El Mundial le debía una sonrisa a Lo Celso
El rosarino fue suplente sin jugar en Rusia 2018, una lesión lo dejó afuera de Qatar 2022 y ahora encontró su recompensa: debutó en una Copa del Mundo, marcó un gol y fue la figura ante Jordania.

Resumen para apurados
Hay goles que valen mucho más que un resultado. Algunos sirven para abrir un partido; otros, para cerrar heridas que parecían imposibles de cicatrizar. El que convirtió Giovani Lo Celso frente a Jordania tuvo un poco de ambas cosas. Abrió el camino de la victoria de la selección argentina y, al mismo tiempo, marcó el final de una larga espera. Una espera de ocho años, de oportunidades que nunca llegaron, de un Mundial visto desde el banco de los suplentes y de otro vivido con el corazón roto desde la televisión. Por eso, cuando la pelota besó la red, el grito fue mucho más que un festejo. Fue el desahogo de un futbolista que, al fin, pudo encontrarse con el destino que el fútbol le había postergado.
El reloj marcaba apenas 18 minutos cuando Lionel Scaloni encontró la respuesta que buscaba en uno de los hombres que más conoce. Lo Celso tomó la pelota para ejecutar un tiro libre al borde del área y, con la serenidad de los grandes, colocó el remate junto al palo. El arquero jordano voló, pero solo pudo acompañar con la mirada el viaje de la pelota. Era el 1 a 0 y también el primer gol mundialista del mediocampista rosarino.
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No era un partido más para él. Era, probablemente, el más esperado de toda su carrera.
En Rusia 2018 había integrado el plantel conducido por Jorge Sampaoli. Vio los cuatro encuentros desde el banco de suplentes (contra Islandia, Croacia, Nigeria y Francia) y nunca tuvo la posibilidad de ingresar. Su debut quedó pendiente. Cuatro años después, el destino volvió a jugarle una mala pasada. Lo Celso era uno de los pilares del ciclo de Scaloni y tenía reservado un lugar entre los titulares para Qatar 2022. Sin embargo, a solo 20 días del comienzo de la Copa del Mundo sufrió un desprendimiento en el bíceps femoral de la pierna derecha durante un partido entre Villarreal y Athletic Bilbao. La lesión requirió una intervención quirúrgica y terminó con el sueño de disputar el torneo que Argentina terminaría conquistando.
Aquellos días fueron, seguramente, los más duros de su carrera. "Cualquier niño sueña con estar en el torneo más lindo del mundo. Intenté por todos los medios posibles, pero no hubo forma", confesó entonces, con la frustración reflejada en cada palabra.
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Mientras sus compañeros levantaban la Copa del Mundo en Lusail, Lo Celso celebraba a la distancia, orgulloso por el grupo, pero inevitablemente con la espina de no haber podido estar dentro de la cancha.
Por eso este Mundial tenía un significado especial. Con la clasificación asegurada y el primer puesto del grupo ya en el bolsillo, Scaloni decidió rotar el equipo frente a Jordania. Solo Emiliano "Dibu" Martínez y Lautaro Martínez conservaron sus lugares entre los titulares. El resto fueron caras nuevas, futbolistas que esperaban su oportunidad. Entre ellos estaba Lo Celso.
Y no tardó en demostrar que estaba listo. A los seis minutos ya había enviado la pelota al fondo del arco después de una gran definición, aunque el tanto fue invalidado por posición adelantada. El aviso estaba dado. Doce minutos más tarde tendría su recompensa.
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Ubicado muy cerca del área rival, el futbolista del Betis fue el conductor de cada ataque argentino. Se entendió a la perfección con el doble nueve conformado por Julián Álvarez y Lautaro Martínez, administró los tiempos del partido y le dio claridad a cada avance. Su producción también quedó reflejada en los números: completó 43 pases correctos, apenas falló dos entregas y recuperó dos pelotas, una muestra de la precisión y el equilibrio que aportó durante la hora que permaneció en el campo.
A los 60 minutos llegó el momento del aplauso. Scaloni decidió preservar piernas y mandar a la cancha a Lionel Messi. Lo Celso abandonó el césped con la tranquilidad del deber cumplido y con la certeza de haber aprovechado una oportunidad que llevaba años esperando.
Después del encuentro, el mediocampista dejó de lado cualquier protagonismo personal para enfocarse en lo que viene. "Ahora hay que dar vuelta la página y comenzar a pensar en Cabo Verde. Será un partido muy duro. Estuvimos viendo al rival, que hace muy bien las cosas. Hizo una gran fase de grupos. Ahora hay que descansar y preparar el partido que se viene", expresó.
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La respuesta resume también la esencia del ciclo Scaloni: nadie está por encima del equipo. Sin embargo, por una noche, el fútbol le permitió a Lo Celso disfrutar de un momento íntimo, personal e irrepetible.
Su séptimo partido en una Copa del Mundo fue, por fin, el primero dentro de una cancha. Y bastaron apenas 18 minutos para demostrar que algunas revanchas tardan en llegar, pero cuando finalmente aparecen, tienen el sabor más dulce. Porque hay historias que solo necesitaban una oportunidad para escribirse. La de Giovani Lo Celso, después de tanta espera, por fin comenzó a hacerlo.


