Ghosting en la amistad: el "desvanecimiento líquido" que genera ansiedad e incertidumbre
Zygmunt Bauman hablaba de los "vínculos líquidos". Las amistades rara vez tienen un cierre formal y la mayoría se disuelve sin explicación.

Resumen para apurados
Lo más habitual es que la relación de amistad se vaya apagando progresivamente. Los mensajes se espacian, los encuentros disminuyen, la confianza se debilita y, poco a poco, ambas personas dejan de ocupar el lugar que antes tenían en la vida de la otra. Según la psicóloga española especialista en terapias cognitivo-conductuales, Laura Fuster, en el duelo por una separación solemos pensar automáticamente en la pérdida de una pareja, pero en consulta los psicólogos observan que las rupturas de amistad generan un sufrimiento muy profundo que a menudo pasa desapercibido o incluso es minimizado por el entorno.
"Muchas personas se sorprenden de la intensidad de su dolor porque sienten que solo era una amistad, cuando psicológicamente sabemos que algunas amistades ocupan un lugar central en nuestra identidad y en nuestro bienestar emocional", señala Fuster a la web Cuidateplus.
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Desde la psicología, el dolor es absolutamente real y comparable, pero la falta de validación social no es la misma. Con un amigo, la sociedad suele asumir que "las amistades van y vienen", lo que minimiza el dolor y obliga a transitar el duelo en silencio.
La amistad, a diferencia de un vínculo amoroso, está idealizada como algo que debería durar "toda la vida". Cuando se rompe, el golpe contra la realidad es durísimo. En cambio en la pareja, romper es una posibilidad latente: existe el divorcio, la separación.
Además las parejas tienen rituales claros para terminar. Las amistades rara vez tienen este cierre; la sociología observa que la mayoría de las rupturas amistosas ocurren por "desvanecimiento líquido", lo que se llama modernamente ghosting (que viene de ghost, fantasma en inglés) que genera mucha más ansiedad e incertidumbre.
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El sociólogo Zygmunt Bauman hablaba de los "vínculos líquidos". Al no haber un contrato legal, económico o familiar que sostenga la amistad, esta depende exclusivamente de la voluntad diaria. Cuando esa voluntad se agota por un lado, el vínculo se disuelve sin mecanismos institucionales que intenten salvarlo.
No estamos preparados para que las amistades terminen. Culturalmente, asumimos que una pareja puede romperse. "Lo vemos constantemente en películas, series y experiencias cercanas. Sabemos que las relaciones amorosas pueden cambiar, desgastarse o llegar a su fin", aporta Fuster.
Sin embargo, con las amistades existe una narrativa muy diferente. Son expectativas difíciles de sostener, explica la psicóloga. La realidad es que las personas evolucionan, cambian sus prioridades, atraviesan etapas vitales diferentes y no todas las relaciones consiguen adaptarse a esos cambios.
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"En nuestra consulta de psicología vemos que, cuando una amistad termina, no solo aparece la tristeza por la pérdida. También aparece el shock emocional de descubrir que algo que considerábamos permanente no lo era", remarca Fuster. Emocionalmente comparten el mismo espacio cerebral del dolor, pero socialmente está mucho más desamparada la ruptura de la amistad para vivir el proceso, pero sigue siendo un duelo real, profundo y totalmente válido.


