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Con el corazón en la Boca

Pasó por penales a Vélez. Mereció ganarlo en los 90 aunque casi lo pierde por un penal sobre la hora que pegó en el palo. Paredes pidió el cambio y cada vez quedan menos soldados. ¿Hasta dónde podemos llegar así?

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Con el corazón en la Boca
Con el corazón en la Boca

Otra vez el corazón en la Boca. Y otra vez el vals en la tribuna. Y el grito del Vasco Arruabarrena que es una descarga eléctrica atravesando el campo. Cambiaron las formas pero no el resultado. Igual que contra Lanús, o peor en realidad, Boca estuvo a punto de perderlo. Pero pegó en el palo el penal de Godoy, como una señal bíblica que suele acompañar al equipo en esas instancias, y fue lo que Boca necesitaba para repetir la eterna historia de arqueros héroes en las definiciones a los tiros (desde los doce pasos).

La gente de Boca, masivamente local en Córdoba, sacará chapa una vez más de haber atajado ese penal en el último minuto que permitió mantener el cero. Y agrandará su historia de aguante con el aliento permanente en la tanda. Como alguna vez fueron Gatti, el Mono, Córdoba, el Pato, Orion, Rossi o hasta Brey, le tocó a Montero pasar a forma parte de la historia. El Boca del Vasco está en los cuartos de final y sigue adelante en todas las competencias. Ahora es tiempo de ver cómo llegó y cómo sigue, que no será fácil.

Es difícil justificar la sentencia de Riquelme de que Boca tiene un buen plantel cuando ahora no tiene ni siquiera equipo. Porque sin Aranda, sin Delgado -dos estaciones obligadas en el camino del fútbol- y muy probablemente sin Paredes, no hay equipo (para que el capitán pida el cambio a cinco minutos de los penales debía estar muy mal). Y si de casualidad juntamos 11 decentes para salir a jugar, no hay nada atrás. Sobre todo en ese medio mágico que era el centro neurálgico del fútbol que nos ilusionó a todos. Queda el Ruso Ascacíbar, solo él de la formación original. Y por más que Velasco haya jugado un buen partido, el recambio está en otra galaxia. Amén del nombre por nombre y la diferencia entre individualidades, está el trabajo de equipo como tal: rearmar lo que se había logrado es imposible. Se notó con Lanús y con Vélez.

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Es cierto: Boca fue más y mereció ganarlo en los 90. Tuvo un buen rato como para hacerlo, entre el último cuarto de hora del primer tiempo y la primera media hora del segundo. Creó algunas chances muy claras, como la de Belmonte. Pero la caída física fue notable y los reemplazos no estuvieron a la altura, ni siquiera Flores -sorpresivo suplente. Pero sobre todo Valencia, cuyo ingreso por Merentiel solamente está justificado por alguna molestia del uruguayo. O ni eso: la Bestia en una pierna es más que el ecuatoriano, que no parece tener claro adónde llegó. Físicamente está en condiciones deplorables (lento, impreciso) y pateó un penal como un amateur: flojo, anunciado. Este no es el 9 que necesitaba y pide a gritos Arruabarrena, que no está conforme con el mercado, muy a pesar del mensaje del presidente.

Con este panorama, no queda claro si el Vasco puede poner un mix o deberá cambiar todo -para no arriesgar- el sábado en Mendoza y hay que ver quiénes llegan y cómo a la ida contra el San Pablo del martes. Los chicos de la zaga central fueron de lo mejor, una enorme noticia, y en esa zona hay relevos. Pero no hay un grupo para afrontar tres competencias en paralelo y pelearlas con dignidad y chances de ganarlas. Por ahora sigue adelante, cada vez con menos claridad y sufriendo. Pero el margen se achica y las exigencias crecen. Hay poco tiempo para festejar y mucho por corregir. Si no, a prender velas. Pero no hay necesidad de andar mendigando milagros.

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