La conferencia más incómoda de Boca: cuando Bianchi dejó hablando solo a Macri
Hoy hace 25 años, el presidente interrumpió al DT con una exigencia: que explicara por qué no había querido renovar el contrato. Minutos antes, durante el 6-1 de Boca a Lanús, los simpatizantes habían apoyado al Virrey y criticado a las autoridades.

Hoy hace 25 años, el presidente interrumpió al DT con una exigencia: que explicara por qué no había querido renovar el contrato. Minutos antes, durante el 6-1 de Boca a Lanús, los simpatizantes habían apoyado al Virrey y criticado a las autoridades.
El 23 de septiembre de 2001, hoy hace un cuarto de siglo, Boca vivió en la Bombonera un domingo que reunió lo más festivo y doloroso del sentimiento xeneize. En pocas horas convivieron la placidez de un show de fútbol y una nueva goleada a cargo del mejor equipo de la historia del club con la incomodidad de un enfrentamiento abierto entre los hinchas y parte de la dirigencia (y también la barra brava) y, posteriormente, una pelea pública entre Carlos Bianchi y Mauricio Macri.
Primero, durante el partido por la 7ª fecha del Apertura 2001 -que finalmente ganaría Racing después de 35 años sin títulos locales-, el equipo del Virrey y Juan Román Riquelme apabulló 6-1 a Lanús en una tarde que además dejó para el anecdotario un gol del japonés Naohiro Takahara, el único en su marketinero paso por Boca. Pero a continuación, ya en la conferencia de prensa -y luego de una jornada en la que muchos hinchas habían cargado en contra de la dirigencia, que a su vez estaba distanciada del plantel-, se desataría una discusión volcánica entre el técnico más ganador del club y el presidente que también sumó más títulos.
En el Everest de su historia, aquel Boca era el vigente bicampeón de América y del mundo. A los triunfos en 2000 contra el Palmeiras por la Copa Libertadores y el Real Madrid por la Intercontinental, a fines de junio de ese mismo 2001 -es decir tres meses atrás- le había sumado otro título de América, el segundo consecutivo. A final de año esperaba el Bayern Munich, también en Japón, por la Intercontinental, pero no era el único asunto a resolver: el contrato de Bianchi también vencía en diciembre de 2001.
Dos días antes del Boca 6-Lanús 1, el Virrey -que además había ganado otros tres títulos, el Apertura 1998 y Clausura 1999, cuando Boca permaneció 40 partidos invicto, más el Apertura 2000-, había realizado un anuncio sorpresivo. Al terminar el entrenamiento matutino del viernes 21 de septiembre de 2001, Bianchi comunicó a la prensa que no continuaría en Boca luego del 31 de diciembre. Es decir, que no renovaría su contrato. El técnico había mantenido un par de reuniones para firmar un nuevo vínculo pero la relación con la dirigencia encabezada por Macri -en especial con dos de ellos, el vicepresidente primero, Pedro Pompilio, y el tesorero, Orlando Salvestrini- ya era tensa y en un momento terminó de romperse.
A Bianchi no le había gustado que, después de esos encuentros, hubiera trascendido el dinero que pretendía ganar. En verdad, el Virrey también hacía causa común con los jugadores, abiertamente enfrentados a los dirigentes tras la semifinal de la Libertadores 2001, de nuevo ante Palmeiras, cuando el plantel mostró una camiseta con la inscripción "Salvestrini al psicólogo" y lo insultaron en plena disputa por los premios. Con perfil alto y espíritu empresario, el tesorero había llegado a decir que, si pudiera, le cobraría el agua de la ducha a los jugadores.
El domingo 23 de septiembre, es decir dos días después de haber anunciado que no sería el técnico de Boca en 2002, la Bombonera se convirtió en un cabildo abierto que tomó partido a favor del técnico. En épocas en que los hinchas podían ingresar banderas con mensajes pintados con aerosol, varias frases a favor de Bianchi y en contra de la dirigencia fueron exhibidas en las tribunas en la previa del encuentro ante Lanús: "Bianchi te queremos. Boca es sentimiento, no empresa", "Bianchi no nos dejes. Te queremos", "¿Salvestrini DT? Gracias Bianchi" y "Gracias Bianchi. El hincha tiene memoria, la CD no". Las canciones en esa dirección no tardaron: "Salvestrini botón", "Que se quede Bianchi y se vaya la comisión" y "Renuncien todos, la puta que lo parió".
En su eterno oficialismo, la barra brava permaneció alistada a la dirigencia y no se sumó a los cantos a favor de Bianchi que encabezaron los hinchas genuinos, que entonces agregaron a los dueños de los paravalanchas como destinatarios de sus gritos: "Gritá por Bianchi la puta que lo parió", apuntaron hacia el Número 12. Los diarios de la época sumaron una lista de hechos sugerentes: 1) Cuando la Voz del Estadio anunció a los jugadores, la barra cantó más fuerte para tapar la ovación a Bianchi; y 2) Mientras el equipo calentaba, por los parlantes atronó la canción de Rodrigo en tributo a Diego Maradona, uno de los candidatos a reemplazar a Bianchi.
Boca, que venía de empatar 1-1 con River el domingo anterior en el Monumental, jugó como una sinfonía: Riquelme convirtió un gol de cabeza y fue la figura. Walter Gaitán y Marcelo Delgado aportaron, cada uno, dos tantos más, además del de Takahara. Pero todo eso sería letra chica cuando, minutos después del partido, llegaría la conferencia de prensa.
En principio no debía suceder nada extraordinario. Bianchi, apenas se sentó, aclaró que no hablaría sobre su contrato. Con el partido ante Lanús relegado a un segundo plano -Boca había arrancado mal el torneo y tras el triunfo estaba duodécimo en la tabla de posiciones, a ocho puntos del líder Racing-, lo más seductor que aparecía en el horizonte era el duelo ante el Bayern Munich, programado para dentro de dos meses, el 27 de noviembre. En eso estaba Bianchi, hablando de la posibilidad de retener el título del mundo, cuando a las 18.04 Macri irrumpió en la conferencia bajo el saludo "buenas tardes". Nadie esperaba al presidente.
Aunque Bianchi primero lo saludó de manera cordial con un "Qué hacés Mauricio", Macri no tenía planes amistosos. Luego de los cuestionamientos de los hinchas a los dirigentes -una pelea interna que el propio presidente calificaría de "situación penosa"-, el presidente pretendía que el técnico dijera que se iba por una decisión propia y no porque hubiera diferencias con los dirigentes y, en consecuencia, con él. Macri, en concreto, no quería pagar el costo político de no poder retener al técnico más ganador.
-Siguiendo con las sorpresas que empezaron el viernes -arrancó el dirigente, que todavía no se había lanzado a la carrera política que en 2007 lo llevaría a la jefatura de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y en 2015 a la presidencia de la Nación-, yo querría intercambiar con ustedes algunas cosas. El fin de semana me sorprendí cuando, a través de la prensa, pude apreciar que el problema que tiene nuestro querido técnico no es económico, sino con algunos directivos. Así como hace tres años y medio fui a España a hablar con él para ponerme de acuerdo en una forma de trabajo y tuve una dura batalla interna para darle la oportunidad de ser el director técnico, hoy quiero decirle que sigo pensando que es lo mejor para Boca a partir de diciembre y que estoy dispuesto a hacer lo mismo para que sigamos juntos. Pero bueno, si vos, Carlos, querés tirar la toalla y pensás que no vale la pena volver a remar, es tu decisión, pero yo estoy acá para hacer lo mismo que hice cuando te fui a buscar a Italia. O a España, ¿no?
Bianchi, sorprendido por la interrupción y acaso también para ganar tiempo, tomó un vaso de agua mientras un grupo de hinchas y de periodistas partidarios aplaudían a Macri. El micrófono quedó del lado del Virrey:
-Está bien, está bien -dijo el técnico, muy incómodo ante la exigencia del presidente.
-Perdón, perdón -retomó de inmediato Macri, envalentonado-. Vos tenés que darnos una respuesta. Los hinchas de Boca la merecemos. Merecemos que no haya malos entendidos como los que llevaron a una situación tan penosa como la que vivimos hoy, cuando Boca es una institución modelo. Así como el primer día explicamos cuál era nuestro proyecto, tenemos que explicar por qué el proyecto no sigue. Así las cosas se aclararán y yo también me termino de enterar, porque tal vez estoy equivocado.
-Recién me preguntaron sobre el contrato y dije que no iba a hablar -respondió Bianchi, aunque sin acceder al pedido de Macri-. Yo tomé la decisión de no prolongar el contrato con Boca, no renuncio. No prolongo el contrato a partir del 1º de enero y ya está. No tengo por qué decir las causas. No hagamos como esos programas que pasan a las tres, cuatro de la tarde (por los programas de TV de espectáculos). Tengo 52 años y no estoy para eso.
-Pero vos no entendés que hay gente que pone en boca tuya palabras que no dijiste -insistió Macri, dispuesto a no quedar como el culpable de la salida de Bianchi-. Si querés tanto a esta institución, necesito que, por el bien de Boca, digas que es una decisión tuya y todos la respetaremos, que no tiene nada que ver con directivos que, además, están dispuestos a irse. Quiero que vos le aclares a la gente porque no me gusta que se divida la familia de Boca porque vos guardás silencio. No es justo para la gente de Boca que no sepa cuál es el problema. Si hay algo que pueda hacer Boca para que vos te quedes, Boca lo va a hacer. Como máxima autoridad del club lo puedo comprometer.Pero vos tenés que decir "Boca no puede hacer nada y el tema es una decisión mía, quiero dar por terminado un ciclo".
-Ya lo dije, es una decisión mía. Ya está-, insistió Bianchi, ya a punto de perder la paciencia.
-Pero porque no hay ningún motivo como los que dice la prensa-, intentó forzar Macri, aunque ya en vano.
Fue entonces que Bianchi lo dejó hablando solo. El técnico se levantó, enfiló hacia la puerta de la sala de conferencia de prensa y se despidió de los periodistas, mientras Macri jugaba su última carta: "No, no, tenés que aclararlo por el bien de la familia de Boca. No corresponde que te vayas". Ya con el técnico fuera de la sala, el presidente lamentaría "no poder haber aclarado este tema" mientras Bianchi les diría a sus allegados a los pocos minutos, próximo a dejar la Bombonera: 'Éste me quiere poner en evidencia delante de todos. Tengo 52 años, no me puede decir esto. Si yo empecé vendiendo diarios'.
Con el escándalo en todos los programas, no sólo en los de espectáculos, Macri y Bianchi convocaron a una conferencia de prensa a las 48 horas, el martes 25 de septiembre, antes de un partido descartable ante el Vasco da Gama por la Copa Mercosur. Boca ya estaba eliminado y presentó suplentes: apenas 2.000 personas acudieron a la Bombonera. En su presentación compartida ante la prensa, Macri pidió perdón por su irrupción del domingo anterior.
"La calentura fue la que me hizo decir 'Voy a sentarme con Carlos' para intentar una vez más convencerlo de que se quede. Sin duda fue intempestiva mi entrada, acaso sorpresiva. Pero fue movilizada por la pasión. Por eso quiero pedir disculpas, por las formas del domingo, y pedirles a los hinchas, al cuerpo técnico, a los directivos y a los jugadores, que sigamos unidos hasta fin de año para confirmarle al mundo que Boca es uno de los grandes del fútbol mundial", dijo el presidente. Pocos recuerdan que apenas dos días después, el jueves 27, el escándalo tendría otra consecuencia: Salvestrini, uno de los dos dirigentes (más) apuntados por Bianchi, presentaría su renuncia como tesorero.
Tras un 2002 en el que Oscar Washington Tabárez suplantó a Bianchi sin títulos, el Virrey volvió en 2003 a lo grande, otra vez campeón de América y del mundo. Atrás había quedado la tarde en la que también le había ganado la pulseada a la dirigencia.


