Esta Boca es mía
Tenía que ganar de local y ganó. Conmovedor Paredes, que jugó lesionado. Implacable Merentiel. Ahora hay que defender la ventaja en San Pablo.

Hay cosas que en una copa no se negocian: ganar de local es una de ellas. En otras épocas, con planteles distintos -los mejores de su historia- Boca podía bancar un empate en casa e ir a hacerse el capanga afuera. Pero los tiempos cambiaron y hoy ni siquiera está claro que la ventaja alcance. Pero es fundamental. Para el ánimo, para marcar el territorio a lo perro, para levantar la voz, para dar una muestra de autoridad y por lo que significa intrínsecamente. Boca tenía que ganar y ganó. Tan simple como eso. Y además lo mereció. Y encima de todo, San Pablo lo respetó tanto -al equipo o al contexto o a las dos cosas- que ni siquiera se desesperó por buscar el empate. Casi casi se fue conforme con el 0-1. Y acá la lectura que quizá pueda preocupar: ¿tan seguro está de que lo puede dar vuelta que no forzó la máquina? De lo contrario, es difícil de entender. O tal vez de San Pablo solo le queden la historia, el nombre, la camiseta.
Boca lo ganó por un buen segundo tiempo en el que pasó a ganar y lo justificó. Puntuales, en las dos áreas se lucieron a lo largo del partido primero Montero y luego Merentiel, que algo sabe de hacer goles en partidos importantes. Para el arquero, la valla invicta suma: gana en confianza para él mismo, para sus compañeros y para que la gente no tiemble cada vez que la pelota va al área. Jagger justifica largamente su titularidad, jugando con la templanza con la que se juegan estos partidos, en su primera vez como titular en un mata mata internacional. Y en la Bombonera. Pero por más que retrasemos su mención, Boca es Paredes. Su compromiso, su jerarquía, su fútbol, su esfuerzo.
No había hecho un buen primer tiempo salvo uno de esos estiletazos tan suyos que había dejado solo a Velasco. Se notaba lo disminuido que estaba en los movimientos cortos, en que no pateaba centros ni metía sus clásicos cambios de frente. En que casi no se asomaba la mitad de la cancha. Fue, durante un buen rato, un director de tránsito dentro del campo, marcando con sus brazos para dónde tocar, arrastrando la marca a un costado, atento a alguna cobertura, pegando dos gritos cuando hacía falta. Hasta que en el segundo tiempo salió con otra actitud, con los músculos templados y la cabeza siempre clara. El gol nace en un pase sin pelota en la mitad de la cancha que le libera pelota y campo a Ascacíbar y cada uno hizo lo suyo. Fundamentalmente, Blanco puso un centro con sentido y precisión y Merentiel definió bárbaro dos veces: en la primera tapó el arquero con la cara; en la segunda fusiló y levantó la red. Y la cancha. Y el espíritu.
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Fue otro Paredes y -en consecuencia- otro Boca. Un capitán que metió al límite, que condujo, que protegió al equipo. Y un Boca que estuvo cerquita del segundo en una bomba de Velasco en esta mejorada versión, aplaudida. El enroque con Flores les hizo bien a los dos y lo que jugó Villa cuando entró terminó de justificar la decisión del Vasco de poner de titular al pibe. Por acá anda el problema de Boca: hay tipos que dan más de lo que pueden (Paredes, Ascacíbar que se levantó con fiebre y jugó igual) y hay otros que dan menos. Es inentendible lo de Villa, su escaso compromiso más allá de la explosión perdida: no generó nada. Y lo de Valencia es directamente una vergüenza. Es impresentable. No es que haya perdido nivel: no tiene ni siquiera la motricidad necesaria para jugar al fútbol. Se tropieza con la pelota, le rebota, se trastabilla, tiene que tacklear a los rivales para tratar de pararlos. De verdad, un papelón. Otro ex jugador traído de liquidación. Nunca pensé pedir esto: es preferible que juegue el paraguayo Romero. Es muchísimo, pero es así. No queda claro qué busca el Vasco poniéndolo: si es que gane minutos o que puteen a su mentor.
Una vez más, pese a la seguidilla, el técnico se quedó con tres cambios adentro. Y sacó a Merentiel medio temprano: tal vez buscó jugar de contra con Villa, pero la realidad es que el colombiano no dio nada. Esto es lo que hay, seguramente volverá a poner un mix (en el mejor de los casos) el viernes y apuntará todo a la revancha en San Pablo. Es el camino más difícil, pero se nota que al Vasco le parece poca cosa la tabla anual y va por más. Si le da o no, está por verse. Por lo pronto, la primera misión está cumplida. Boca ganó. Hizo valer la localía. Ahora tendrá que hacerse fuerte en el Morumbí, pero esa es otra historia.
