado a la justicia, presenta una contradicción muy importante: la injusticia de eliminar las discusiones. La idea de entelequia futbolística parece estar arruinando al juego.

El VAR, asociado a la justicia, presenta una contradicción muy importante: la injusticia de eliminar las discusiones. La idea de entelequia futbolística parece estar arruinando al juego.
Desde la utilización del VAR a nivel global, el fútbol eligió seguir un camino que, pese a los esfuerzos, jamás podrá abandonar. La tecnología, como explicó el filósofo canadiense Marshall Mcluhan, amplía algunos sentidos, pero también acorta otros, y el gol -no gol, finalmente- de Croacia en el último minuto es la representación ideal. El toque, imperceptible a los ojos, y más en un contexto mundialista donde todo parecía definido hasta que los croatas casi tuercen el destino, fue decretado por un electrocardiograma similar a la telemetría de los autos de Fórmula 1. Según el reconocido autor, los cambios tecnológicos generan cambios irreversibles, alterando nuestra forma de pensar, nuestra cultura y la forma en que vemos el mundo.
La llegada de la asistencia por video ha modificado las conductas arbitrales, y es notorio, sin decirlo como una crítica, que hoy se dirige con la tranquilidad o el nerviosismo de contar con la tecnología. Se puede, incluso, cobrar por las dudas, o, lo que es aún más común, no cobrar por las dudas. ¿Hasta qué límite llegará la tecnología en el fútbol? ¿En 20 años, existirán los árbitros como los conocemos hoy en día?
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Aunque contestar sería hacer futurología, lo cierto es que la tendencia parece indicar que el límite no existe. Gracias a la idea de "justicia" que trajo el VAR, distinta a la que conocíamos previo a su aplicación masiva, parece haber cada vez menos espacio para las decisiones humanas. La vista del juez, y la de los millones de televidentes, no percibieron el toque, y en Qatar 2022, sin ir más lejos, todo habría terminado en un saque del medio para los portugueses.
La entelequia futbolística, al menos en lo reglamentario, genera una contradicción tal que parece estar atentando contra los árbitros, parte fundamental del juego desde su inicio, y contra las reglas en sí mismas. Si un jugador rival da el pase, quien esté en offside podrá participar de la jugada sin pena alguna. Es simple, todos lo entienden, y con el VAR se puede determinar -eso parecía hasta Croacia vs. Portugal- si alguien la rozó o no, pero el camino a la perfección no aclaró las cosas sino que las dificultó haciéndolas hasta inentendibles.
En otras disciplinas la tecnologización de los arbitrajes también obedece a la idea de un mundo ideal sin injusticias, que, además de dar cuenta de una "ingenuidad" casi perversa, habla de la mayor injusticia de todas que es eliminar las discusiones alrededor de cualquier situación. En la NFL, el ovoide tiene un chip que sirve para determinar si un equipo alcanzó las yardas del primero y 10; en el tenis el Live Electronic Line Calling (ELC), un sistema de cámaras instalado en todos los torneos desde nivel 250 en adelante, está reemplazando a los jueces de línea, extintos en todos los Grand Slams a excepción de Roland Garros; en la NBA anunciaron que durante la Summer League la pelota tendrá un chip para medir datos en tiempo real que se podrán utilizar para tomar decisiones arbitrales.
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Por eso, la pregunta no tiene respuesta, el límite no existe, al menos no el que sea justo para todos, pero la idea de perfección que persigue el fútbol, y los deportes en general, encierra una incompatibilidad muy grande dentro: atentan contra el espíritu de los juegos, los vuelven menos populares, los dificultan a niveles innecesarios para su normal desarrollo y hacen inentendibles situaciones en las que buscan despejar todas las incógnitas dejando como resultado una única respuesta posible.


