Boca, Superman y una remontada que ya quedó en la historia del fútbol argentino
El Xeneize consiguió en el último minuto lo que mereció desde el primero, con una masterclass del Vasco y un Valencia que se puso la capa de superhéroe y voló una, dos, tres veces para hacer feliz a más de medio país.

El Xeneize consiguió en el último minuto lo que mereció desde el primero, con una masterclass del Vasco y un Valencia que se puso la capa de superhéroe y voló una, dos, tres veces para hacer feliz a más de medio país.
Lo apodan Superman. Se ganó ese sobrenombre en México, durante su primer paso por el Pachuca, por su potencia física y su capacidad de salto al cabecear pese a sus 1,77 metros. Allí metió 18 goles en 25 partidos, nivel que lo llevó rápidamente al West Ham.
Trece años después del nacimiento del apodo de superhéroe, Enner Remberto Valencia Lastra entró al Gigante silbando bajito como Clark Kent y a los 72' se puso la capa para volar una, dos, tres veces en solo 23 minutos y así convertirse en el Superman de Boca, en una jornada que ya quedó en la historia del fútbol argentino.
Si sabrá de remontadas el hombre de Ricaurte, Esmeralda, un pueblo rural de Ecuador, que para comprarse su primer par de botines ordeñó vacas, cosechó y vendió limones, hasta que un cazatalentos lo vio y luego de un paso por el humilde Caribe Junior le llegó la oportunidad en las Inferiores de Emelec, club que le ofreció una cama en su estadio ante la falta de dinero para alquilarse una habitación. Sin desayuno asegurado, se entrenaba siempre y se comía cuando se podía. "Esa experiencia me hizo más maduro, porque tenía que lavarme la ropa y buscar comida para alimentarme", revelaría tiempo después Enner.
Recién a sus 20 le llegó el debut en Primera, de la mano de Sampaoli, y de a poco los goles se fueron multiplicando, como multiplicó los panes en el atarceder rosarino para hacer realidad un milagro en el que Boca, su incondicional hinchada (en las tribunas fue goleada) y su audaz DT nunca dejaron de tener fe.
Porque el equipo de Arruabarrena consiguió en el último minuto lo que mereció desde el primero, tras ser claramente superior a un Racing que tuvo el 27% de posesión y con poco había logrado mucho, pero cometió un pecado mortal: sentirse ganador antes del pitazo final.
El 0-1, otro gol olímpico que recibe Brey y en el mismo arco del de Di María (esta vez con ayuda del viento, que era muchísimo en Arroyito), golpeó pero no desmoronó al Xeneize, que tras un arranque a todo trapo siguió dominando, recuperando alto y arreando a la Academia contra los tres palos defendidos por Cambeses. No llegó el empate antes del entretiempo, pero sobrevolaba la sensación de que jugando así estaba al caer.
Distinto fue el impacto del 0-2, en los albores del segundo tiempo: 15 minutos necesitó Boca para asimilarlo y reorganizar filas, ya con otro 9 (Valencia) por un 10 (Velasco) de malas elecciones en el último tercio y un 11 (Villa) por un 8 (Ascacíbar) de flojo partido. Minutos después el Vasco completó la masterclass con un 10 (Palacios) por un 7 (Flores) que había jugado de mayor a menor. Merentiel, de floja prestación, quedó en cancha por la necesidad de tener doble nueve.
El ecuatoriano fue Palermo, el colombiano tuvo destellos de Guillermo y el chileno tuvo cosas del chileno que fue a buscar Boca hace casi dos años. Conducidos por el fútbol de Paredes (escribo esto de pie), el auxilio de Delgado, las criteriosas trepadas de Lozano y Blanco y la firmeza de Di Lollo-Herrera, el Xeneize emuló el 3-2 de Argentina a Egipto, hasta con quite levantatribunas del 5 definitivo. Fue una épica noventosa la que se consumó, como la de aquella noche de Libertadores ante River: del 1-3 al 4-3 en 21 minutos.
Párrafo aparte para la paciencia que tuvieron los de azul y oro para construir el empate a los 80' y el gol del triunfo a los 95' de 95': pases cortos, atracción de rivales, pases verticales, paredes con minúscula y mayúscula, centros precisos y Superman de 9. ¡Salud, Boca!


