De profesora universitaria en Tucumán a empezar de cero en Miami: "Sentía que hasta respirar me costaba plata"
Lourdes Álvarez Farhat emigró en 2021 convencida de que la adaptación sería sencilla. Hoy asegura que el mayor desafío no fue conseguir trabajo, sino reconstruir su vida y su carrera desde el principio.

Resumen para apurados
Desde Argentina, Miami suele aparecer como una postal perfecta, con playas de arena blanca, palmeras, edificios frente al mar y una comunidad latina que hace pensar que adaptarse será sencillo. Pero para quienes deciden emigrar, la experiencia está lejos de parecerse a las imágenes que circulan en las redes sociales.
La tucumana Lourdes Álvarez Farhat conoce esa realidad de primera mano. En 2021 dejó la provincia junto con su marido para instalarse en el sur de Florida convencida de que el cambio sería más simple de lo que finalmente terminó siendo.
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Tenía 27 años, era diseñadora de moda, daba clases en la universidad y había logrado hacerse un lugar dentro de la industria textil tucumana. Sentía que su carrera avanzaba, pero decidió apostar por un futuro distinto.
"Quizás fui un poco ilusa al principio. Uno ve cómo triunfan los extranjeros en el exterior y piensa que las cosas se dan más fácil. Miami es muy linda por fuera, pero cuando vivís acá entendés que es una ciudad cara, muy exigente y muy competitiva. Nada está garantizado", le cuenta en una entrevista con LA GACETA.
Los primeros meses fueron especialmente difíciles. Mientras esperaba la autorización para trabajar, cada gasto representaba una preocupación. "Sentía que hasta respirar me costaba plata. No quería hacer ningún plan porque era gastar una plata que no tenía", recuerda.
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Cuando finalmente obtuvo el permiso laboral, descubrió que el verdadero desafío recién empezaba. Conseguir empleo no alcanzaba: también debía aceptar que toda la experiencia acumulada en Argentina parecía haber quedado atrás.
"Yo en Tucumán tenía una vida, era alguien, era profesora. Un año después estaba doblando pantalones en Zara. Era una lucha constante conmigo misma de decir: '¿Qué carajos hago acá?'. Todo eso, psicológicamente, fue muy duro", admite.
La sensación de empezar desde abajo se mezclaba con la incertidumbre y con las inevitables comparaciones con quienes llevaban más tiempo viviendo en Estados Unidos.
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"Te sentís muy miserable al principio. Ves cómo todos avanzan, cómo todos crecen, escuchás cuánto cobran otros y vos, que recién llegaste, te sentís muy inferior", explica.
A ese proceso se sumaba otro aprendizaje menos visible: comprender cómo funciona el mercado laboral estadounidense. "Tenés que aprender cómo se trabaja acá, cómo se habla profesionalmente, cómo se negocia, cómo se manejan los tiempos, los sueldos, los alquileres, el seguro de vida, el seguro del auto... todo", enumera.
La adaptación no fue únicamente laboral. También implicó un fuerte impacto emocional. La frustración de haber dejado atrás una carrera consolidada terminó llevándola a iniciar terapia, un espacio que todavía sostiene y que considera fundamental para atravesar el proceso migratorio.
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Con el paso de los años, sin embargo, logró volver a insertarse en el mundo de la moda y empezó a mirar ese recorrido desde otra perspectiva.
"Miami me dio muchísimo. Me dio independencia, crecimiento profesional, oportunidades y una versión de mí mucho más fuerte. Me enseñó a resolver, a moverme, a hablar con gente de todo el mundo y también a valorar el privilegio de haber llegado a este país en un avión. Acá conocés historias de personas que atravesaron la selva y llegaron casi caminando", reflexiona.
Esa experiencia también modificó su manera de aconsejar a quienes sueñan con emigrar. Lejos de desalentar la decisión, intenta transmitir una imagen más realista de lo que implica empezar una nueva vida lejos del país.
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"Que no se queden solo con la imagen de la playa, las palmeras, los restaurantes lindos y Ocean Drive. Acá la vida parece perfecta, pero es una vida de muchísimo esfuerzo, alquileres altos, mucho trabajo y mucha competencia. Es una adaptación constante", afirma.
Miami continúa siendo una de las ciudades más elegidas por los argentinos que buscan un nuevo comienzo. El idioma, la fuerte presencia latina y las oportunidades laborales hacen que el destino resulte atractivo para miles de inmigrantes.
Sin embargo, la experiencia de Lourdes muestra que detrás de las playas y de los edificios frente al mar existe otra realidad, menos visible y mucho más desafiante.
Emigrar, sostiene, implica aceptar que habrá que empezar desde abajo, dejar atrás títulos, experiencia y reconocimiento para construir una nueva vida paso a paso.
Cuatro años después de haber llegado a Florida, asegura que no se arrepiente de la decisión. Pero también sabe que el verdadero costo de emigrar solo se entiende cuando la mudanza deja de ser un proyecto y se convierte en una experiencia cotidiana.
"Uno termina descubriendo que el cambio no consiste solamente en mudarse de país. También implica reconstruirse por completo", concluye.
