El método Arruabarrena: la coherencia que Boca pedía y la urgencia del resultado
El Vasco aportó el sentido común que se necesitaba en un club devorado por la urgencia de ganar, aunque lleve tres años y medio sin títulos. Las claves para terminar de armar un equipo que todavía pelea en tres frentes y tiene chances de sumar cinco estrellas antes de fin de año.…

En un club con las exigencias y urgencias de Boca es justo que Arruabarrena tenga una primera evaluación antes de entrar en la recta final del calendario, donde se definen las cosas y suelen mandar los resultados. Y si bien es cierto que ganar es lo más importante, también es fundamental hacer un análisis por anticipado en caso de que el desenlace no sea el deseado. Si esto sucede, la clave estará en preguntarse por qué pasó. En los últimos años, a cada derrota importante le seguía un barajar y dar de nuevo. Se cambiaba al entrenador y se pedía una renovación del plantel, dejando a las claras que la principal falla estaba en la estructura. Lo que hay que lograr es un proceso sólido en el que las derrotas generen bronca y tristeza, pero no tanta preocupación. Que se sostengan las virtudes, se corrijan los errores y se continúe por el mismo camino, si es que existe un convencimiento.
En estos pocos meses, el Vasco dejó en claro que es el mejor director técnico del ciclo Riquelme, más allá de que la vara estaba bastante baja. Con decisiones lógicas y sin rastros de dejarse influenciar en la conducción le alcanzó para terminar de moldear un buen equipo y mantenerlo con vida en las tres competencias. ¿Dónde está la coherencia? En poner al que más rinde. En haber probado con Figal (vaya uno a saber por qué) y tras flojísimas actuaciones devolverle el lugar a Di Lollo. En haber encontrado en Flores la carta de desequilibrio que tanto se necesitaba y dejar en el banco a Villa, el supuesto refuerzo de jerarquía que costó alrededor de siete millones de dólares. En no darles tantos minutos a jugadores que no lo merecían, como Alarcón, Palacios, Ángel Romero y Milton Giménez. Y en no tener en cuenta a Weigandt, Barinaga, Martegani y Janson o incluso a Cavani y Ander Herrera, con todo lo que eso implicaba para el presidente.
En relación a su primer ciclo no se observan grandes diferencias, salvo la experiencia y el aplomo por la década transcurrida. Cercano a los jugadores, pero con la distancia apropiada para no confundir la cadena de mando, y auténtico frente a los micrófonos (a veces hasta por demás), rasgo que contagia simpatía y suele caer bien en las buenas, pero que en las malas puede generar un fuerte rechazo. Su punto débil en la etapa anterior fueron los clásicos: perdió 8 de los 14 que había disputado ante los otros cuatro grandes y solo ganó 3. En esta nueva incursión solamente enfrentó a Racing (1-1) y el domingo visitará a San Lorenzo, con el aliciente de reducir la diferencia en el historial y soñar con revertir una de las únicas cuentas pendientes de Boca para tener el dominio absoluto del fútbol argentino.
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Así como se consolidó un buen equipo también hay que destacar el corto y limitado plantel -en cantidad y calidad- con el que cuenta. En el mercado de pases se dio un paso hacia atrás pese a los recientes resultados positivos. A Montero y Lozano los pidió Arruabarrena, mientras que a Villa y a Valencia los trajo la dirigencia. No tiene lógica que haya aceptado al ecuatoriano de casi 37 años si justamente había solicitado las salidas de Cavani (39) y Ander Herrera (37). La contratación del mundialista solo sirvió -por ahora- para que haya conformismo con Merentiel, luego del clamor popular por la llegada de un 9. De las ventas de Zeballos y Saracchi no hay mucho para decir, pero la de Zenón parece innecesaria en medio de la seguidilla de partidos y con la imperiosa necesidad de rotar. Por algo hubo poco recambio masivo (solo contra Riestra y Central Córdoba) con el riesgo de lesiones que lamentablemente llegaron.
Sin exagerar con el exitismo, la clasificación en el Morumbí fue la muestra de carácter que el equipo necesitaba. Un golpe de efecto que no se veía desde las semis ante Palmeiras en 2023, con la salvedad de que aquel fue el pase a una final de Copa Libertadores. Y si bien el de ahora es un torneo de segundo orden y enfrente se encontró con un pobrísimo San Pablo, lo importante es el mensaje que el triunfo genera para dentro y también hacia afuera. No hubo expulsiones ni sonseras y el primer tiempo de la revancha incluso fue digno de las épocas doradas de Bianchi: con autoridad, bien plantado y con la inteligencia que tanto se necesita. Después es cierto que se metió muy atrás y sufrió de manera innecesaria, aunque el técnico intentó evitarlo. Los cambios muestran que aprendió la lección recibida contra Gimnasia de Mendoza.
El Vasco además parece estar preparado para cortar con un mal que acompaña al club desde hace años y es el de encontrar soluciones casi por casualidad. La aparición de Aranda, quien no había hecho pretemporada, es una clara muestra de ello. Lo mismo Flores, mérito del actual entrenador ante la falta de extremos para su debut ante Sarmiento. Y pensar que meses antes se había acudido a Zufiaurre y Gelini para improvisarlos en otro puesto. A esto hay que sumarle la consolidación del sorprendente Jagger Herrera y lo que parecía imposible, sacarles aunque sea algo positivo a Velasco y Belmonte. Que Rey Domenech vuelva a estar en consideración es una buena noticia y quizá restaría contar con un recambio para Blanco, quien no puede jugar todos los partidos, si Braida no está disponible.
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El panorama es mucho más alentador que hace algunos meses y no solo por la ilusión de cortar la sequía de tres años y medio sin títulos, sino por la posibilidad de consolidar una idea y sostenerla en el tiempo. Para esto también se necesita de la dirigencia. Alguna consagración sería fundamental para evitar las dudas que aparecen ante cada derrota importante. Hay equipo, liderado por un Paredes que aporta juego y jerarquía. Ahora también hay director técnico, medido y con los pies sobre la tierra. Falta plantel. Habrá que ver si le alcanza de cara a un cierre de año que le presenta la chance de sumar cinco estrellas. El método Arruabarrena: la coherencia que Boca pedía y la urgencia del resultado.

