Argentina-Inglaterra 40 años después: mayor premio, menor venganza, siempre simbólico
El duelo 2026 será por semifinales, una instancia superior a los cuartos de final de 1986. A 44 años de la guerra, no cumple el mismo rol de revancha deportiva del que se jugó en el Azteca, todavía en carne viva por el conflicto. Sin embargo, la rivalidad extra futbolística sigue…

El duelo 2026 será por semifinales, una instancia superior a los cuartos de final de 1986. A 44 años de la guerra, no cumple el mismo rol de revancha deportiva del que se jugó en el Azteca, todavía en carne viva por el conflicto. Sin embargo, la rivalidad extra futbolística sigue vigente como siempre.
No hay 90 minutos iguales y el Argentina-Inglaterra de este miércoles, por las semifinales del Mundial 2026, tienen puntos en común pero también diferentes al de hace 40 años, el mítico 2-1 con los goles de Diego Maradona por los cuartos de final de México 1986, el santo grial del fútbol argentino.
En lo deportivo, el cruce de este miércoles será en una instancia superior: la selección irá por un pasaje a la final por segundo Mundial consecutivo, lo que lo pondría a un paso del bicampeonato, una hazaña que nadie consigue desde el Brasil 1958-1962.
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A su vez, ya a 44 años de la guerra de Malvinas, la carga de revancha o venganza deportiva que ejerció aquel triunfo parece vibrar en una escala menor tras el paso del tiempo. El país -y el fútbol no es ajeno- sigue reclamando la soberanía sobre las islas ilegítimamente ocupadas por los ingleses, pero aquel partido de 1986 se jugó en carne viva, apenas cuatro años después del conflicto bélico.
Lo simbólico, sin embargo, siempre continúa vigente: Brasil es el gran clásico deportivo para la selección pero Inglaterra es un rival que, para la mayoría de los argentinos, va más allá de la pelota. Si el fútbol siempre es más que fútbol, Inglaterra siempre es mucho más que un rival.
El partido de hace 40 años estuvo contaminado por el viento oscuro de la guerra. En los días previos al partido, a la concentración argentina en México llegaron telegramas de soldados que habían combatido en Malvinas. Sus mensajes eran de apoyo: "Nos decían 'Fuerza', 'Demuestren lo que es Argentina', 'Argentina está viva' o 'Somos mejores que ellos'", recuerdan los jugadores. En algunos casos, los telegramas pedían que los jugadores salieran a la cancha con una camiseta blanca en representación de paz y con medias y pantalones negros en señal de luto.
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Los jugadores no podían escaparse de la guerra: algunos podrían haber combatido en Malvinas. La recuperación de las islas había ocurrido en abril de 1982 y los jóvenes que habían terminado el servicio militar el año anterior, los nacidos en 1962, volvieron a los cuarteles y viajaron a las islas. Cuatro titulares ante Inglaterra -Jorge Burruchaga, Héctor Enrique, Sergio Batista, Oscar Ruggeri, uno que entró en el segundo tiempo -Carlos Tapia- y un suplente -Néstor Clausen-, se salvaron de haber hecho el servicio militar en 1981 por número bajo en el sorteo o porque ya jugaban en Primera División. Caso contrario, habrían combatido en Malvinas.
Burruchaga, autor del gol decisivo en la final ante Alemania, nunca lo olvidó: "Cuando llegó la guerra de Malvinas, ya había pasado a Independiente. Un viernes teníamos que jugar con Unión y vino un telegrama: debía presentarme al otro día en el Regimiento de Patricios. Fue el cagazo más grande de mi vida. Llegué y veía que estaba lleno de camiones, de pibes y de padres llorando. El jefe me explicó que era un soldado de la patria y que estaría a disposición. Tuve que volver todos los días. Así varias semanas. ¿Sabés la cantidad de veces que pensé que podía viajar a las Malvinas? Después de la guerra, seguí yendo tres semanas al Regimiento y nos preguntábamos con los otros conscriptos: '¿Te acordás de fulano?, murió'. '¿Y te acordás del otro? También murió'".
En las horas previas al partido, la tensión repiqueteó en los medios de todo el mundo. "El fantasma de las Malvinas tortura a los Che", tituló Esto, de México. El País, de España, anunció: "Inglaterra-Argentina: la guerra de Malvinas en versión futbolística". Liberation, de Francia, publicó: "El equipo inglés avanza como un portaaviones hacia el Atlántico sur a toda máquina". El País, de Uruguay, no se quedó atrás: "Inglaterra prepara el asalto final a las Malvinas". ANSA, la agencia de noticias italiana, se rindió: "El fantasma de las Malvinas es como cualquier otro fantasma. No existe, pero que los hay, los hay".
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Otro diario mexicano, Excélsior, desató un altercado diplomático tres días antes del partido, cuando publicó un aviso: "No se pierda el domingo 22 la segunda versión de la guerra de las Malvinas. En el Azteca, Argentina vs Inglaterra. Venta de entradas de lunes a sábado, Niza 22, primer piso, DF". Los periodistas argentinos se quejaron ante el cónsul argentino y este pataleó ante la Secretaría de Turismo de México, cuyo encargado libró un oficio en el que se intimaba a la agencia de viajes a que se abstuviera de volver a divulgar el aviso.
También en Argentina la guerra llevó su efecto radiactivo a los diarios: los humoristas retrataron a los ingleses como piratas, el estereotipo que colgaba sobre el ejército enemigo cuatro años antes, en pleno conflicto. Lógicamente los periódicos ingleses tampoco se quedaron atrás. "Es una guerra", "México alerta: 5.000 soldados", "Los tanques en la calle", tituló The Sun. Los enviados de medios ingleses entrevistan a hooligans en estado de excitación por las calles del Distrito Federal: "Que traigan a los argies: ya perdieron una guerra y ahora van a perder otra".
Tras ese partido en ebullición, Maradona entró a la inmortalidad y Argentina avanzó a las semifinales, instancia en la que venció a Bélgica. Cuarenta años después, la causa Malvinas sigue muy presente en el fútbol argentino, no sólo en el Mundial 2026: varios estadios o predios deportivos llevan su nombre, las banderas muestran la silueta de las banderas e incluso los jugadores, encabezados por Lionel Messi, las mencionan en sus canciones.
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Lionel Scaloni repitió lo que habían dicho Carlos Bilardo y Maradona antes del partido en México. Hizo lo correcto para intentar descomprimir: que es solo un partido de fútbol. Los argentinos saben que no es así.

