El Mundial de la defensa
Si no se puede ganar gracias al buen juego, ahí están las fieras de la última línea para bancarse todas y hasta para hacer goles. Dejan la vida por defender al campeón.

Si no se puede ganar gracias al buen juego, ahí están las fieras de la última línea para bancarse todas y hasta para hacer goles. Dejan la vida por defender al campeón.
Si en el Mundial pasado se habló de las máquinas del medio, de la sala de máquinas, como dijo D'Alessandro; si se habló de Julián Álvarez, o se habló del Dibu, solamente del Dibu cuando hablábamos de la mitad de cancha hacia atrás, este es el Mundial de la defensa.
La línea de volantes tuvo su partido más flojo de la era Scaloni. No retrocedían bien y llegaban tarde a las divididas, y la defensa se bancó una y otra vez los huecos del medio. Al único que se lo vio quizá algo distraído fue a Molina, pero el Cuti fue el Messi de los defensores, la figura de la cancha. Un animal, una bestia peluda. Lisandro ganó todos los duelos, todos, incluso los que eran por arriba, dando ventajas de altura. Tagliafico cerró perfectamente su callejón. Si con la posesión que tuvo Suiza, que fue muchísima, no se generaron tantas situaciones de gol en contra, fue porque la defensa se la recontrabancó.
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A esto hay que sumarle que el Dibu volvió a dar confianza. Las veces que le llegaron, apareció, y en el gol no creo que haya tenido nada que ver. Así que, muchachos, este es el Mundial de la defensa. Si no se puede ganar con buen juego o con buenas actuaciones de la sala de máquinas, se gana con la concentración y la fiereza con que juega la defensa. Como si esto fuera poco, entró Otamendi y sacó de cabeza todo lo que le tiraron. Porque un león puede perder sus colmillos, pero nunca su hambre.
En definitiva, la ilusión va porque hay gente que deja el alma en cada pelota dividida para no entregar el título y esos son los defensores argentinos.


