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A los 39, Messi es una emoción

No hay palabras para describirlo, corriendo como un pibe contra tipos mucho más chicos y batiendo récords. Todos se acercan a ver el fenómeno inclasificable.

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A los 39, Messi es una emoción
A los 39, Messi es una emoción

No hay palabras para describirlo, corriendo como un pibe contra tipos mucho más chicos y batiendo récords. Todos se acercan a ver el fenómeno inclasificable.

En términos conceptuales, Messi nos ha dejado sin palabras. No tengo forma de explicar lo que estamos viendo, salvo desde la emoción, ¿no? La emoción me hace sentir que por suerte tengo -voy a ser autorreferencial- una cierta virtud, no muy grande, pero una cierta virtud para transferir muy rápidamente del hincha al tipo que trata de hacer periodismo más o menos coherente.

Entonces termina el partido y uno baja los decibeles, se acomoda, bueno, todo bien, todo tranqui, para no dejarse desbordar. Pero bueno, estando en las tribunas de Dallas, habiendo estado en la tribuna de Kansas con una visión extraordinaria, muy cómoda para poder mirar todo lo que está pasando en la cancha, en el caso del partido con Austria, y encima viéndolo detrás del arco adonde él patea el penal y adonde hace el primer gol, desde una posición de mucho privilegio, es como que te desborda de emoción lo que estás viendo. Ahí se toma conciencia de lo que sí es explicable, que son los números. Que no le explican todo -es casi ridículo e injusto reducir la monstruosidad deportiva de Messi a una serie de números- pero son también elocuentes. Tiene 39 años, el rival directo en este Mundial en cuanto a los goles es Mbappé (el más "veterano" de los dos, el otro es Haaland) que tiene 27. O sea que da 12 años de ventaja a partir de hoy, del cumple número 39.

Más de 22 años jugando casi un partido por semana, ¿entendemos? Casi un partido por semana, hizo más de 90 goles en una temporada, ni que hablar de los goles y las asistencias totales, más los títulos ganados: mucho antes de la primera Copa América, él ya tenía todos los títulos posibles con Barcelona, y ya había ganado un Mundial juvenil y los Juegos Olímpicos de 2008 por Argentina.

En Dallas no hicimos un censo, pero me animo a decir que un alto porcentaje de la gente que estaba en la cancha con camiseta argentina o con la camiseta de Lionel no era argentina, o eran argentinos que hace muchos años viven en Estados Unidos o en México o donde sea, que se acercaban a ver el fenómeno. Y no sólo eso: los argentinos exiliados es como que se aferraban al tango para matar la nostalgia, llegaban a ver cómo te representa un tipo extremadamente normal fuera de la cancha.

Y los prejuicios, bueno. Los prejuicios... Que cuando llegó a Inter de Miami estaba retirándose, que que no iba a llegar al Mundial... Y en realidad, cuando terminás viéndolo jugar como un nene, como un pibe, como cuando jugaba en La Masía, con todo el entusiasmo del mundo para un equipo en una liga que es marginal para lo que son las primeras líneas de su historia pensando en Barcelona, en PSG y en que hubiera podido jugar donde fuera -creo que le faltó la Premier- lo que se nota es que él estaba preparándose para jugar este Mundial. ¿Desde qué otro lugar? Desde el lugar del padre, del marido, del tipo que puede ir al supermercado o a un restaurante o a ver a sus hijos jugar a la pelota sin que eso implique un desborde permanente. Pero ahora, con lo que está haciendo en Estados Unidos, creo que eso ya se terminó. Le va a costar un montón volver a andar por la calle con tranquilidad aquí también.

El tipo, sin avisar, estaba preparándose para esto. Hay que tener dimensión de lo que está ocurriendo y vuelvo a los números: cinco goles de Argentina, los cinco de él, ¿es una novedad? Sí, pero hasta un punto. ¿Quién hubiera imaginado algo así? Un tipo que hizo goles en ocho de los últimos nueve partidos argentinos en mundiales y todavía falta Jordania, que yo tengo mis dudas de que no vaya a jugar al menos un rato. Estamos hablando de alguien que pateó 13 de los 22 tiros de Argentina al arco, alguien que además disfruta de un equipo que no necesita que él arme todo -aunque él lo haga muchas veces- sino que puede jugar para la definición. Contra Austria, en el primer gol, hay cuatro compañeros suyos que llegan al área antes que él, que le arrastran la marca, viene la gran jugada de Medina que lo ve muy atrás y la juega para él, y de Almada, que la deja pasar para que él patee.

Da mucho orgullo y abre puertas. Es como que hasta la gente que controla los estadios nos mira con cara distinta a los periodistas argentinos, al menos a los de TyC Sports. Y es por Messi, porque Messi genera tanto encanto, tanta fascinación incluso a gente que desconoce la historia del fútbol, o la forma del juego, que impacta muy fuerte. Hay otro argentino que impacta también, que es Mauricio Pochettino con su Estados Unidos y es lógico. Pero lo de Lionel Messi está por fuera de toda dimensión. Extraterrestre, demencial, incalificable. Pónganle la palabra que quieran y no va a alcanzar. No va a alcanzar, me animo a decir, la historia del deporte.

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