Diálogos de Wall Street: tras el acuerdo con Irán, qué hará la Fed en el estreno de la conducción de Kevin Warsh
La descompresión geopolítica devuelve el apetito por el riesgo, aunque persisten interrogantes sobre el crecimiento, los precios y el costo del dinero. ¿Qué hará la Fed en el estreno de la conducción de Kevin Warsh, Gekko?

La descompresión geopolítica devuelve el apetito por el riesgo, aunque persisten interrogantes sobre el crecimiento, los precios y el costo del dinero. ¿Qué hará la Fed en el estreno de la conducción de Kevin Warsh, Gekko?
La paz en Medio Oriente remueve las principales amenazas que pendían sobre el mercado bull, aunque todavía subsistan interrogantes importantes. ¿Vuelve la fiesta?
Soplan nuevos vientos en Wall Street. La paz en Medio Oriente remueve las principales amenazas que pendían sobre el mercado bull, aunque todavía subsistan interrogantes importantes. ¿Vuelve la fiesta? ¿Qué hará la Fed en el estreno de la conducción de Kevin Warsh, Gekko?
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Periodista: Ya no hay moros en la costa. Trump e Irán llegaron a un acuerdo, aunque todavía no se conozca su contenido preciso. La caída del precio del petróleo le da la bienvenida a Kevin Warsh al frente de la Fed. ¿Qué mejor recepción podía esperar? El flamante chairman guarda silencio de radio desde que lo eligió Trump. En "campaña", cuando tenía que ganarse su favor, abogó por una reforma del banco central. Pero se desconocen sus precisiones.
G.G.: Y tampoco podrá imponerla de manera unilateral.
P.: Así es. Quiero decir que todavía reina la incertidumbre, hay muchas incógnitas por despejar; pero la clave es que han desaparecido las amenazas.
G.G.: Y las que permanecen —como la inflación, debido a la expectativa de la reapertura de Ormuz— redujeron su voltaje.
P.: ¿Volvemos a la fiesta? ¿Aquí no ha pasado nada?
G.G.: Estamos de nuevo de fiesta. La Bolsa, que la vio venir antes que nadie, reboza de buena salud desde que comenzó abril. Esto termina de confirmar su presunción. La vida continúa. Los bonos y la propia energía fueron más escépticos. Y tenían sus buenas razones. Querían ver primero una solución sobre la mesa. Pero hace un par de semanas también comenzaron a operar como si el acuerdo provisional fuera un hecho.
P.: Con algunas reservas. Y más mesura que la Bolsa.
G.G.: Sí. Su exposición al riesgo es diferente. Los bonos todavía tienen que lidiar con la inflación residual que deja el conflicto. Pero la descompresión es visible.
P.: En definitiva, aquí no pasó nada. La guerra fue un sobresalto puntual y nada más. ¿Esa es la conclusión?
G.G.: La guerra feroz terminó el 7 de abril. El problema era el bloqueo persistente de Ormuz.
P.: Se evitó la gran crisis que preveían las compañías petroleras en una o dos semanas si no había un arreglo. ¿O eso era una exageración?
G.G.: Quizás había un mes por delante. Pero no mucho más. Trump quería un Mundial en paz. Elon Musk necesitaba colocar SpaceX en un escenario acorde, libre de drones y misiles hostiles y, sobre todo, de ansiedades por las tasas de interés. Y Kevin Warsh, ni que se diga. Pero la razón fundamental del momento elegido, creo yo, fue no arriesgar una crisis de abastecimiento de energía. Evitar una recaída en la zozobra que vivimos en marzo.
P.: ¿No le llama la atención que se desconozcan los términos de lo acordado? ¿Quedan cabos sueltos todavía? ¿Podría fracasar su rúbrica el viernes?
G.G.: Trump anunció que se firmaría el domingo pasado. Irán no quiso que lo promocionara como un regalo por su cumpleaños número ochenta y pateó la fecha. Hasta que no se firme, puede haber alteraciones. Por supuesto. Pero la conveniencia es mutua. Trump buscaba una salida y por fin la encontró. Irán no concedió la reapertura de Ormuz, y además a la hora señalada, a cambio de nada. Por eso no conocemos el texto acordado. Y es muy posible que haya concesiones por fuera del mismo.
El cierre de Ormuz encareció la energía, alteró rutas comerciales y elevó el costo del riesgo global. Para Argentina, el impacto dejó un escenario de doble filo, con más presión sobre precios y logística, pero también mayor valor estratégico para Vaca Muerta.
P.: ¿En qué está pensando?
G.G.: Nada que no hayamos planteado antes. Teherán pedía tres elementos no negociables: que Trump frenara a Netanyahu, una retribución económica (empezando por liberar la mitad de los 24.000 millones de dólares en activos iraníes congelados) y el reconocimiento de los derechos territoriales (compartidos con Omán) sobre la navegación por el estrecho de Ormuz.
P.: ¿Y cree que consiguió tres de tres?
G.G.: Entiendo que sí. Es factible que la retribución económica inicial la efectúe alguno de los países del Golfo (o más de uno), pero, aunque ello requerirá la aquiescencia de Washington, será una solución más elegante para Trump.
P.: A Wall Street no le importan mucho las condiciones que permiten llegar al acuerdo, sino que el mismo se haga realidad.
G.G.: Tal cual. Está claro que Trump tenía que ceder para que Irán reabriera Ormuz. Los precios hablan. La intransigencia era una complicación. El acuerdo es, por lejos, la mejor solución.
P.: La semana pasada el BCE subió las tasas de interés. Con el diario del lunes, la Fed de Kevin Warsh podrá tomarse su tiempo. Que se hagan las paces en Medio Oriente le vino como anillo al dedo. ¿Se apuró demasiado Christine Lagarde? ¿Cuánto querrá esperar Warsh? ¿O piensa que se librará por completo de tener que subirlas?
G.G.: La urgencia del BCE es suya propia, muy proverbial. La Fed de Powell, antes de que asumiera Warsh, decidió esperar y ver antes de actuar. No tocó ni siquiera el sesgo hacia la baja de las tasas de interés que existía en la preguerra. Así que, cortesía de Powell, Warsh tenía tiempo para remover el sesgo y mantener las tasas estables hasta la reunión de julio. Y eso antes de que hubiera un acuerdo con Irán. Con más razón, ahora.
P.: Warsh se puede sentir obligado a subir las tasas, como descuentan los futuros, o a bajarlas, como debe haberle prometido a Trump. En esta reunión, nadie espera que las modifique. ¿Podrá dejarlas donde están por lo que resta del año? Casi, casi como una solución salomónica.
G.G.: Una de las críticas que hizo Warsh "en campaña" es que la Fed comunica demasiado. Prepárese para un apagón informativo, tarde o temprano, que complicará el seguimiento de las intenciones del banco central. Pero esto se resolverá como siempre: data en mano, reunión a reunión. La descompresión de los precios de la energía marca una diferencia. Esperar ahora es menos riesgoso.
P.: Y dejar las tasas donde están, también. Aunque la inflación duplique la meta. Si la guerra fue un shock temporario, pasado el mismo debería relajarse.
G.G.: De acuerdo. Pero si la creación de empleo se mantiene en el ritmo de +100.000 puestos netos por mes del último trimestre, es muy probable que deba subir las tasas por lo menos una vez antes de fin de año. Aunque Trump se enoje y aunque el propio Warsh no esté muy convencido. Pero, llegado el caso, el resto de las opiniones del Comité Federal de Mercado Abierto —sobre todo las de los presidentes regionales— lo van a forzar a definirse en ese sentido. La Fed, después de todo, es la misma que antes. Solo cambió un gobernador ultratrumpista (Stephen Miran) por un nuevo chairman. Pero el anterior —Powell— sigue sentado en la Junta de Gobernadores.


