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Kenneth Charney: el caballero negro de Malta

Por Eduardo Lazzari.

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Kenneth Charney: el caballero negro de Malta
Kenneth Charney: el caballero negro de Malta

Por Eduardo  Lazzari.

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Kenneth Charney: el caballero negro de Malta Kenneth Charney: el caballero negro de Malta

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Las relaciones entre Argentina y Gran Bretaña han sido intensas a lo largo de los más de dos siglos de existencia de nuestro país, y han atravesado momentos de extraordinaria cooperación y otros de graves discrepancias, siendo sin duda el peor momento la Guerra de las Malvinas, librada entre las dos naciones entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982. 649 argentinos y 257 británicos dieron sus vidas defendiendo sus patrias.

El paso de los años ha servido, en muchos casos, para curar heridas, y sobre todo han sido protagonistas del inicio de la reconciliación entre los dos pueblos los veteranos de guerra de ambos bandos, que han podido hablar, abrazarse y homenajear en forma conjunta a los héroes mutuos, llegando al extraordinario ejemplo del inglés Geoffrey Cardoso y el argentino Julio Aro, que han sido candidatos al Premio Nobel de la Paz por su trabajo conjunto en la identificación de los héroes de Malvinas que estaban sepultados en el cementerio argentino de Darwin como "Soldado Argentino sólo conocido por Dios".

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Recuerdo la profunda emoción que me embargó cuando en diciembre de 2008 visité ese lugar sagrado y eran 122 las tumbas de argentinos de los que conocíamos sus nombres (nunca hubo NN entre los sepultados allí) pero no se había establecido la correspondencia entre esos nombres y los cuerpos enterrados. Hoy sólo quedan apenas cinco tumbas sin nombre. Los encuentros entre los enemigos de 1982, camaradas hoy, constituyen un momento de gran aprendizaje.

No hace tanto tiempo en la historia, para la cual décadas son apenas instantes, en los tiempos de las dos guerras mundiales, miles de argentinos descendientes de británicos participaron de las conflagraciones como parte de las fuerzas armadas aliadas. Mil de ellos se convirtieron en héroes para Gran Bretaña, dando su vida entre 1914 y 1918, y entre 1939 y 1945. De esos legionarios argentinos se destaca Kenneth Charney, el mayor as extranjero de la aviación británica en la II Guerra Mundial, a quien le dedicaremos estas columnas hoy.

El origen familiar y su vida en el país

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Kenneth Langley Charney nace el 28 de febrero de 1920 en Quilmes, en las afueras de Buenos Aires. Su padre había sido condecorado por su actuación durante la Gran Guerra y en 1918 viajó a la Argentina, radicándose en la ciudad en la que nacería su hijo. A los pocos meses, los Charney se trasladan a Bahía Blanca, alojándose durante años en el antiguo Gran Hotel Atlántico, ubicado en la esquina de Colón y Brown. Allí, el padre se convierte en ejecutivo de la compañía Anglo Meelxican Petroleum, proveedora de combustible para Aeroposta, la legendaria compañía aérea fundada en 1927.

Gracias al trabajo de su padre, Kenneth conoció a los primeros pilotos que cruzaron los cielos patagónicos, entre ellos a Antoine de Saint Exupéry, autor de "El Principito". Las travesuras del quilmeño en el sur bonaerense se convirtieron en legendarias: a los diez años tomó sin permiso el auto familiar y la policía lo detuvo por exceso de velocidad y durante su adolescencia comenzó a practicar vuelo en el aeródromo local. En 1933 la familia vuelve a mudarse, en esta ocasión a Rosario, donde Kenneth comenzó a noviar con Jean, una estadounidense. Para mediados de 1939 los Charney habían vuelto a las afueras de Buenos Aires, instalándose esta vez en Hurlingham. Por entonces, el jefe de familia era gerente general de la petrolera Shell. Era el tiempo de la II Guerra Mundial.

Legionario y as de la real fuerza aérea

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Charney se enroló como voluntario en la Real Fuerza Aéreas a los 22 años, bajo el número de legajo 112.709. Vale destacar que fueron más de 550 los pilotos argentinos que pelearon para los aliados. Kenneth comenzó la instrucción y fue destinado a los escuadrones de caza, revistando en el 91.

En mayo de 1942 fue enviado a Malta, reducto británico en el mar Mediterráneo. Allí se encuentra con Miguel Le Bas, un rosarino con el que van a realizar más de 200 misiones a bordo de los legendarios aviones cazas Spitfire. Kenneth bautizará todos sus aviones "Jean", por su novia.

Se destaca en la batalla de Malta, donde logra su primer derribo y adquiere un nombre legendario: "Caballero Negro", debido a su táctica de ir de frente contra los bombarderos alemanes, para dispersarlos y luego cazarlos uno a uno. Fue condecorado con la Cruz de Vuelo

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Distinguido por la conducción de su escuadrón, que fue fundamental para evitar la derrota británica. Como contrapartida, la pérdida de sus amigos argentinos lo vuelve triste y taciturno. Lo destinan a entrenamiento, teniendo a su cargo la preparación de nuevos pilotos para el combate.

En 1944 vuelve a pelear al frente del escuadrón 602, donde conoce al francés Pierre Clostermann, quien peleará bajo sus órdenes y llegará al récord de 23 derribos. En el frente de Normandía va a destacarse por una acción registrada en los anales de la historia militar: durante una exploración sobre Vimoutiers-Orbec-Lisieux, en Francia, descubre una columna del VII Ejército alemán y envía un legendario mensaje: "¡Manden a toda la Fuerza Aérea!". A los pocos minutos, cientos de aviones aliados bombardearon al enemigo, logrando la destrucción de 165 tanques. El mando aliado en tierra envió un mensaje a los pilotos: "Un millón de congratulaciones por el estupendo trabajo que están realizando".

Días después, el 13 de julio descubre una flotilla de cazas alemanes y comunica a su escuadrón: "Nueve amiguitos a las cuatro y por arriba". Logra allí el último de sus derribos. Charney es recibido por el rey Jorge VI en el Palacio de Buckingham, para ser condecorado, y es acompañado por el embajador argentino Miguel Ángel Cárcano. A fines de año es transferido al teatro de operaciones del Océano Pacífico, pero a pesar de los preparativos para la invasión de Malasia desde Sri Lanka, no llega a combatir. Alcanzó el título de as, con un score de ocho aviones enemigos derribados, cuatro posibles y ocho severamente dañados.

Llega el fin de la guerra y vale reproducir las palabras extraordinarias de su gran amigo y también héroe Closterman: "Vino el armisticio, como una puerta que se cierra… Aquella tarde la cantina parecía una extraordinaria velada fúnebre: los pilotos estaban desplomados sobre sus sillas, ni una conversación, ni un canto... La BBC transmitía… desde las calles de Londres y de París, donde la multitud estrepitosa daba rienda suelta a su alegría. Todos los ojos se dieron vuelta hacia el aparato y en esos ojos había una especie de odio. Estaba tan claro y era tan nuevo para mí... Uno a uno los pilotos se levantaron y en la cantina silenciosa no quedaron más que Ken, el barman indiferente y yo… Levanté mi mirada otra vez hacia Ken. No hubo necesidad de palabra, nos comprendimos.

Pasó media hora y entonces -lo juro- sentí que ellos estaban allí… Estaban todos aquellos amigos nuestros que una hermosa mañana habían partido con sus Spitfire y Tempest y que no habían vuelto nunca. Bien, Pierre, ¡éste es el final! Ya no van a necesitarnos más. Fuimos a acostarnos, con Ken cerrando suavemente las puertas para no despertar al barman, que dormía en su taburete. Todo terminó".

Su carrera aeronáutica en tiempos de Paz

En 1946 rompió con su novia debido al cansancio psicológico que la pérdida de sus compañeros de armas le había provocado. Siguió en la Real Fuerza Aérea y sirvió al último virrey de la India, lord Mountbatten. Hacia 1951, su audacia y temperamento le jugaron una mala pasada que pagó con una larga enfermedad: durante una prueba atómica en la zona de la isla Natividad, en el océano Pacífico, volando en su avión decidió atravesar el hongo que la detonación había provocado. Lo hizo para probar las consecuencias de la radiación en la aeronave. Decoló en el "Warrior", que tiempo después se convertiría en el "Independencia", el primer portaviones argentino. Fue agregado militar en Pakistán e instructor aéreo en Arabia Saudita. En 1970 se retiró de la RAF.

Su ostracismo y su muerte. La repatriación de sus restos

Charney se radica en España, quizá extrañando su idioma natal, pero no duró mucho allí y hacia 1975 se instala en Andorra. Sus amigos dicen que buscó un lugar para esquiar, escuchar buena música y disfrutar de la fotografía. En el combate contra sus recuerdos y su soledad, comenzó a beber en demasía, y poco tiempo antes de morir, en 1980 se casó con June Cherry. El 3 de junio de 1982 falleció este impresionante personaje en La Massana, devorado por un cáncer. Pocos asistieron a su entierro y no deja de llamar la atención que su muerte se produjo durante la guerra de Malvinas.

Kenneth Charney había soñado con reposar para siempre en su tierra natal. Claudio Maunier, un gran historiador bahiense, logró ubicar la ignota tumba en el Cementerio del Bosque de la Quera, en Andorra, y logró que se colocara una placa que dice: "Aquí fue enterrado Kenneth Langley Charney, héroe de la II Guerra Mundial". Finalmente, el 9 de mayo de 2015, un avión de Aerolíneas Argentinas repatrió su ataúd, y fue sepultado en el Cementerio Británico de Buenos Aires, la institución civil más antigua de la Argentina. Esta extraordinaria historia fue recuperada por Meunier, quien junto a Carlos A. García y Oscar Rimondi publicó el excelente libro "Alas de Trueno". También fue testigo privilegiado compartimos en el Cementerio Británico nos contó las legendarias acciones del Caballero Negro de Malta.

Recuperar estas pequeñas historias que forman la gran historia es tarea del cronista, es labor del historiador. Es lo que intentamos en estas páginas de "El Liberal". Nos comprometemos a relatar, dentro de poco tiempo, la historia del escuadrón "Patoruzú", formado por centenares de pilotos argentinos que en la II Guerra Mundial Lucharon por la libertad.

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