Saltar al contenido
En vivo

Ayudemos a otros, sin olvidarnos de nosotros

Noticias de Jujuy, Argentina y el Mundo. El Tribuno de Jujuy ofrece noticias de último momento, actualidad, deportes, policial, económico, social, política e información de interés general. Informate

5 min
Compartir
Ayudemos a otros, sin olvidarnos de nosotros
Ayudemos a otros, sin olvidarnos de nosotros

Ayudar a otros es, sin duda, una de las expresiones más hermosas de nuestra humanidad. Cuando podemos tender una mano, escuchar sin juzgar, acompañar un dolor, ofrecer una palabra de aliento o simplemente estar presentes para alguien que nos necesita, estamos haciendo mucho más que un gesto amable: estamos construyendo vínculos, generando esperanza y recordándonos que nadie está completamente solo en este camino de la vida.

Sin embargo, hay algo que a veces olvidamos mientras estamos ocupándonos de los demás: nosotros también necesitamos cuidado, atención, descanso, comprensión y amor. Y quizás esta sea una de las grandes enseñanzas que necesitamos aprender: ayudar no significa olvidarnos de nosotros mismos. Muchas veces hemos aprendido que ser buenos, generosos y solidarios implica estar disponibles siempre, resolver problemas ajenos, postergar nuestros deseos y decir que sí aun cuando por dentro estamos cansados, saturados o necesitamos decir que no.

Nos cuesta reconocer que también tenemos límites, que no podemos con todo y que ocuparnos de nosotros no nos convierte en personas egoístas. Al contrario, cuando aprendemos a cuidarnos, nuestra capacidad de acompañar a otros se vuelve más saludable, más genuina y más libre. Porque ayudar desde el agotamiento puede transformarse, sin que nos demos cuenta, en una carga. Entonces aquello que nació desde el amor puede terminar generando cansancio, frustración o incluso resentimiento.

Por eso es importante preguntarnos desde dónde ayudamos. ¿Lo hacemos porque realmente queremos hacerlo o porque sentimos que debemos hacerlo? ¿Ayudamos porque nos nace o porque tenemos miedo de decepcionar? ¿Estamos acompañando al otro o estamos intentando sentirnos necesarios para poder sentir que valemos? Estas preguntas no buscan juzgarnos, sino ayudarnos a conocernos un poco más. El autoconocimiento también consiste en descubrir cuáles son nuestras verdaderas motivaciones, reconocer nuestras necesidades y aprender a escucharnos antes de llegar al límite.

Hay una diferencia enorme entre acompañar y salvar. Acompañar significa caminar junto al otro, ofrecer nuestra presencia, nuestra escucha y, cuando podemos, nuestra ayuda. Salvar, en cambio, puede llevarnos a querer resolver aquello que le corresponde al otro vivir, aprender o decidir. Y cuando intentamos salvar permanentemente a quienes queremos, podemos terminar quitándoles la posibilidad de descubrir sus propios recursos. Podemos ofrecer una mano, pero no podemos caminar por el otro, abrir una puerta, pero no atravesarla en su lugar; escuchar, pero no sentir por el otro; amar profundamente, pero no vivir su vida.

Necesitamos recordar que decir "no puedo" puede ser una respuesta amorosa; decir "hoy necesito descansar" no significa que dejemos de querer; pedir ayuda no nos hace débiles y reconocer que necesitamos ser cuidados también forma parte de nuestra humanidad. Durante mucho tiempo quizás nos enseñaron a valorar a quienes podían con todo, a quienes nunca se quejaban, a quienes estaban disponibles para todos y parecían no necesitar nada. Pero hoy podemos empezar a construir otra mirada: una en la que cuidarnos sea tan importante como cuidar, en la que nuestros límites sean respetados y en la que el amor no se mida por cuánto sacrificamos.

Ayudar a otros desde un lugar saludable también implica preguntarnos si tenemos energía, tiempo y disposición para hacerlo. Algunas veces seremos nosotros quienes demos y otras quienes recibamos. Nadie puede estar siempre fuerte, disponible, y dispuesto a sostener. Todos atravesamos momentos en los que necesitamos que alguien nos diga "estoy acá", que nos escuche sin intentar solucionar nada, que nos abrace o simplemente permanezca cerca. Quizás una de las maneras más lindas de ayudar sea aprender a no invadir, no imponer, no decidir por el otro.

A veces creemos que ayudar es decirle a alguien qué debe hacer, pero quizás esa persona solo necesita ser escuchada. Otras veces pensamos que debemos encontrar respuestas, cuando lo que realmente podemos ofrecer es nuestra presencia. Hay silencios que acompañan más que muchos consejos, abrazos que dicen más que cualquier explicación y miradas que transmiten "no estás solo" sin necesidad de palabras.

También podemos ayudar enseñando a los demás a confiar en sí mismos. Y mientras hacemos todo esto, podemos preguntarnos: ¿cómo estoy yo? ¿Qué necesito? ¿Qué estoy postergando? ¿Qué me haría bien? Son preguntas sencillas, pero profundamente importantes. Porque si nunca nos las hacemos, corremos el riesgo de vivir pendientes de las necesidades ajenas y desconectados de las propias. Y cuando nos desconectamos demasiado tiempo de nosotros mismos, puede aparecer el cansancio, la tristeza, la irritabilidad, la falta de entusiasmo o esa sensación de estar cumpliendo con todo mientras nosotros mismos quedamos para después. No necesitamos llegar a ese punto para empezar a cuidarnos. Podemos hacerlo hoy, con pequeños gestos: descansar cuando lo necesitamos, disfrutar sin culpa, pedir ayuda, poner límites, aprender a delegar, permitirnos decir que no, hacer algo que nos gusta, conversar con alguien que nos haga bien o simplemente regalarnos un momento de silencio.

Cuidarnos no es abandonar a los demás; es recordar que nosotros también formamos parte de ese grupo de personas que merecen nuestra atención. Cuando damos desde la abundancia y no desde el agotamiento, desde la elección y no desde la obligación, desde el amor y no desde la culpa, aquello que ofrecemos tiene otra calidad. No necesitamos convertirnos en imprescindibles para ser importantes. Podemos acompañar sin cargar, amar sin controlar, ayudar sin invadir y estar presentes sin dejar de estar presentes para nosotros mismos.

La vida nos invita constantemente a encontrar ese equilibrio entre dar y recibir, entre estar disponibles para otros y estar disponibles para nuestra propia vida. También nosotros merecemos hablarnos bonito, perdonarnos cuando nos equivocamos y reconocer todo lo que hemos atravesado. Tal vez hoy podamos empezar con algo muy sencillo: antes de preguntarnos a quién podemos ayudar, preguntarnos cómo estamos nosotros. Y si estamos bien, podremos ayudar con alegría. Si estamos cansados, podremos descansar. Si necesitamos apoyo, podremos pedirlo. Si no podemos, podremos decirlo sin culpa. Y si podemos ofrecer una mano, hagámoslo desde el corazón, pero sin soltar la nuestra. Porque ayudar a otros es hermoso, pero aprender a no abandonarnos mientras lo hacemos es también una profunda forma de amor. Namaste. Mariposa Luna Mágica (gotasygotitasjujuy@gmail.com).

Temas de la nota

#provinciales#2026#ayudemos#otros#sin#olvidarnos#nosotros#jujuy
Compartir

Más de Últimas Noticias

Newsletter · Cada mañana

El fútbol del norte,
en tu casilla

Fixture, resultados, pases y la previa de cada fecha. Un mail por día, sin spam.

Te suscribís y podés cancelar cuando quieras.