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"Celebro los goles contra la injusticia": Argentina jugó de visitante en el Fan Fest de Kansas City

Los hinchas fueron minoría frente a miles de personas de distintas nacionalidades. Las sospechas sobre supuestos beneficios arbitrales hacia la Selección alimentaron un clima adverso.

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“Celebro los goles contra la injusticia”: Argentina jugó de visitante en el Fan Fest de Kansas City
“Celebro los goles contra la injusticia”: Argentina jugó de visitante en el Fan Fest de Kansas City

Michael se paró, abrió los brazos, gritó el gol de Suiza y descargó frente a la pantalla una bronca que parecía venir de mucho antes de que la pelota entrara al arco custodiado por el "Dibu" Martínez. Tiene 34 años, nació en Etiopía, vive en Kansas City y no tenía puesta una camiseta roja. No tiene nada que ver con Suiza, pero estaba contento.

"Apoyo a cualquier equipo menos a Argentina", le dijo a LA GACETA. Estaba convencido de que la FIFA ayudaba a la Selección a ganar el Mundial: consideraba injustas varias de las decisiones arbitrales que habían recibido sus rivales. Después del gol del suizo Dan Ndoye volvió a levantarse y celebró con los brazos abiertos: "Estoy festejando los goles contra la injusticia", gritó.

Ese es el clima que se vivió en el FIFA Fan Festival de Kansas City durante los cuartos de final del Mundial. A diferencia del primer partido que la Selección había disputado en esta ciudad, cuando miles de argentinos coparon las calles, los bares y las tribunas, esta vez las camisetas celestes y blancas quedaron dispersas entre estadounidenses, mexicanos, brasileños e hinchas de diferentes nacionalidades. Había argentinos, sí, pero no había una tribuna celeste y blanca.

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La diferencia se notaba incluso antes de que comenzara el partido. A 15 minutos del inicio, las pantallas todavía mostraban el recital de una banda que tocaba en vivo y buena parte del público estaba sentado sobre el césped. No había bombos, no sonaba "Muchachos" ni aparecían esas columnas de hinchas saltando y cantando que acompañaron a la Selección durante buena parte de su recorrido por Estados Unidos.

El Fan Festival de Kansas City funciona en los jardines del National WWI Museum and Memorial, uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad. Bajo una gran estructura cubierta, miles de personas siguieron el partido frente a pantallas gigantes, mientras alrededor funcionaban puestos gastronómicos, activaciones comerciales, espacios recreativos y la tienda oficial de la FIFA. Para quienes no tenían entradas para el estadio, era uno de los principales lugares de encuentro para seguir el Mundial.

El ambiente se parecía más al de un espectáculo internacional que al de una concentración argentina. Había familias sentadas sobre mantas, grupos de amigos con camisetas de selecciones ya eliminadas y aficionados que simplemente habían ido a ver fútbol. Incluso entre quienes vestían la camiseta albiceleste resultaba difícil distinguir a los argentinos de los extranjeros que habían elegido usarla por admiración hacia Lionel Messi.

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Sofía Doune es de Mar del Plata y vive desde hace aproximadamente un año en Saint Louis, donde cursa un doctorado en genética y genómica. Viajó cuatro horas hasta Kansas City acompañada por Adri, una joven cubana, y Tef, nacida en Nueva Jersey pero a quien Sofía presentó entre risas como argentina porque ella misma la había "adoptado".

No fue al estadio porque las entradas eran demasiado caras para su bolsillo: solo hubiera gastado en caso de que salieran 500 dólares. Esperaba encontrar en el Fan Festival otro ambiente. "Yo me esperaba un poco más de argentino, argentino posta, banderazo, cantar. Nosotros a esta hora ya estaríamos cantando, saltando, celebrando, y ellos están muy pacíficos. Se nota que no están por jugar unos cuartos de final de un Mundial. Yo ya estoy temblando", dijo a LA GACETA antes que el partido empiece.

Buena parte de los argentinos que habían llegado a Kansas City estaba a pocos kilómetros de ahí, dentro del estadio. Hasta último momento, algunos hinchas seguían revisando desde sus teléfonos el precio de las entradas disponibles. Los que no habían podido comprarlas se mezclaban en el Fan Festival con un público mayoritariamente extranjero que, a medida que avanzó el partido, comenzó a mostrar con mayor claridad de qué lado estaba.

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Cada avance de Suiza despertaba entusiasmo. Las decisiones arbitrales que podrían ser interpretadas como favorables a Argentina generaban protestas y discusiones, y cuando el equipo europeo hizo el gol, Michael no fue el único que se levantó para festejar. Ahí, los argentinos terminaron de chequear algo que hasta entonces podía intuirse en las camisetas, en los silencios y en la ausencia de canciones: estaban jugando de visitante.

Detrás de ese rechazo estaba la discusión que había ganado espacio durante los últimos días del Mundial. El triunfo argentino frente a Egipto había provocado cuestionamientos por decisiones arbitrales y alimentado entre algunos aficionados la sospecha de que la FIFA tenía interés en mantener a Argentina y, sobre todo, a Messi dentro de la competencia. La percepción se repetió entre hinchas de diferentes nacionalidades consultados por este diario.

Michael habló del partido contra Cabo Verde, recordó la polémica ante Egipto y sumó la expulsión de Breel Embolo, que acababa de ocurrir frente a sus ojos. Para él, las tres situaciones se encuadran en un mismo problema.

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"Es marketing. Messi y Ronaldo son los grandes productos comerciales y tienen que llegar a las finales para que la FIFA gane dinero", dijo.

"En cierta manera, sí la beneficia. No son ecuánimes con los otros equipos. Faltas que son similares, a Argentina se las marcan y a otros equipos no", aseguró. Para Rafael, también hay una razón económica detrás: "Es pura mercadotecnia respecto a Argentina, respecto a Messi. Porque si Argentina queda afuera, se acabó el negocio".

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Rafael viajó desde Nebraska para ver el partido. Hincha de Países Bajos desde niño, consideró que los árbitros no usan el mismo criterio con Argentina y con sus rivales.

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No todos fueron categóricos. Reggie Ooku, hincha de Ghana, dijo que Argentina recibió un "ligero" beneficio en esas jugadas que podían resolverse para cualquiera de los dos lados. "En las decisiones 50-50 siento que Argentina puede ser favorecida algunas veces", explicó.

Reggie puso como ejemplo el partido con Egipto, pero amplió la crítica hacia el arbitraje del Mundial. Según él, Ghana también había sido perjudicada ante Inglaterra por un penal que no fue sancionado. Su cuestionamiento no apuntó solamente a Argentina: dijo que algunas selecciones recibían un trato diferente en los momentos importantes.

Gabriel Casrubios también se mostró convencido de que Argentina recibió ayuda. "Cien por ciento", respondió, y habló del partido contra Egipto y de Messi. Según él, la FIFA quería que el capitán argentino volviera a ser campeón antes de retirarse.

Pese a esto, Gabriel alentó a Argentina. "Porque es Messi", resumió. La misma figura que alimenta las sospechas de algunos extranjeros generaba que uno de ellos quisiera verlo ganar. Messi.

Alejandro Menlik estuvo horas bancándose ese clima: llegó al Fan Festival al mediodía y, según contó a LA GACETA, pasó buena parte de la jornada escuchando provocaciones de quienes querían que Argentina perdiera.

"La pasamos mal. Te bardeaban, rompían los huevos, pero nosotros estuvimos calmados", contó. Hacía 26 años que vive en Estados Unidos, trabaja pintando camiones en Chicago y el día anterior había tomado una decisión impulsiva: subirse al auto con su familia y viajar hasta Kansas City sin tener entradas para el partido.

Los precios estaban fuera de sus posibilidades. "Lo más barato estaba a 800 dólares. Había entradas de 1.500 o 2.000. No podemos", explicó Alejandro, que terminó siguiendo el partido en el Fan Festival junto a Becky, su esposa estadounidense, y sus hijos nacidos en este país.

"Es más argentina que yo", dijo mientras señalaba a Becky. Para Alejandro, transmitirles a sus hijos una pasión que sobrevivió a más de dos décadas lejos del país es una de las razones que explicaban el viaje. "Que sientan lo que yo siento hoy es lo más grande", aseguró.

Cuando Argentina hizo el segundo gol, Alejandro lloró. A pocos metros, algunos hinchas se quedaron en silencio, otros discutieron las decisiones arbitrales y varios empezaban a asumir que el equipo al que habían alentado durante toda la noche podía quedar eliminado. Alejandro buscó a su familia y se abrazó con ellos.

"Que se vuelvan millonarios. Que apuesten por Argentina y ganamos todos", respondió cuando se le consultó por los cuestionamientos de los extranjeros. "¿Esto está arreglado? ¿Llorar así, sufrir así está arreglado?", preguntó.

La Selección acababa de clasificarse a las semifinales del Mundial después de jugar de visitante también fuera del estadio. Pese haber estado fuera 26 años, por unas horas, rodeado de su familia y con los ojos todavía húmedos, Alejandro se había vuelto a sentir en casa.

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