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Entre la búsqueda de peso saludable y el riesgo de alimentarse como si todos fueran iguales

Las redes sociales convirtieron la alimentación en uno de los grandes contenidos de consumo cotidiano. La Lic. Raquel Carranza advierte sobre las consecuencias.

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Entre la búsqueda de peso saludable y el riesgo de alimentarse como si todos fueran iguales
Entre la búsqueda de peso saludable y el riesgo de alimentarse como si todos fueran iguales

Las redes sociales convirtieron la alimentación en uno de los grandes contenidos de consumo cotidiano. La Lic. Raquel Carranza advierte sobre las consecuencias.

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Entre la búsqueda de peso saludable y el riesgo de alimentarse como si todos fueran iguales Entre la búsqueda de peso saludable y el riesgo de alimentarse como si todos fueran iguales

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Planes para adelgazar, ayunos, eliminación de alimentos y dietas que prometen controlar enfermedades circulan diariamente en las redes sociales. En Argentina, seis de cada diez adultos presentan exceso de peso. "El desafío ya no es solamente qué comemos, sino quién está indicando qué comer, con qué evidencia y qué sucede cuando una recomendación general se aplica a una persona que cursa una enfermedad", advierte la Lic. en Nutrición, Raquel Carranza.

Las redes sociales convirtieron la alimentación en uno de los grandes contenidos de consumo cotidiano. En videos de pocos segundos aparecen menús completos, listas de alimentos prohibidos, protocolos de ayuno, suplementos y testimonios de personas que aseguran haber cambiado su cuerpo o su salud siguiendo determinada estrategia.

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"Esta situación tiene lugar en un contexto en el que la preocupación por el peso es real. Según la 4ª encuesta Nacional de Factores de riesgo, realizada en Argentina, evidencia el alto porcentaje de población con exceso de peso, como también la prevalencia de diabetes. Es decir, existe la necesidad sanitaria concreta de mejorar la alimentación y abordar el exceso de peso. Pero esa necesidad también abrió un enorme mercado para las soluciones rápidas", sostiene la especialista.

Reducir de peso va más allá de simplemente "comer menos": "El peso corporal está compuesto por distintos componentes (grasa corporal, visceral, masa muscular, masa ósea, etc.) y determinados por múltiples factores: alimentación, actividad física, sueño, condiciones clínicas, etapa biológica, factores psicológicos, ambiente, situación económica y otros determinantes. Por eso la estrategia de descenso de peso no debería reducirse a una "lista de alimentos permitidos y prohibidos". La organización mundial de la salud sostiene que una alimentación saludable debe ser adecuada, equilibrada, moderada y diversa, y reconoce que las necesidades alimentarias varían según las características individuales, el contexto y otros factores. Por eso una dieta que produce descenso de peso no es automáticamente una dieta saludable. La pregunta debería ser qué se está perdiendo junto con los kilos: masa muscular, nutrientes esenciales, variedad alimentaria o incluso una relación saludable con la comida", indica Carranza.

La guía clínica actual recomienda enfoques integrales y sostenibles. El objetivo no debería ser únicamente conseguir una determinada cifra en la balanza, sino mejorar la salud y construir hábitos que puedan mantenerse en el tiempo.

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Cuando la restricción se vuelve extrema

Las dietas de muy bajo aporte energético constituyen un buen ejemplo. Las guías NICE actualizadas en 2025 recomienda que las dietas de 800 a 1200 kcal diarias se utilicen solamente como parte de una estrategia integral para determinadas personas con sobrepeso u obesidad y dentro de servicios especializados.

Las dietas de menos de 800 kcal se reservan para situaciones clínicas específicas en las que existen una necesidad evaluada de perder peso rápidamente. Además, estas intervenciones no deberían utilizarse como estrategia de largo plazo y deben ser nutricionalmente completas y contar con seguimiento profesional. Las redes sociales agregaron una dificultad: borraron, en muchos casos, la diferencia entre una experiencia personal y una recomendación sanitaria. Cuando existe una enfermedad

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"Si una persona sana quiere mejorar sus hábitos alimentarios, una recomendación general puede tener un alcance relativamente amplio. Pero cuando existe una patología, el escenario cambia. Diabetes, enfermedad renal, celiaquía, enfermedad hepática, hipertensión arterial, enfermedades gastrointestinales y otras patologías pueden requerir intervenciones nutricionales específicas. Y en esos casos no alcanza con saber el nombre de la enfermedad. Hay que conocer la situación particular del paciente", indica.

Cuando el riesgo no es solamente físico

Existe también otra dimensión: la relación con el cuerpo y con la comida. Las dietas que dividen los alimentos en "buenos" y "Malos", que plantean prohibiciones rígidas o que prometen resultados rápidos pueden generar frustración cuando la persona no logra sostenerlas.

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No todas las personas reaccionan de la misma manera.

En personas vulnerables, por lo tanto, la obsesión por el peso y la alimentación puede convertirse en un problema adicional-

En síntesis, el debate debería ser: ¿qué plan alimentario seguir, para quién, con qué objetivo?¿Con qué evidencia, durante cuánto tiempo?¿Con qué riesgos?¿Y quién está evaluando sus efectos?

¿Qué plan alimentario seguir, para quién, y con qué objetivo?

Quizás la mejor manera de entender el problema sea separar tres escenarios.

1° educación alimentaria: información general destinada a mejorar hábitos: comer más alimentos frescos y mínimamente procesados, incorporar frutas, verduras, legumbres y cereales integrales preferentemente, moderar el consumo de sal, azucares libres y grasas no saludables.

2° Adecuación de peso: en este caso, la estrategia debería considerar sus características individuales y ser sostenibles. Cuanto más factor de riesgo presente, mayor será la necesidad de evaluación y seguimiento.

3° Intervención nutricional frente a otra patología distinta al sobrepeso: la indicación deja de ser simplemente "qué conviene comer" y pasa a integrarse con diagnóstico, medicación, evolución clínica y objetivos terapéuticos.

Confundir estos tres niveles podría ser una de las principales fuentes de riesgo .

"La alimentación es una herramienta para cuidar la salud. También puede formar parte de un tratamiento. Pero una recomendación viral no se convierte en una indicación profesional por el hecho de ser popular. En tiempos en los que la respuesta a una pregunta sobre salud está a pocos segundos de distancia, quizás el verdadero desafío, sea aprender a reconocer cuando estamos frente a información cuando frente a publicidad y cuando una recomendación aparentemente sencilla ya está ocupando el lugar de una intervención sanitaria, cerró Carranza.

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