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Con 16 años, empezó amasando antes de ir al colegio y hoy prepara su tercer local

Marc Míguez creó La Casetta Focaccia, un emprendimiento que empezó en un local de apenas tres metros cuadrados. Después de viralizarse en TikTok, pasó de vender pocas unidades por día a agotar cientos de sandwiches en pocas horas.

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Con 16 años, empezó amasando antes de ir al colegio y hoy prepara su tercer local
Con 16 años, empezó amasando antes de ir al colegio y hoy prepara su tercer local

Resumen para apurados

Antes de ir al colegio, Marc Míguez ya estaba en la cocina de su casa amasando focaccias. Tenía 15 años, un horno eléctrico chico comprado con sus ahorros y un lugar de tres metros cuadrados sobre avenida Callao, en Recoleta, que todavía intentaba hacer funcionar. Al principio vendía una, dos o tres focaccias por día. Meses después, la escena cambió por completo: filas de una cuadra y jornadas en las que agotaba 300 sandwiches en apenas cuatro horas.

Hoy, con 16 años, Marc está al frente de La Casetta Focaccia, una marca gastronómica que ya tiene dos locales abiertos, uno en Recoleta y otro en San Telmo, y prepara una nueva apertura en el Barrio Chino. El proyecto se presenta como "la segunda focaccería más chiquita del mundo" y combina tres claves: espacios mínimos, carta reducida y fuerte presencia en redes sociales.

La relación de Marc con la cocina empezó desde muy chico. A los seis años hizo un curso infantil de gastronomía en Mar del Plata y, poco a poco, empezó a cocinar cada vez más en su casa. Dos años después armó su primer emprendimiento, "El Rulo Creaciones", donde vendía tortas, tartas y empanadas a familiares, amigos y vecinos. "Me gustaba cocinar y también me gustaba generar mi propia plata", contó al medio iProfesional.

A los 12 años se mudó con su familia a Buenos Aires y comenzó a formarse profesionalmente en gastronomía. Mientras cursaba el secundario, también estudiaba en el Instituto Gastronómico Internacional, donde terminó la carrera a los 15 años. En paralelo, escribía ideas de negocios en cuadernos del colegio.

Una de esas ideas era transformar un kiosco de diarios en una focaccería. El proyecto no avanzó por cuestiones de habilitación, pero quedó guardado hasta que apareció una oportunidad: un local diminuto en Callao y Juncal.

La Casetta nació con una lógica simple: vender pocos productos, en espacios chicos y con una operación controlada. Al principio, Marc producía las focaccias en su casa con un horno eléctrico. Mientras él estaba en el colegio, su papá quedaba a cargo del local.

Las primeras semanas fueron difíciles. Había días en los que apenas salía una focaccia. Para mostrar el detrás de escena, Marc empezó a subir videos a TikTok con una serie llamada "Día 1 de 50 hasta que mi focaccería sea un éxito". El primer video alcanzó cerca de 500.000 reproducciones.

El salto definitivo llegó cuando el creador de contenido gastronómico Alan Gold visitó el local y publicó un video. Al día siguiente, La Casetta tenía una fila de una cuadra y solo 30 focaccias preparadas.

Hoy la marca ofrece cuatro variedades de sandwiches, con valores que rondan los $15.000. Cada local, además, tiene una focaccia especial vinculada con el barrio donde funciona: en San Telmo, por ejemplo, incorporaron una versión inspirada en el choripán.

Marc continúa estudiando en el Instituto Argentino de Gastronomía y asegura que el proyecto sigue siendo, sobre todo, una escuela diaria. "Tener un emprendimiento a los 16 años te enseña muchísimo todos los días", resumió.

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