¡Gracias por volver, Boca!
Ya da gusto ver al equipo del Vasco. Mereció ganar y no lo hizo, es cierto, pero ilusiona, promete porque juega bien y recuperó nuestra identidad. Es por acá. ¿Cómo perdimos tanto tiempo?

No hay manera de no ilusionarse con este Boca. ¿Cómo no hacerlo si por primera vez en mucho tiempo dan ganas de verlo? Boca va al frente, se siente dominador, prepotea al rival. Sabe levantarse cuando lo tumban. Se siente más, confía en su fútbol y lo muestra. Invita al golpe por golpe porque sabe que tiene más, que ningún equipo del fútbol argentino, por más millones que gaste, tiene un mediocampo como este. Paredes, Ascacíbar y Delgado son tres animales, tres fieras. Lo mismo le cabe a Aranda, que está a media agua entre el medio y el ataque. Flores es una aparición sensacional. Y los de atrás están dispuestos a bancarse la que venga, a correr los riesgos. Todos creen en la idea. Falta un retoquecito o dos, nomás, para hablar de un equipo destinado a darles alegrías a los hinchas.
Algunos hinchas, al final, se agarraban la cabeza. No había grandes sonrisas ni aplausos sostenidos. Un error. Boca merece todo eso: las sonrisas, los aplausos y la confianza. Ya va a llegar, muchachos, no se preocupen. En donde pongamos un 9 a la altura de todo este fútbol (Merentiel al menos esta vez nos regaló un taco en el gol), nos vamos a hacer una panzada. Aunque los pibes de Vélez sean justamente eso, pibes, no es joda pasarlos por arriba como hizo Boca un buen rato del segundo tiempo. Le siguió el ritmo y se lo redobló. Fue siempre, pero siempre, el que quiso ganar. El que lo buscó permanentemente. Vélez quizá también lo quiso, pero no podía. Es cierto que pudo haberlo ganado en alguna contra, pero habría sido una injusticia y no debería cambiarnos la visión.
El fútbol que nos entregó Boca en los últimos dos partidos parecía olvidado. Y la mano del Vasco, a esta altura, no sólo se nota: es indiscutible. No hay cantidad de nombres distintos con respecto a la etapa anterior: Montero -no es el caso mencionarlo porque volvió a comerse un gol-, Lozano -un 4, no un pomelo como los anteriores-, Villa -que va al banco. Una de las grandes diferencias estaba adentro (Flores) y Úbeda no lo vio (un oftalmólogo, urgente). Y la otra, la principal, es la cabeza. En todos los sentidos posibles: es distinta la cabeza (Arruabarrena) y gracias a eso, con mayoría de jugadores idénticos, Boca juega distinto. Toda una demostración de lo equivocado que está Riquelme cuando minimiza la influencia de los técnicos. Sin que el Vasco sea Klopp o Guardiola, realmente lo parece cuando lo comparamos con el ayudante de campo que nos regaló la vergüenza de la eliminación en primera ronda de la Libertadores.
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Es inexplicable, de otro modo, que Boca tenga dos marchas más, que todos se atrevan a tocar, que Paredes encuentre los socios que le faltaban. Todos juegan, todos se tiran de cabeza a ayudar al otro, todos presionan. Algunos lo hacen mejor que otros, pero nadie deja de intentarlo porque hay convicciones. La primera: esto es Boca, y Boca no puede jugar como si fuera un equipo chico, todo cagado, metido atrás, bajándole la temperatura y el ritmo al partido para que no se salga del eje.
El tercer gol consecutivo de Ascacíbar viene a confirmar algo que ya se dijo en esta columna: es el 9 de Boca. Indetectable, aparece siempre en el área y la pelota inevitablemente lo busca. Aparte del 1-1, tuvo llegadas de cabeza, con zurdazos, derechazos, tijeras... Delgado aportó más elaboración y esos quites en modo Droopy, apareciendo en todos lados al mismo tiempo. El mismo palo les negó a los dos lugartenientes de Paredes el grito que hubiera significado el triunfo. Y el capitán, bueno... Una salvada en la línea en la que la mayoría la habría clavado en un ángulo, pases filosos al área, pelotazos teledirigidos de 70 metros al pecho de los wines, trabadas cortando el pasto... Una locura, Leandro, un jugador que gracias a Dios es nuestro y tenemos la chance de disfrutar.
¿Hay que lamentar los puntos perdidos? Y sí, puede existir esa sensación después de tanto intentar. Pero así como otros maquillaban con triunfos lo mal que jugaban y hoy están ahorcados de realidad, este Boca va a transformar en puntos y más puntos actuaciones como esta. Tenía razón Riquelme cuando decía, hace poco, que para los neutrales Boca era entretenido. Lo bueno, lo realmente bueno, es que ahora empezó a ser entretenido para nosotros, que somos los que de verdad importamos. Vamos por acá, Boca. Es ahora.


