Cómo reconocer señales de enfermedad en gatos mayores
La menor movilidad, las alteraciones en el apetito o las modificaciones en la rutina pueden ser señales de dolor o enfermedad.

Con el aumento de la expectativa de vida de los gatos, también crece la necesidad de acompañar de manera adecuada cada etapa de su desarrollo. En los animales mayores, algunos cambios pueden parecer propios de la edad, aunque en realidad podrían indicar dolor, una enfermedad tratable o la necesidad de modificar el entorno.
Un gato que deja de saltar, evita las escaleras, pasa más tiempo escondido o reduce su actividad no necesariamente está atravesando un envejecimiento normal. La observación cotidiana permite detectar esas variaciones y consultar a tiempo.
Según la organización International Cat Care, la madurez felina comienza alrededor de los 7 años, la etapa sénior desde los 11 y la super sénior a partir de los 15. Estas categorías ayudan a prestar atención a transformaciones que muchas veces aparecen de manera gradual y sin signos evidentes.
Menos movimiento y cambios en la rutina
En los gatos, el dolor puede manifestarse a través de pequeñas modificaciones en sus hábitos. Pueden dejar de subir a ciertos muebles, dormir durante más horas, mostrarse incómodos cuando los levantan o dedicar menos tiempo al aseo.
El veterinario especializado en medicina felina Alexis Jaliquias explicó que la pérdida de movilidad suele atribuirse de forma equivocada al envejecimiento. Según señaló, cuando un gato deja de subir o bajar de determinados lugares, es posible investigar la causa y establecer un tratamiento que mejore su calidad de vida.
La artritis, el dolor articular y otras afecciones pueden dificultar recorridos que antes eran sencillos. También pueden reducir el interés por jugar, complicar el acceso a bandejas sanitarias altas o impedir que el animal llegue a los lugares elevados que solía elegir para descansar.
Para facilitar sus desplazamientos, se pueden incorporar rampas, pequeños escalones, camas acolchadas y bandejas sanitarias de bordes bajos. También es conveniente ubicar la comida y el agua en lugares accesibles. En las viviendas de varias plantas, distribuir esos elementos puede evitar que el gato deba subir y bajar constantemente.
El objetivo es que pueda conservar sus espacios habituales y moverse con la mayor autonomía posible, sin modificar por completo la dinámica de la casa.
Señales que requieren una consulta veterinaria
Algunos cambios deben ser evaluados por un profesional. Entre ellos se encuentran la pérdida de peso, el aumento de la sed, una mayor frecuencia al orinar, problemas digestivos, mal aliento, disminución del apetito o la aparición de bultos.
En los gatos mayores pueden presentarse enfermedades renales, alteraciones hormonales, problemas cardíacos y afecciones oncológicas. Jaliquias indicó que un análisis de sangre y estudios por imágenes, como una ecografía o un ecocardiograma, pueden ayudar a detectarlas o descartarlas.
Los especialistas recomiendan realizar controles veterinarios al menos dos veces por año a partir de los 10 años, aunque la frecuencia y los estudios dependen de la edad, los antecedentes y el estado general de cada animal.
La salud bucal también merece atención. El desgaste dental y las enfermedades de las encías pueden provocar dolor al comer. Si el gato se acerca al plato y se aleja, acepta únicamente alimentos blandos o reduce la cantidad que consume, no necesariamente se trata de una preferencia: podría estar evitando una molestia.
Alteraciones cognitivas y bienestar
El envejecimiento también puede producir cambios en la conducta. Algunos gatos presentan desorientación, ansiedad, insomnio o modificaciones en hábitos que antes tenían incorporados, como encontrar la bandeja sanitaria o el lugar donde está la comida.
Mantener una rutina estable, evitar mover los objetos de uso diario y garantizar un acceso sencillo a los recursos básicos puede ayudarlos a sentirse seguros y reducir el estrés.
El juego también puede mantenerse, siempre que se adapte a las posibilidades del animal. Actividades suaves y breves contribuyen a conservar la movilidad y sostener una rutina activa.
La alimentación debe definirse para cada caso
Durante la vejez, el olfato y el gusto pueden disminuir, mientras que los problemas dentales, digestivos o renales pueden modificar las necesidades nutricionales. Por eso, además de la composición del alimento, adquieren importancia la textura, el aroma, la facilidad para masticar y el aporte de agua.
Existen alimentos formulados para gatos de más de 11 o 15 años, así como opciones húmedas y texturas más blandas para animales con sensibilidad dental o dificultades para comer. Sin embargo, la elección de una dieta, un suplemento o un producto para las articulaciones no debería basarse únicamente en la edad.
El especialista remarcó que primero deben realizarse los controles correspondientes y el examen físico. Con esos resultados, el veterinario puede determinar qué alimentación necesita cada paciente.
También se aconseja ofrecer agua fresca de manera permanente. En algunos casos, las fuentes pueden incentivar el consumo, especialmente en animales que beben poco. Los suplementos con glucosamina, condroitina, EPA, DHA, antioxidantes o fósforo adaptado también deben evaluarse según el diagnóstico y las necesidades individuales.
Adoptar un gato adulto
Para los gatos mayores que llegan a un refugio, la edad puede convertirse en un obstáculo para encontrar una familia. A las posibles necesidades de salud se suman antecedentes de abandono, mudanzas, dificultades económicas o familias que ya no pueden hacerse cargo de ellos.
Patricia Balsideratto, integrante de la Fundación de Gatitos, explicó que consideran mayores a los animales de 7 años en adelante. Según describió, suelen tener una personalidad más definida, rutinas consolidadas y hábitos que facilitan su adaptación.
"Conocer su personalidad, si es cariñoso, sociable y todo lo que descubrimos de ellos no va a cambiar en forma drástica. Ya está formado. La mayoría de estos gatitos son tranquilos, con rutinas muy sencillas y bien marcadas", señaló.
La especialista sostuvo que todavía existen prejuicios sobre la adopción de gatos adultos, como la idea de que no crearán un vínculo con una nueva familia o que les costará adaptarse. Sin embargo, muchos animales logran incorporarse rápidamente cuando encuentran un ambiente previsible, afecto y un espacio propio.
"Es un desafío nuestro derribar los mitos que hay alrededor de ellos porque, en las redes sobre todo, se instala: '¡No, cómo vas a adoptar un gato adulto!', '¡No, no te va a querer, ya pasó por mucho, es un gatito golpeado!'", expresó Balsideratto.
También destacó los cambios que pueden producirse cuando un gato pasa de un refugio a un hogar estable. La incorporación de nuevas rutinas, un lugar cómodo para descansar y el contacto cotidiano con una familia pueden ayudarlo a recuperar la confianza y establecer nuevos vínculos.
Acompañar a un gato mayor requiere observar sus hábitos y no asumir que toda modificación es inevitable. Los controles veterinarios, una dieta definida para cada caso, un hogar accesible y una rutina estable pueden contribuir a mejorar su bienestar. Para los animales que esperan en un refugio, una adopción puede convertirse además en una nueva oportunidad.
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